Extremadura envejece. ¿Reaccionamos?

Extremadamente Social

José González Corrales.
02 de octubre de 2026 a las 08:59h
Actualizado: 02 de octubre de 2026 a las 08:59h

La Junta de Extremadura presentó oficialmente la Estrategia Extremeña de Envejecimiento y Longevidad (EEEL) 2026-2030, coincidiendo con el Día Internacional de las Personas Mayores, una iniciativa que orientará las políticas públicas destinadas a afrontar los retos y oportunidades de una sociedad cada vez más longeva.

Diez años caben en la vida de cualquiera. Quienes hoy tienen hijos pequeños los verán convertirse en adolescentes. Muchas personas que están trabajando se habrán jubilado. Y nuestros pueblos seguirán siendo nuestros pueblos, pero cambiarán las personas que los habitan, sus necesidades y su manera de vivir.

Según las proyecciones del INE, entre 2026 y 2036 España ganaría aproximadamente 3,5 millones de habitantes, mientras Extremadura perdería unos 28.200, un 2,7 % de su población. En ese mismo periodo, las personas de 65 años o más pasarían de representar el 23,5 % de la población extremeña al 30,2 %. Aproximadamente tres de cada diez habitantes. Son proyecciones, no un destino escrito, pero señalan una dirección que merece nuestra atención.

Detrás de estos datos hay preguntas muy concretas. ¿Quién continuará un negocio cuando se jubile su propietario? ¿Cómo llegará al centro de salud una persona que ya no pueda conducir? ¿Qué necesitará una familia para quedarse en su localidad? ¿Dónde vivirán las personas mayores? ¿Dónde podrá encontrarse con otras personas alguien que vive solo? ¿Qué actividades podrá realizar una persona jubilada en el entorno rural extremeño?

El cambio afectará a todas las edades. Menos niños puede significar más dificultades para mantener una escuela. Menos jóvenes puede reducir el relevo en empresas, explotaciones agrarias y asociaciones. Más personas mayores requerirá adaptar servicios, viviendas y espacios públicos. Todo está relacionado: las posibilidades de quedarse de unos dependen también de las condiciones de vida de los demás.

En la Extremadura rural, teniendo en cuenta que más de la mitad de los municipios extremeños tiene menos de mil habitantes, estas cuestiones tendrán especial importancia. No todos los municipios evolucionarán igual, pero allí donde la población disminuya y esté más dispersa será más difícil sostener servicios cercanos.

También cambiará el perfil de los nuevos jubilados, que pertenecerán a generaciones con mayor formación, destreza tecnológica y diversidad profesional. Tras jubilarse, muchos querrán viajar, hacer deporte, aprender o desarrollar por fin proyectos pendientes; otros asumirán tareas de cuidado, mientras que algunos necesitarán apoyo y compañía. En definitiva, nos espera un abanico de escenarios radicalmente nuevo y heterogéneo, inédito en anteriores generaciones.

No habrá una única manera de vivir la jubilación. Por eso debemos escuchar antes de programar. Una persona puede querer estudiar idiomas; otra, aprender a manejar sus trámites digitales; otra, compartir sus conocimientos; otra, trabajar un huerto; y otra, disponer de transporte para salir de casa. Cumplir la misma edad no significa necesitar lo mismo.

Con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, distintas organizaciones han reclamado adaptar las políticas públicas a la longevidad y reforzar los cuidados, la autonomía y la atención a la soledad no deseada. Son demandas que conviene trasladar a nuestra realidad cotidiana.

Vivir más años es una conquista. La responsabilidad colectiva consiste en hacer que esos años puedan vivirse con dignidad, relaciones y capacidad de decisión. Eso exige cuidados suficientes cuando sean necesarios y oportunidades para seguir formando parte de la comunidad.

Los ayuntamientos con sus servicios públicos, los Centros de Mayores, las Universidades Populares y el tejido asociativo tienen mucho que aportar. Pueden facilitar aprendizaje, encuentros entre generaciones y espacios donde las personas decidan qué quieren hacer. Pero su trabajo necesita recursos, coordinación y continuidad. Las familias y el voluntariado no pueden asumir por sí solos todas las necesidades.

Conviene empezar por quienes hoy tienen entre 55 y 65 años. Preguntarles cómo imaginan su jubilación, qué les preocupa y qué necesitarían para seguir viviendo donde desean. Y escuchar también a jóvenes, familias y personas que ya necesitan apoyos.

¿Una oportunidad, un reto o un riesgo? Dependerá de las decisiones que tomemos. La Extremadura de 2036 se está construyendo ahora. Diez años parecen mucho, hasta que pensamos en todo lo que necesitamos poner en marcha.

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