Las encuestas del CIS no se las cree nadie, pero asustan un montón. Mira que si después de liarla a lo grande, adelantando elecciones, nos quedamos igual o peor. La sombra del miedo anda rondando las cabezas del bipartidismo, a los dos grandes, al PP y PSOE, ante el anunciado ascenso de los más pequeños: Vox y Podemos (o Unidas por Extremadura, como se denomina aquí a la coalición de izquierdas que se ha configurado en torno a Irene De Miguel).
El bipartidismo entró en crisis hace años con el auge de Podemos y Ciudadanos, partidos nacidos para romper moldes y ofrecer una política diferente, alejada de la tan manida “casta”. Pero aquel impulso inicial se disipó, acompañado por la caída de sus dos grandes líderes, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Con el tiempo, el protagonismo ha pasado a Vox, que continúa creciendo sin freno a rebufo de su fuerza nacional. En Extremadura, la marca no necesita rostro: su líder regional, Óscar Fernández —recién impuesto tras la salida de Ángel Gordillo Pelayo Moreno—, es prácticamente un desconocido. Frente a la notoriedad de Guardiola (PP), Gallardo (PSOE) o incluso De Miguel (Unidas), Vox confía únicamente en el arrastre de Madrid, como si Extremadura fuera solo una estación en el camino hacia la Moncloa.
La situación es muy distinta para Unidas. En este caso, Podemos se ha aliado con Izquierda Unida, histórico referente de la izquierda en ámbito rural extremeño. Su base social ha resistido firme desde los orígenes de la autonomía, y De Miguel ha sabido canalizar ese respaldo hacia sus objetivos: dejar las grandes ciudades para otros y concentrarse allí donde cosechar votos es más seguro.
Con todo, cuesta tomarse muy en serio al CIS, sobre todo desde que está bajo la batuta de Tezanos. Sus estimaciones distan mucho de los datos internos que manejan los partidos. Aun así, sí marcan una tendencia: hay movimientos al alza y a la baja que se empiezan a percibir por todas partes. Pero no olvidemos que las encuestas son solo eso, sondeos, fotografías de un momento concreto. Luego llega la realidad de las urnas, y ahí puede suceder absolutamente cualquier cosa. Que se lo digan al PSOE en mayo de 2023: le auguraban 30 o 31 diputados y un gobierno en minoría con el apoyo puntual de Podemos, y terminó empatando con el PP a 28 y se fue directo a la oposición.
Además, estas elecciones del 21D presentan particularidades nada menores y totalmente nuevas en Extremadura: son comicios adelantados, sin municipales que tiren del voto y a apenas tres días de Nochebuena. En un contexto así, todo dependerá del nivel de movilización que logre cada partido. Porque ya se sabe: las elecciones las carga el diablo… y luego dispara la ciudadanía. Hoy, más que nunca, nadie puede cantar victoria antes de tiempo.
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