La calculadora electoral del 29N

La Trastienda

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11 de octubre de 2026 a las 13:36h
Actualizado: 11 de octubre de 2026 a las 13:36h

Las elecciones se nos presentan como un duelo de rostros: Sánchez o Feijóo. Pero el próximo 29 de noviembre elegiremos diputados, no directamente al presidente. Aunque la campaña invite a olvidarlo, vivimos en un régimen parlamentario. Y será el Congreso el que decida quién tiene los apoyos para llegar a la Moncloa.

Los partidos lo saben bien. Nosotros miramos encuestas; ellos cuentan escaños. Detrás de los lemas, los mítines y las visitas hay una calculadora trabajando. España tiene 52 circunscripciones, pero su aportación al Congreso es muy distinta. Cada provincia parte de dos diputados y Ceuta y Melilla tienen uno cada ciudad autónoma. Los otros 248 se distribuyen en función de su población, con un resultado territorial muy desigual.

Madrid reparte 38 escaños por ejemplo; Barcelona, 32; Valencia, 16, y Murcia, 10. Badajoz elige cinco diputados y Cáceres, cuatro. Por eso los líderes van acá o allá: buscan votos capaces de convertirse en un asiento. La cuenta decisiva se hace provincia a provincia, donde se adjudican los escaños.

Los electores somos un poco ingenuos cuando solo seguimos el marcador nacional. Subir en votos no garantiza subir en escaños en la misma proporción. Importan su distribución, la fórmula D’Hondt y cuántas candidaturas se los disputan. En una provincia pequeña, dividir apoyos entre partidos próximos puede salir muy caro. El caso de Badajoz permite entenderlo. En las generales de 2019 se elegieron seis diputados y se repartieron entre el PSOE con tres escaños, el PP con dos y Vox con uno. En 2023 se bajó a cinco diputados: dos socialistas, dos populares y uno Vox. Hubo un asiento menos en juego. El peso demográfico relativo de la provincia cayó y cambió el reparto incluso antes de abrir las urnas. 

Hay otras cuestiones a tener en cuenta. Está la teoría de los vasos comunicantes: votos que pasan de un partido a otro. Del PP a Vox o al contrario; del PSOE a su izquierda o de vuelta al PSOE. También hay quien cruza de bloque, quien se abstiene y quien vuelve a participar cuando en los anteriores comicios se quedó en casa. El agua electoral cambia de recipiente, pero también puede quedarse fuera del circuito.

Ese cóctel se agita durante 54 días (desde la convocatoria hasta las urnas) entre mensajes, acontecimientos y debates. En 2023 el PP quedó primero, pero Feijóo no consiguió una mayoría de investidura. Sánchez quedó segundo y reunió los apoyos para gobernar: ahí está la diferencia. Los 176 votos aseguran la primera votación; en la segunda bastan más síes que noes.

En estas elecciones del 29N el PP aspira a ganar en solitario o al menos sumar con Vox, pero esa cuenta todavía tienen que hacerla las urnas. Conviene recordarlo antes de repartir ministerios. La campaña empieza con pronósticos, el Gobierno cuando se conforma una mayoría.

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Antonio Cid de Rivera
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