La Generación 'Y' ganó al Eje 16

O Cais das Colunas

José Luis Lucas.

(Politólogo y periodista)

16 de enero de 2026 a las 00:00h

El 16 constituye un número mágico para la evolución de mi familia. Jamás podré protagonizar una película de ocho apellidos españoles porque tengo uno portugués -y de Lisboa (Almeida)- y mis descendientes (hijo y sobrinos) portarán en su vida un dieciseisavo de esa sangre lisboeta hasta que fallezcan. Formo parte de una familia plural, la que se aplicó el artículo 16 de la Constitución con hechos diarios -la libertad religiosa y de culto- sin más limites en sus manifestaciones que el orden público, sabiendo que en este Estado aconfesional ninguna religión tiene carácter oficial, aunque mantenga relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás creencias. Tengo vástagos educados en cooperativas laicas, colegios religiosos y públicos -porque aún no están bautizados- y nadie ha blandido un fusil M16 para asaltar e imponer las creencias al otro. Lo que viene a ser una familia normal en la España democrática, que jamás ha llamado al 016.

Pero el 16 se convirtió en Eje Transeuropeo de Comunicaciones a principios de este siglo porque pretendió unir a la península desde una propuesta del sur, que confluiría en Madrid los puertos de Sines (Portugal) y Algeciras (Cádiz) para atravesar la frontera francesa en el Pirineo Central por Somport, utilizando la antigua estación alfonsina de Canfranc que se inauguró en 1928. Ése era el lugar por donde los judíos huidos del holocausto pasaban al otro lado, como el oro a Suiza, el wolframio de la faja ferro-pirítica rayana e hispano-lusa a la industria de la Werhmacht y las obras de arte robadas. Para ello, franceses y españoles tendrían que haber perforado cientos de metros en la roca y abrir así una moderna vía electrificada de ancho europeo, algo que soñó Napoleón en su mapa imperial, y desechó hasta el III Reich el día que a Hitler le presentaron los costes de tal obra faraónica. En 1970, el gobierno francés decidió cerrar definitivamente esa línea, después de que descarrilara un convoy de mercancías y se derrumbará el puente de L’Stanguet. Y ante las presiones del gobierno de Aragón, porque Canfranc enlaza con Pau por vía electrificada para que igualmente se extendiera a Zaragoza, Toulouse y París, el departamento de Fomento francés ha advertido que, si bien no tiene previsto llegar desde Aquitania a Hendaya-Irún hasta 2042, la posibilidad de horadar el macizo central pirenaico para ensanchar una tercera vía, junto a la ya operativa de Burdeos-Barcelona, se antoja si no imposible, al menos aún más lejana.

El 15 de abril de 2021 se inauguró una nueva estación de pasajeros, con el hotel de lujo donde le gustaba a Alfonso XIII huir con sus amantes, rehabilitada y una línea de media distancia. Siempre pensé que este recurso del Eje Central, o Eje 16, fue siempre una artimaña de la política interior española. Igual que la promesa a principios de siglo de que el AVE uniría Lisboa y Madrid en dos horas y 45 minutos, llevada a un Acuerdo bilateral en Figueira da Foz entre Aznar y Cavaco Silva en 2003, para así presionar a la sociedad vasca, y al separatismo violento en particular, de que España podría disponer de otra doble vía de conexión para las mercancías y pasajeros sin pasar por Euskadi, y convertir Zaragoza igualmente en el nexo de una Y. Acostada sobre la piel de toro. Manca, eso sí. O al menos, sin el brazo diestro extendido, si acaso levantado como un árbitro marcando un golpe franco. O convertirla en “i” latina, doblemente tullida, si entonces el Tripartito de Pasqual Maragall, Ribó y Carod Rovira no se plegaba al Estado por la siniestra.

