Cataclismo climático

Al Paso

valbuena ok bn
07 de julio de 2026 a las 09:32h
Actualizado: 07 de julio de 2026 a las 09:32h

¿Calor en Badajoz? Bien saben ustedes que aquí, en Badajoz, más que calor es flama. La flama es a Badajoz lo que los canales a Venecia. Badajoz sin flama no es Badajoz. Badajoz sin flama es un lugar placentero, pero en cuanto llega se convierte en tierra doliente. La carretera se evapora ante los ojos del viajero. La chicharra pasea bajo palio. El soplido ardiente de la noche te abraza como una condena. Luego vienen las mañanas de rescoldo y cenizas (y gracias). La flama es el abc de esta tierra tendida al sol. A las cuatro de la tarde un peatón empuja su bicicleta derretida como un helado. La flama y las cuatro de la tarde son pareja de baile... A las cuatro, de cabo a rabo, solo te cruzas con las olas del incendio (y el chalado de la bici).

Si bien es cierto lo afirmado hasta aquí, también digo que solo lo es de terminada la feria en adelante. La flama, por feria, no pasa de ligera calda. En Badajoz, hasta que no se apagan las luces de la noria, se disfruta de una temperatura propia de un paraíso terrenal. Lo afirmo con conocimiento de causa (y con casi cuarenta años de ferias bordados a las espaldas). Mientras dura la feria en Badajoz hace la temperatura que tiene que hacer. Porque Badajoz está donde tiene que estar. Así lo proclamo. Sin embargo, Badajoz, en cuanto arrastran al sexto de la última de feria, ve cómo se le retuercen los termómetros, cómo se le envenenan los mercurios y cómo las temperaturas se le disparan entre los sesos... ¡Extraño cataclismo climático! Durante la feria caricia, después tormento. En feria no hace calor, ni flama, ni ná. Hace feria. En feria se respira divinamente, se sale a la calle con las alas puestas y se vuela a la altura de la felicidad. En los toros, en Badajoz, nunca hace calor. Ni hay moscas. Ni al sol se suda. Es un medio sol como de playita vikinga. En los toros, en el coso inmenso de Pardaleras, hace la temperatura que tiene que hacer, y el cemento de sus tendidos está a la temperatura exacta para que las posaderas se encalabrinen no de ardor, sino de gustirrinín.

Pero termina la feria y con ella la ensoñación. El calor vuelve. Vuelve a matar. Y mata despacio durante meses. En cuanto acaba la feria, se corona la flama. Las calles se vacían. Nadie que no haya perdido el seso se atreve a pisarlas a deshora. Nadie. Solo uno, en bici, a las cuatro de la tarde.

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Fernando Valbuena
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