La encerrona electoral de 2027

La Trastienda

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06 de septiembre de 2026 a las 10:49h
Actualizado: 06 de septiembre de 2026 a las 10:49h

En Extremadura, el 8 de septiembre no solo marca el Día de la Comunidad. Tradicionalmente es también la frontera que abre un nuevo curso político que se prolongará hasta el verano. Y esta vez los partidos arrancan con los motores ya en marcha, porque al otro lado asoma 2027, con municipales y generales en el horizonte.

Hay años electorales y luego está lo que nos espera en 2027. Una política nacional convertida en pelea permanente y un votante al que quizá le resulte más fácil saber contra quién vota que a quién quiere votar.

Porque las elecciones se han convertido cada vez más en un gigantesco ejercicio de rechazo. Se vota contra Sánchez, contra Feijóo, contra Vox, contra los socios del Gobierno o contra todos a la vez. Y en medio queda el alcalde de turno, que puede haber gestionado razonablemente bien durante cuatro años y descubrir una noche de mayo que sus vecinos estaban votando sobre lo que ocurre a cientos de kilómetros de su ayuntamiento.

La coctelera de 2027 tiene todos los ingredientes para resultar diabólica. Está Sánchez y todo lo que rodea al sanchismo: escándalos por doquier, protagonistas que han terminado en prisión, una legislatura instalada en el sobresalto y ahora Ceuta, un problema nacional que, como dijo el propio Sánchez, comenzó siendo una invasión y, como se encargó de matizar más tarde, ha acabado convertido en una crisis migratoria, sin que el Gobierno ni nadie haya podido explicar qué ocurrió realmente y por qué se gestionó tan sumamente mal.

Algunos alcaldes socialistas pueden terminar pagando una factura que no han generado ellos

Ese desgaste entrará inevitablemente en los ayuntamientos. Algunos alcaldes socialistas pueden terminar pagando una factura que no han generado ellos. Pero también forma parte del riesgo de pertenecer a unas siglas: la marca ayuda cuando sopla viento a favor y castiga cuando llega la tormenta.

Mientras tanto, Vox espera al acecho en muchos consistorios. Y tiene una ventaja: si necesita pareja, sabe dónde encontrarla. El PP es prácticamente su única posibilidad y Vox puede convertirse, a su vez, en la única alternativa del PP para alcanzar determinadas alcaldías. Matrimonio de conveniencia, sí, pero matrimonio al fin y al cabo.

El PSOE está bastante más solo. Podemos, Izquierda Unida o las distintas fórmulas a su izquierda no están para demasiadas fiestas y la aritmética puede convertirse en otro enemigo.

Así llegará el ciudadano a 2027: puede querer a su alcalde y estar harto de Sánchez; querer echar a Sánchez y no entusiasmarle Vox; votar al PP y descubrir después que necesita a Abascal; o seguir siendo socialista y considerar que su partido lleva demasiado tiempo pidiéndole que se tape la nariz cuando mete la papeleta en la urna.

Después de años de escándalos, investigaciones, cárceles, broncas, Ceuta y telediarios cuyo siguiente capítulo parece obligado a superar al anterior, hasta hemos perdido la capacidad de sorprendernos.

Sánchez ha demostrado una extraordinaria capacidad para sobrevivir. Pero llegará un momento en que no bastará con explicar qué ocurriría si gobernaran los otros. Habrá que explicar también qué ha ocurrido mientras gobernaba él.

Ese es el dilema de 2027: los votantes acudirán a las urnas sabiendo perfectamente de quién están hartos, pero no necesariamente convencidos de quién quieren que los gobierne.

Y cuando una democracia termina votando casi siempre en contra, quizá no gane nadie realmente. En realidad, perderemos todos.

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Antonio Cid de Rivera
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