La “Y” griega es la vigésimosexta letra del alfabeto español y la vigésimo quinta del latino. Es una palabra femenina y su grafía refleja como un cuerpo con los brazos extendidos para acogerte en una bienvenida, como esa estatua que en Badajoz han dispuesto para recibir al vecino portugués, con arte y oficio, al dar la vuelta alrededor de la primera rotonda de entrada a la ciudad, adonde llega desde Lisboa por la A-2 y la A-6 (que en España se convierte en A-5) como el número 25 que ocupa la Ipsilón en el alfabeto originario y común para el español y el portugués, ese 25 que en un abril floreció. La autovía A-2 une Lisboa con Faro, hacia el sur, por Alcácer do Sal. Cerca de Vendas Novas y Montemoro Novo, se bifurca con la A-6 que te lleva a Évora, a Estremoz y Caia. La A-5 española cruza en diagonal la región desde Badajoz a Madrid, por Trujillo, que enlaza con Cáceres y Plasencia por la A-58 en 45 kms. Te obliga a combinar bien los números, como el día que eliges el número del billete de lotería. Si compraras en Portugal una terminación 25 como su autovía, te vas de Aveiro a Villar de Formoso y Fuentes de Oñoro (Zamora); y si combinas una extremeña, la Ex-1 con la española A-5, te une Coria-Plasencia-Navalmoral con Madrid y Badajoz por Trujillo, es decir al final la Ex-1 con la A-6 portuguesa, que era la manera más lógica en Extremadura de comprender y aprobar este Eje 16 para que ningún extremeño se quedara atrás, sin pagar peaje. Desde luego, si alguien la llevara a Castelo Branco convirtiendo los 18 kilómetros en autovía desde Moraleja, y forzara al gobierno luso a reconvertir igualmente los 42 kilómetros de la IP2 en autovía hasta que conectara con la A-23 lusa, la del Tejo o Beira Baixa, se condenaba a que ningún vehículo, ligero o pesado, pasara por Cáceres, Mérida o Badajoz (y sus espacios para la logística) para llegar de Madrid a Lisboa, o viceversa: ¡A ver quién gana las elecciones así!

Eso forjó el espíritu de cohesión con el que acordaron -después de tan inesperado anuncio del Presidente Aznar en 2003- los cuatro alcaldes de las ciudades extremeñas (Badajoz, Mérida, Cáceres y Plasencia) con Rodríguez Ibarra el diseño de una Z invertida, la vigésimo séptima y última letra en el alfabeto español, para el trazado de la Alta Velocidad ferroviaria en Extremadura, y no dejar a nadie atrás. De esto puede dar fe no sólo el propio ex-Presidente extremeño, sino el ex-alcalde de Mérida, Pedro Acedo, y quien fue el Delegado gubernativo en Extremadura, Óscar Baselga. Y aquello enterraba viejos desencuentros regionales, como que el ferrocarril pasara por Valencia de Alcántara desde Lisboa para compensar el desagravio con que se aprobó la primera línea a Madrid, por Almorchón y Ciudad Real en el siglo XIX, ignorando a la provincia de Cáceres, al mismo tiempo que se disponía la construcción de una autovía autonómica, que circunda Don Benito, Villanueva (EX-A2) para unir el oeste con Madrid y Lisboa desde Miajadas.

La Generación Z prefiere la tranquilidad, el tiempo libre, al ascenso en el trabajo. Nada tiene que ver con los nacidos entre 1965 y 1981 -como yo- la Generación X donde conseguir un puesto de trabajo se había convertido en el mayor reto vital, aunque te llevara a la adicción “workaholic” y al individualismo. Aquello, como el Hombre de Vitrubio -que dibujó Leonardo da Vinci en una X laica frente a la crucifixión de San Andrés- se lograba, o morías por gónadas, tan central en esa figura renacentista como el Kilómetro Cero en Madrid para tejer la España definitivamente radial. Los Z incluyen también un alto nivel de autonomía para aprender por cuenta propia aunque les da más por los cambios y la creatividad. Unos disfrutones, ya sea el campo o la playa. Esos Zoomers, o Centennials, llevan Internet en el ADN. Se relacionan, socializan, se educan en y con las nuevas tecnologías; y para esos postmillenials, les vale más la última tendencia que suba a la red un Youtuber que el Presidente del Gobierno, al tiempo que dan voz y se implican más en cuestiones sociales que sus antecesores, la Generación Y.

A los Y les han conocido también como Nativos Digitales, los nacidos entre 1982 y 1994, donde -aunque la tecnología y On Off están integrados completamente en su vida- las crisis económicas les exigió tanta preparación como tanto tiempo han alargado su incorporación al mundo laboral porque la ambición, un cierto ritmo perezoso y consentido por los progenitores, les ha convertido en algo narcisistas con respecto a sus padres. La Generación del Yo-Yo-Yo les dijeron en 2014 porque tan seguro sentían que alcanzarían las metas, como poca prisa tenían para llegar a ellas.

