Carlos Cuerpo, ministro de Sánchez, es también el Don Tancredo de su cuadrilla. El muchacho de la cara de palo. El curita que todo lo sabe y todo lo anota. El trepa.
Esa es la pregunta, hasta dónde será capaz de trepar (en España o en Europa). Vista su naturaleza viscosa pudiera tener oportunidades a la caída de Sánchez; batacazo que, por otro lado, no parece lejano. Está claro clarinete que ese día se va a revolver el gallinero socialista. Las cañas se volverán lanzas y los aduladores, apuñaladores. ¿Aguantará Sánchez cuatro años en la oposición? ¿Tendrá acomodo en el extranjero? ¿Tendrá paz judicial? No a todo.
Mal que bien no parece que el PSOE vaya a desaparecer por muchas sevicias a las que haya sido sometido por el tal Sánchez, así que lo que quede de la banda necesitará un nuevo cabecilla. Acaba de dimitir Puente, Montero tiene el san vito, Borrell está mayor, Illa tiene empleo y Madina es agua pasada. ¿Por qué no Cuerpo? ¿No porque no es militante? Cuerpo se afilia a lo que convenga. ¿Por qué parece lelo? No lo es. En todo caso taimado. En dos mítines se despierta.
La otra pregunta es si Cuerpo escogerá el papel de heredero o de alternativa. Heredero del sanchismo o alternativa al sanchismo. Supongo que lo que más le convenga… a Cuerpo. Puede jugar la baza de la transición tranquila que tanto parece encajar con su carácter y, al mismo tiempo la baza de la vuelta a la moderación, a la socialdemocracia que también parece ser su pecera natural. Al menos mientras el partido se cose los rotos. Herencia y alternativa a la vez. La ventaja de Cuerpo es que puede presentar cualquiera de las dos caras a conveniencia. Cuerpo es ese cromo que lo mismo aparece en el álbum del PSOE que en el del PP. Es más, ahora que el PSOE como partido opositor no va a necesitar pactar con excrecencias, el giro a la moderación parece una opción razonable. Por muchos colocados a dedo que haya dejado Sánchez, por su propia supervivencia dentro del partido, es previsible el general rechazo a los errores manifiestos del hasta ahora secretario general. O no, que en esto de la política nunca se sabe. ¿Cuánto tardará el partido en deshacerse de la roña sanchista? ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años?
En cuanto eso suceda… ¿quién está en condiciones de tomar el timón de la nave? El nuevo secretario general tendrá que escoger entre mantener el rumbo que les ha hecho encallar o dar un giro de timón. Cuerpo vale para un roto y un descosido. No parece cariñoso, pero tampoco muerde. Y sabe, sobre todo, callar… y aguardar detrás de las cortinas, como Claudio. Hacer el tancredo. Sánchez le ha señalado de manera indubitada nombrándole sucesor de Puente. Esta campaña puede ser también su precampaña al cargo. Ambición no le falta, lo que no sé es si es mayor su ambición de poder o la de alcanzar una bicoca golosa en Europa. Si Sánchez pierde la bicoca se le pone cuesta arriba. Tendrá que escoger. Las oportunidades son… para los oportunistas. Y sospecho que lo es.
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