José María Casado

Santiago Méndez
Escritor
Badajoz
27 de junio de 2026 a las 10:52h

Obituario


Hay personas cuya verdadera dimensión solo se descubre cuando ya no están. José María Casado pertenece a esa rara estirpe de hombres que transforman una ciudad sin hacer ruido, simplemente poniendo cada día un libro en las manos adecuadas.

Llegó desde Salamanca a un Badajoz que comenzaba a despertar culturalmente. Primero abrió su librería en la avenida de Colón. Por primera vez podíamos recorrer las estanterías sin prisas, mirar, remirar, descubrir un título inesperado, dejar que los libros nos eligieran tanto como nosotros a ellos. Hoy parece algo natural; entonces era una manera nueva de entender una librería. Más tarde, creó Universitas, una editorial costeada de su bolsillo, en un tiempo en que no existía el negocio de las subvenciones. Con el paso de los años y, a pesar de los golpes de la vida, ofreció a la ciudad una libreria moderna, más amplia, en la que podía uno recrearse olisqueando en sus anaqueles y en las que las  presentaciones de libros pasaron del concepto lejano de " conferencia" al actual de encuentro con grandes autores. Para quienes entonces éramos jóvenes lectores supuso una pequeña revolución. 

No tuve una relación de estrecha amistad con él, pero sí la suficiente para reconocer en su mirada la pasión del verdadero librero. Supo leer el cambio que vivía España en los setenta y comprendió que una ciudad también se construye con libros.

Su aventura como editor fue igualmente admirable. No llamó a su sello Universitas por casualidad. En una ciudad que apenas comenzaba a soñar con una juventud universitaria, aquel nombre era casi un programa de futuro, una apuesta por la ilusión colectiva de crear desde la nada un ambiente intelectual que mirara más lejos. Además, tuvo la generosidad de confiar en autores jóvenes cuando casi nadie lo hacía. Descubrió a Jaime Álvarez Buiza y abrió camino a quienes veníamos detrás con la incertidumbre de los primeros manuscritos.

Por eso resulta difícil comprender que Badajoz nunca lo nombrara Hijo Adoptivo. Tal vez fueran las pequeñas mezquindades de siempre; tal vez, sencillamente, otro ejemplo de la escasa atención que nuestra sociedad ha prestado demasiadas veces a la cultura.

Los homenajes llegan tarde cuando solo pueden hacerse desde la memoria. Pero permanecen las huellas. Y la de José María Casado sigue viva en generaciones de lectores y escritores que aprendimos, gracias a él, que una librería podía ser mucho más que un negocio: podía convertirse en el corazón cultural de una ciudad.

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