Ya sabemos que una campaña electoral es una chispa de verdad envuelta en algo que brilla o deslumbra, en este caso un beso es la forma que ha usado el PSOE para perpetuarse en el poder a toda costa. Un beso, en cambio, que puede ser el símbolo de un divorcio abrupto con la militancia sensata y pensante.
Para pensar hay que estar despierto, tener conciencia de ciertos límites y estar dispuesto a no traspasarlos. En este caso el PSOE ha pulverizado su propia marca usando de forma abismática la cuestión del amor para encandilar o mejor dicho encarrilar al votante desenamorado.
El amor no es otra cosa para el PSOE que la envoltura necesaria, el ímpetu ascensional, el desafío a un nivel moral que ya no puede caer más bajo. Quizá sea el error fatal de Pedro Sánchez pues roza la ceguera absoluta y el síntoma más inquietante de su endiosamiento: un amor completamente suyo. Por amor hay quien pisa la raya y no duda en pisar a la vez a quien pueda quitarle de su altar. Por amor hay quien se cela y abre la caja de los besos clandestinos. Ojo con el amor que traspasa paredes y espera en la puerta el desfile de los derrotados. Ojo siempre con el amor traicionado, esos amores que salen de las tinieblas, el fervor, la fiebre y otros vapores. Ojo con esos amores que tienen la cabeza en otros pájaros... sí, vamos que al besar no besa sino que recuerda otros deleites y nidales de lechuzas, otros coliseos con sus terrazas circulares.
No está de más recordar que el que se endiosa necesita verse y sentirse como un dios para el otro, siendo aún más execrable el hecho de que necesita elevarse sobre un montón de víctimas para hacerse la ilusión de ser un dios por completo, o cuando menos su ídolo.
¡Quién nos iba a decir que el PSOE llevaba en su coche por esos andurriales a un absolutista declarado! La conclusión de todo es que a terrible enfermedad del presidente ha devorado a su partido literalmente y ver una urna nos parece más una herida dado que estamos ante una campaña anómala en la que se ha colado como una protagonista más, la enajenación, es decir la necesidad de llevar a cabo una acción revolucionaria, agitar la rabia, enfurecer a la masa, que haya un calentón ambiental.
Pero ¿no quedamos en que iba a ser la campaña del amor? Claro, es que el amor es siempre un delirio, una forma absoluta y endiosada de enajenación.
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