La constitución de las once comisiones permanentes de la Asamblea de Extremadura de esta semana ha dejado algo más que un simple reparto de sillones: ha evidenciado la fortaleza parlamentaria del bloque que forman PP y Vox. Con 40 de los 65 diputados de la Cámara, el Gobierno regional dispone a priori de una mayoría suficientemente amplia como para controlar sin dificultades la estructura parlamentaria durante toda la legislatura.
El reparto refleja esa correlación de fuerzas. El PP presidirá ocho de las once comisiones; Vox, dos; y el PSOE únicamente una, la de Hacienda y Presupuestos, una cuestión de cortesía parlamentaria. Además, todas las comisiones tendrán la misma composición: cinco diputados del PP, tres del PSOE, dos de Vox y uno de Unidas por Extremadura. Es decir, el bloque gubernamental contará con siete de los once votos en cada órgano parlamentario.
No se trata únicamente de una cuestión simbólica. Las comisiones son el espacio donde se tramitan leyes, comparecen altos cargos de la Junta de Extremadura y se ejerce buena parte del control político al Ejecutivo. La nueva distribución garantiza al Gobierno una capacidad de maniobra total para ordenar debates, sacar adelante iniciativas y minimizar cualquier desgaste parlamentario.
Sin embargo, el nuevo diseño también deja una incógnita política relevante: hasta qué punto una Asamblea tan controlada por la mayoría puede acabar perdiendo capacidad de impulso y debate real. El Parlamento no solo está llamado a sostener al Gobierno, sino también a marcar iniciativas, enriquecer propuestas y ejercer una labor de fiscalización efectiva que permita mejorar la acción política de nuestra comunidad.
La oposición sostiene precisamente que esa función puede verse debilitada. El PSOE acusa al Ejecutivo de intentar “amordazar” la Cámara reduciendo la capacidad de control parlamentario, mientras Unidas por Extremadura denuncia un intento de “silenciar a la oposición” y gobernar “sin testigos”. El PP y Vox por su parte se limitan a señalar que es el reflejo de lo que han determinado las urnas.
Más allá de las críticas, lo cierto es que PP y Vox han trasladado su súpermayoría absoluta al funcionamiento interno de la Asamblea. Eso es un hecho. La incógnita que cabe ahora despejar es si esa estabilidad reforzada servirá para agilizar la acción política y convertir la Cámara en un motor legislativo útil para Extremadura o si, por el contrario, terminará derivando en un Parlamento menos dinámico, con menos debate efectivo y con una oposición relegada a lo testimonial.
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