De Madrid a Lisboa

Así, esto de Internet ha universalizado más a la Generación de nuevos españoles y portugueses que las treinta y cinco Cumbres/Cimeiras Hispano-lusas que se han celebrado en democracia, la última de ella en Faro, aguardando aún que la Z invertida se extienda -que ya se pasaba de tanta lentitud- a Madrid y Lisboa. A Antonio Salazar no le gustaba dormir fuera de casa. Las seis veces que se entrevistó con Franco -para concordar que el comunismo era origen de todos los males- eligió ciudades próximas a la frontera, siguiendo una línea palalela a la raya que tanto nos dividía: Sevilla, Mérida -en dos ocasiones- Ciudad Rodrigo y el pazo de Meirás en Galicia, países con Las espaldas vueltas / As costas voltadas. Llegó en el Dodge negro al Parador de la capital extremeña para hablar con Franco de Humberto Delgado. Así se diseñó también al principio el gasoducto, de Faro a Lisboa y Oporto. Sólo la presencia de una industria multinacional como Cafés Delta en Campomaior obligó a las autoridades lusas a traer el ramal hasta ahí y aceptar la conexión con España por Badajoz, el arma secreta de los gobiernos de Sánchez y Antonio Costa en 2022 para imponer el Pacto Ibérico a la Comisión Europea. Tan enraizada estaba esa separación siguiendo la Ruta de la Plata, que hasta el Consejo Económico Social Interprovincial en 1974 cerraba con Cáceres, Badajoz y Huelva la urgencia de convertir la N-435 en la vía prioritaria. Tanta obsesión por conectar el puerto onubense con Mérida y Sevilla-Gijón, que aún desde ahí se propuso una región tripartirta, con Huelva como puerto extremeño al Atlántico. La conexión eléctrica desde Extremadura lleva años con líneas de 400 Kv por las presas de Cedillo y Brovales, y de 100Kv por Badajoz, sólo hasta Elvas.

El General Franco sí visitó Lisboa, al contrario que Salazar que jamás pisó Madrid. Llegó en barco hasta el Muelle de las Columnas, el 22 de octubre de 1949, ya sin el embajador británico en la ciudad. Aludió vacaciones a Londres. La línea Madrid-Lisboa la habían inaugurado Alfonso XII y el Rey Luis I de Bragança en 1881, pero Franco eligió Vigo para embarcarse en el crucero Miguel de Cervantes mientras, su esposa, Carmen Polo, sí realizaba el trayecto en tren. Se alojaron en el palacio de Queluz. Visitaron Mafra, Coimbra, el santuario de Fátima, hasta Batalha, la ciudad que se engrandece por haber derrotado a Castilla en la batalla de Aljubarrota. A Franco le preocupaba la reciente residencia de don Juan de Borbón en la Villa Giralda de Estoril, y le pidió a Salazar que le vigilara, antes de fijar un calendario de cacerías con el general Fragoso de Carmona.

Últimamente, la red se inundó con fotografías de gente en tren: unos denunciando alguna avería, el enésimo retraso; un trasvase de viajeros, arrastrando maletas; o la rapidez en algún trayecto corto, ya electrificado. Hubo una candidata que hasta se dejó fotografiar en él, con mascarilla, un enchufe macho en la mano derecha con un cable buscando la hembra por donde cargar el móvil verde agua, del color de los pijamas del SES, sostenido en la izquierda. Hay quien creyó que era tan tontita que desconocía que estaba debajo del asiento. Y ahora, el Community Manager de la Generación Z tantos meses tardó en comprender que ella sólo era una mujer de la Generación X buscando votos en su generación y la Generación Y, que estas luces le están demostrando que aquello fue un truco de magia cibernética para elevarle el nivel de conocimiento político entre los miles de consumidores de información en Internet. Al fin y al cabo, la única diferencia entre trenes del pasado o del futuro pasa por la fuente de energía.

Y a Extremadura, eterna productora, unos y otros la han dejado la última a la hora de electrificar las vías del tren y el futuro: Por si el AVE Madrid-Lisboa pasaba por Salamanca o Zamora, Pastor. O por si sólo volaba el dron desde Talavera a Sevilla para observar así este mar de espejos, Jordi. Ya no habrá jamás jaque mate, ni jaque Ana Pastor en eso. Aunque lleve el Passat cada año a la ITV desde 2016, y así siga otros dieciséis o dieciocho más.

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