A mi abuelo José María Aguado

Luis Aguado Gonzalez-Espada
20 de febrero de 2026 a las 21:14h

José María para muchos.
Don José María para otros.
Papá para 7 hijos maravillosos.
Y abuelo para 15 nietos.

El abuelo era una persona que siempre estaba.
Y cuando digo siempre, es siempre.
Vivíamos a cinco minutos y eso hacía que pareciera que iba a estar ahí toda la vida. Que podía ir mañana. O pasado. Y muchas veces pensaba “ya iré luego”. Porque cuando tienes a alguien tan cerca, das por hecho que el tiempo no se acaba.

Lo que más me gustaba de él era algo muy simple: estar.
Ni siquiera hacía falta hablar. A mí me gustaba estar allí, en su casa, con su presencia. Eso era suficiente.

Hay algo que para mí siempre va a tener un significado muy especial.
Cuando hice el Camino de Santiago le traje una pequeña plaquita. No me costó nada. Pero ponía: “Abuelo, muchas gracias por todo. Eres un ejemplo de superación para mí.”

Yo pensaba que sería un detalle más. Que lo cogería, sonreiría y ya está. Pero no fue así. La manera en la que lo recibió… la alegría que le dio… cómo la colocó al lado, en la mesa del salón… Eso me llenó de una manera que no esperaba. Me dio una gran felicidad.
Porque entendí que, aunque el regalo fuera pequeño, para él significaba mucho. Y para mí, verlo así, significó todavía más.

Era una persona fuerte. Muy fuerte.
Vivió 99 años, casi 100. Rodeado de una familia que le quería. Pasó por momentos muy duros, por pérdidas, por aprendizajes difíciles, y aun así siguió adelante. Siempre con esa energía tan suya, esa vitalidad, esa personalidad afable

Hay una frase que dijo una vez que lo define bastante.
Cuando mi hermana dudaba sobre elegir o no la carrera de danza, pese a todo el apoyo que mis padres le brindaban, seguía dudando, y mi abuelo sabiamente le dijo a mi madre “No necesita que la apoyes, necesita que la empujes”

Y esa frase es él.
No era solo cariño. Era impulso. Era carácter. Era querer que los suyos fueran valientes igual que él.

Yo no sé si he sido el nieto que más tiempo ha pasado con él. No lo creo la verdad. 
Pero sé que el tiempo que pasé fue de verdad. Y eso me lo quedo.

Es raro pensar que ya no está físicamente. Que ya no iremos a casa del abuelo como antes. Pero Creo que aquí cumplió todo lo que tenía que cumplir. Creaste una familia maravillosa. Mis tíos, mis tías, mis primos, mi Familia… todos nosotros somos parte de lo que tú construiste. Eso se hereda, se aprende, se transmite.. Y eso por mucho que pase, no desaparece.

Yo quiero pensar que ahora le queda disfrutar de una vida sin el sufrimiento del cuerpo, sin las limitaciones físicas. Que estás en paz plena.

Dicen que una persona muere cuando la dejamos morir en nuestro recuerdo. Y yo tengo claro que ese no va a ser su caso. Porque siempre va a estar ahí. Como ejemplo de superación, de motivación, de esperanza. Lo vamos a recordar siempre, en nuestra manera de ser, en esa forma de empujar cuando hace falta.

Y con eso, para mí, no desaparece, al menos no del todo.

Gracias, abuelo.
Por todo.
Y por tanto.

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