Entre zambombas, agoreros y panderos

Desde mi atalaya

rafa Angulo

(Periodista)

02 de enero de 2026 a las 19:16h
Actualizado: 06 de enero de 2026 a las 10:57h

Este año mis sobrinos y nietos han cambiado la sintonía navideña, “El burrito sabanero”, por la más bailable de “Entre zambombas, palillos y panderos”, ese peculiar villancico que se desarrolla entre “un mundo de gitanos buenos” que cantan y bailan la alegría de que ha nacido “Dió” con una gestualidad inimitable. Tendrían que vernos ejecutando la actuación alrededor de una lumbre ardiente, entre sabañones, orujo y panderos calientes; eso si que es viral. Pero me alegra esa manera de expresar “Feliz Navidad”, máxime cuando algunos estrafalarios, esperpénticos y ridículos personajes muestran su aversión a la Navidad, allá ellos, pregonando una cierta “militancia antinavideña”, un impulso izquierdoso para subrayar públicamente la antipatía por el Nacimiento del Niño Dios y por lo que lo rodea (entre el Grinch que robó la Navidad y el señor Srooges, vaya). A mí, plim, eso me importa ná y menos, por mucho eco que les hagan desde la prensa “global”, parlamentarios y presidentes de gobierno (des-gobierno). La Navidad es luz, también para algunos ayuntamientos, en pugna por quién pone más bombillas, para algunos, alegría, felicitaciones, villancicos, para otros, mosqueo, pero el hecho de que Jesús nació en Belén, eso va a Misa (empezando por la del Gallo, se pongan como se pongan). No se puede reducir a jolgorio y luz artificial. Y además la Navidad es la infancia, la nuestra y la de nuestros nietos…tocándose el pandero. Y Belenes, polvorones y roscón. La Navidad es un hecho histórico trascendente, por los siglos de los siglos.  Se va un siglo, viene otro, y las Navidades seguirán aquí. Comprendo que no a todo el mundo le siente bien la Navidad (preámbulo de bajar peso) y cómo no se atreven a la confrontación directa, no hemos llegado a eso, todavía, van pregonando “Felices fiestas”, algo que, por cierto, no se atreven con otras religiones. Y que no falte el solsticio de invierno, por favor, bandera de esa pseudo religión laica.

Digo que la Navidad no se la cargan ni los que envían multi wasap a todos sus grupos con una genérica felicitación sin destinatario ni nombre. Claro, se tarda mucho en ir nombrando uno por uno a quienes felicitas. A mi me parece un incumplimiento (cumplo y miento) y, a esos, no respondo. Por mucho que sea mayoritario. Yo pongo nombre y,a algunos, apellidos. No hay nada como una felicitación personal bautizada como futuro prometedor. Pero aquí no se baja del burro nadie (el burrito de Belén) y siguen erre que erre enviando esos sucedáneos anónimos. Que fuesen y no hubo nada. Y es que a veces no reparamos en la importancia de las palabras; decir algo es hacer algo, desear algo; las palabras no tienen huesos, pero los rompen; una palabra puede hacer más daño que el cuchillo más afilado; alivia más que la mejor de las cataplasmas (¡uy, qué antiguo me ha quedado esto!). Hay palabras en Navidad que conllevan indulgencias plenarias y, si te pillan confesao, mejor. Así que ¡Feliz Navidad!

Y, si estas palabras llegan hasta ustedes (lo difícil no es escribir, lo difícil es que te lean), pido al Niño Dios que nació en Belén que nos ayude a sonreír en el 2026.

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Rafael Angulo

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