Gallardo acierta

Al Paso

valbuena ok bn
10 de junio de 2026 a las 11:07h
Actualizado: 10 de junio de 2026 a las 11:07h

Lo cierto y verdad es que los enchufes no suelen dar para tanto. ¡Qué mala suerte!, pensará alguno de los atropellados por semejante mal fario. Aquí los enchufes se toleran como parte de la grasa que hace que la maquinaria funcione. Al menos desde que tengo ojos en la cara. Que no digo yo que esté bien lo que está mal, que solo digo que se ha tolerado y que aquí siempre se ha dicho, mirando al tendido, que al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Tan verdad como que moralmente es una cochinada propia de cochinos. No se me entienda mal, que todos tenemos algo de cochinos, al menos un minuto tonto. Que de no ser santo he de ser pecador. Cochinos. Cochinadas. En palacio. En Diputación.

 En estas estábamos cuando alguien se atrevió a decir en voz alta que el rey va desnudo. Uno, uno que no tiene por qué ser mejor ni peor que nadie. Uno que acabó siendo un porroncito. Si no llega a ser por las acusaciones populares seguiríamos jurando en arameo por los bares, escarnecidos, sin otro recurso que la pataleta. Y menos mal que nos quedan las acusaciones populares porque, en el caso que nos atañe, la fiscalía se ha comportado a modo de capón. En este juicio nos ha faltado uno de los pilares en los que se asienta la administración de justicia; la fiscalía, cobardemente, se ha sumado a los bomberos del ordeno y mando. Una pena. No ha hecho ni faena de aliño. Se ha escurrido por el sumidero. Pero no quería hablar de la espantá de la fiscalía, más bien de lo inmoral y lo delictivo al hilo de las últimas palabras del principal acusado.

 Acierta Gallardo. No va desencaminado. Efectivamente. Ya ha sido condenado. Ya han sido condenados. Justamente condenados. No por el tribunal, sino por el conjunto de los ciudadanos. Condena social, dice. Y acierta. Cualquiera -salvo que sea malo o lelo- considera que todo lo que se juzga es moralmente condenable. Inmoral. Dicho a las bravas, un mal ejemplo para los niños. Sin más. Tras mil años de trapicheos a escondidas ha bastado un solo resbalón para ser condenados a la luz del día. Acierta. Quebrar principios éticos generalmente compartidos lleva aparejado el rechazo social. Ahora lo que nos queda por ver es si quebrar esos principios de manera tan reiterada, tan contumaz, con tanto daño para las arcas públicas lleva también aparejada la sanción jurídica prevenida por el derecho penal. La condena de la inmoralidad de los actos es algo que queda al albur de la justicia popular, en cambio la pena, la sanción formal atiende a ciertos rigores. Los jueces deberán valorar -en este caso como en cualquier otro- si los actos juzgados encajan en los tipos previstos por el orden penal. En si se han violado los principios que rigen los procedimientos administrativos, en si se han conculcado los derechos de los candidatos preteridos, en si se han causado mermas a las arcas públicas… y en si todo ello tiene prevista sanción penal. En cualquier caso, es evidente que, como dice el acusado, ya han sido condenados. Pero fuera de sala, ahora lo que se ventila es la otra condena, la penal. La faena está hecha. Que la estocada no caiga baja. Silencio… el juez se perfila.

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Fernando Valbuena
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