Cerebro pensante

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
18 de febrero de 2026 a las 20:40h
Actualizado: 18 de febrero de 2026 a las 20:40h

Hasta en el departamento de Investigación y Desarrollo de la legendaria XEROX Corporation de Silicon Valley saben que los genios solitarios no existen, es decir que las ideas no proceden de una sola cabeza sino que son producto de una colaboración en el sentido más profundo de la palabra. Y ahí es donde entra en juego el maquiavélico papel de asesores como M.A.R o Iván Redondo, buscadores de estrellas y talentos, creadores de esta ingeniería política perversa y pervertida.

Para ir al grano habría que centrarse en el contexto del que partíamos: ¿qué podría salir mal con el empollón de Iván Redondo a la cabeza? Un muchacho ilustrado en las prácticas de Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, la biblia para los ansiosos de poder.

El asesor usó Extremadura como conejillo de Indias elevando a categoría de...¿líder? a Monago, el resto fue puro fundamentalismo emocional. En el cerebro de Redondo se cocinó a fuego lento la idea de ir buscando candidatos a los que enseñar sus habilidades para dirigir un país y moldear las emociones.

Así fue que llegamos a Pedro Sánchez. El binomio Iván-Pedro es una empresa basada en la búsqueda de beneficios personales, una factoría de emociones que han extendido como un mortífero virus.

Redondo ya dejó en su día al PP extremeño llenito de cortisol y cuando vio que aquello molaba pidió aterrizar en el PSOE donde presumía de leer a Charles Buckowski; eso fue pan comido con un Pedro Sánchez rodeado de mediocres no tuvo difícil el secuestro de su amígdala, le susurró picardías como llenar de fango la calle, excitar las emociones bajas. Le puso delante el test de las golosinas. Y Pedro sucumbió.

Sabemos que la amígdala es la puerta de entrada a toda motivación emocional y en eso anda todavía Iván, poniendo nerviosa a la brújula que ha de orientarnos. Con el tiempo será su pecado capital.

Lo perverso de esto no acaba aquí, pues el cerebro redondo y pensante ha ejecutado limpiamente las enseñanzas que aprendió del editor del Psychology Today, el psicólogo Goleman. Con absoluta frialdad y cálculo le ha enseñado al PSOE la trampa de invocar las emociones como único gancho para seguir gobernando. Aún más, les ha hecho paquetitos con golosinas en forma de mensajes cortos y eficaces para que la primitiva horda humana se contagie; porque sí, las emociones se contagian y cumplen la función de transmitir el miedo, de crear peligros o enemigos inexistentes. Iván el temerario apela, como en las tribus indígenas, al corazón del grupo, su mejor negociado, un despachito donde espolea a los candidatos para la pelea y el fango.

De M.A.R ya hablamos otro día.

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Mar Gómez Fornés

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