En el PSOE corre el aire. Alguien ha corrido la cortina y ha aparecido un apolíneo Álvaro con la misma fuerza que un narciso en una maceta resquebrajada. Un nuevo Sánchez como repuesto del viejo Sánchez, quien anda con pelusilla estos días al ver que le ha salido un clon mejorado, refrescado, en la pasarela de Ferraz. Alguien que, de entrada, huele rico, a romero, tomillo y mucha jara. El muchacho ha roto el espejo de manera que echen a volar las mariposas por los altos pizarrales, las barranqueras o el tajo, a campo abierto o entre la sucesión de cardos, que ha empezado la primavera en el PSOE.
Acarrea el joven Álvaro una poética de la nueva política, dice que quiere hacer frasquitos con política de las pequeñas cosas, o sea que irá despacio pero seguro, porque le ha quitado al socialismo extremeño las zapatillas de andar por casa. Le percibo más en la línea de los juegos florales, alejado del ambientador de pino que colgaba en el retrovisor del peugot de Ábalos.
Habrá que ver en los próximos días el eje de sus virtudes, esperar su madrigales, saber en qué fuentes bebe, por qué río atrocha, si es pequeño burgués o campero; habrá que ver si respira campo o asfalto, si en verdad es un caballero con armadura de granito y remonta el Cerro de las Brujas o se desvía a Riolobos.
De entrada es cierto que huele a cañaveral y castaños, tiene algo de templario, le pondría una de esas largas capas albas que ahueca el aire y cien charcas, seguro que se parecería a Trajano.
Su llegada me ha recordado a la berrea, cuando el monte huele a poleo de menta en los caños, a juncos y gamones, también a alguna adelfa.
Cotrina está intentado serenarse, apaciguar los vuelos de cigüeña que le coronan la frente, pero es joven y llega triunfante justo cuando un psoe de desfloraba jadeante. Ahora la tierra le crece bajo los pies y puede que pronto las estrellas bajo un vuelo de madroñas.
En el solar en que dejó convertido Miguel Ángel la capilla socialista, sin una sola rama de albahaca, ahora, descorrida la cortina se adivina la nueva albañilería de zócalos que el joven Álvaro quiere instalar, la cristalera con visillos dando al balcón de berrocales que inunda Extremadura.
Dicen quienes le conocen que su tentación es el infinito así tenga que derrotar a su mellizo príncipe, y es que la dinámica de la belleza viril empieza a cotizar al alza en la izquierda, en detrimento de lo femenino plural que ni está ni se espera.
El PSOE vuelve a ser jardinillo y vuelve a tener pedestal para gloria del musculoso Cotrina que ha desplazado los heliotropos de Abascal monte abajo. Vuelve pues la testosterona a su lugar, al barro, la saliva, los sanmigueles, las tinajas de latón, la raza resistente.
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