Ayer se presentaron los carteles de la feria de Badajoz. Como era previsible por habitual en los últimos años, tarde y sin boato. O sea, mal. Como con desgana. Como quien cumple al filo de la campana un trámite engorroso. Este es el estado de la cuestión.
Hay ferias que suben y las hay, incluso en tiempos de bonanza para la tauromaquia, que bajan. Así ha sido desde siempre. Vivimos años de renovado interés por la fiesta. A nadie se le escapa que los tendidos se llenan de jóvenes. Y, lo que es más importante aún, que muchas plazas han vuelto a ser una fiesta. La más ancestral de todas las nuestras, la del toro. Y nos congratulamos. Santander, Huesca, Albacete o Murcia entre otras son ejemplos de ferias al alza. Un fenómeno que tiene su coda extremeña en reales como Cáceres o Almendralejo. Plazas mustias que han vuelto a engalanarse con la ilusión de ver toros. Así de sencillo.
En cambio, hay plazas que recorren el camino en sentido inverso, que se mustian. Badajoz, por ejemplo. De ser durante décadas la primera plaza de Extremadura a ver como va perdiendo su puesto en el escalafón. Una decadencia que con los carteles de este año suma un descenso más. Un descenso a la nada. A la irrelevancia más absoluta. Como si su destino fuera el cierre.
Los últimos años ir al coso de Pardaleras es ir de entierro. Cada vez menos y cada vez más apagados. Lo uno lleva a lo otro y viceversa. Ya no hay ni problemas de aparcamiento. Ni atropellos ante las barras de los bares de la plaza. Si llegas con tiempo tienes ocasión de ver a los viejos amigos, de poner cara circunstancias y de charlar sobre cómo eran las cosas antes y como son ahora. Todo a media voz, como si se tratara de un velatorio. Seguimos yendo… los que seguimos yendo, pero muchos, como no están para funerales, se quedan en casa o se van a la piscina. Así, lo uno por lo otro, la afición capitalina mengua. ¿Qué ha sido de la afición de Badajoz? Badajoz vive de espaldas a los toros. Reconozco que cuando acudo a la cena del club taurino de Almendralejo y ceno rodeado de más de cuatrocientas personas me vuelvo a Badajoz con las orejas gachas y la pena mordiéndome las entrañas. Envidia creo que lo llaman. Envidia… y admiración. Esa afición, ese alcalde, esa empresa… ¿Y Cáceres? Cáceres ya da más festejos que Badajoz. Una plaza que llegó a estar cerrada y la ciudad sin toros. Otra vez la misma santa trinidad. Esa afición, ese alcalde, esa empresa. Por cierto, un alcalde popular y otro socialista, para que nadie diga que esto es de nadie, ni más mío que tuyo. Dos empresas con la hierba en la boca. Empresas, por cierto, que tienen en su haber resurrecciones como Santander y Huesca. Sin más. Aten cabos.
Así que lo primero que he hecho hoy ha sido renovar mis dos abonos… aunque vaya solo. Porque es mi plaza, en la que he sido feliz y porque el día que la paloma resucite me encontrará allí
Los carteles de la feria de Badajoz presentados ayer -más bien deberíamos decir comunicados que presentados- son carteles porque incluyen dos festejos. Dos. Solo dos. Que si tuya que si mía, la perra gorda. Ay de la plaza que hizo de los cinco festejos su santo y seña. Este año, en nuestro descenso a los infiernos, hemos perdido la novillada picada; nos queda la socorrida corrida de rejones y un festejo mayor. Que no digo yo que no sean carteles de interés. Están los dos mandones, Ventura y Morante. Y no están mal… a esa baza se la juegan. Y no me quejaré de las ganaderías si medio se sostienen. Dos carteles y punto. Lo justo para pasar el trámite. Para dar uso a la plaza y que no se diga que la quieren cerrar y levantar pisos. Sin un esfuerzo de más, sin promoción, sin alicientes. Poco más que un vengo, me voy y hasta el año que viene, colorín colorado. Cuando paso por los alrededores de la plaza y la veo sin pulso, entre jaramagos y desidia, me pregunto, quedo y triste, ¿todo un año esperando para esto?
Sí, todo un año. Así que lo primero que he hecho hoy ha sido renovar mis dos abonos… aunque vaya solo. Porque es mi plaza, en la que he sido feliz y porque el día que la paloma resucite me encontrará allí. José Miguel no te vayas a Rota. Aunque no te gusten los rejones. Aunque sea una feria partida en dos. Aunque sea una feria cuesta arriba. Aunque prefieras las risas a los llantos para acompañar los cubatas. No te vayas a Rota, que Morante es muy grande y que vienen los forcados. Que echaremos cuentas y recordaremos a los que compartieron los tendidos con nosotros y ya no están. ¿Te acuerdas del doctor Juan Luis Hernández de la Rosa? ¿Y de Don Apolonio, el páter? ¿Y de José Luis Iniesta, el ganadero? ¿Y de Feliciano Gallego, el veterinario que murió allí mismo, en el palco, en acto de servicio? ¿Y de Ángel Cruz, el torilero? ¿Y de Fernando Masedo, el crítico? ¿Y de mi amigo Eduardo Molina? ¿Y de Joaquín Murillo? Ellos van a ir. Y yo con ellos. Iré aunque este año Ricardo no le lleve gallos a Talavante. Iré aunque vayamos camino del cierre.
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