Si entrelazamos la actualidad con el puro Torrente, nos saldrían dos personajes que bien podrían llamarse así, Bombo y Paradiso. Ábalos y Koldo, reflejo absoluto de este tan español minuto, con su léxico propio y el hábitat natural semejante a la cueva de Blombos. Los dos, frente a un batallón de Justicia; los dos, enternecidos ante la muñeca rota que arreglaba gatitos de cristal, layesi.
La excitación que inundó sus vidas, el placer, la habilidad de dejar a Pedro Sánchez completamente al margen de sus cuitas, el vicio por el café negro... todo ello es hermoso, pura recreación en time-lapse de cómo se vino arriba el homo erectus.
Ya no hay lugares sagrados para el ejercicio de la política, todo se reduce a un respingo, un gemido de rango medio en el gimnasio de la corrupción. Todo nos conduce a un agujero abierto en canal en las sedes de los partidos donde a través de un eco sutil se manifiesta la flauta mágica del trinque, como cuando un chochín se posa sobre un fagot y canta. ¡Ay, los pájaros y lo trascendente!
Los pasillos de los juzgados están infestados de huesos de mamuts, conjunto de dientes, mandíbulas golpeadas, etc, marcas consistentes que nos recuerdan a hecatombes como las del Turuñuelo, con la particularidad de que son miembros fetiches de PSOE y PP, que alguna vez fueron tenidos por dioses y diosas menores. Con qué crudeza se visualiza estos días el esqueleto, la simplicidad casi absoluta de la mentira primordial que lleva a los Bombos y Paradisos a medrar en política; seres insensibles a la ética, a la aritmética de lo público, a la definición de limpieza.
Mientras tanto, en la segunda Roma, Mérida, la mártir del PP se enfrenta a la barbarie ella solita, como la niña Eulalia. En guardia está Guardiola a la espera de saber si el hombre de los desiertos finalmente baja por el Guadiana loco, acaba así con su dolor de sed y la mima en su aljibe.
La reconquista vive sus horas decisivas, VOX acampa cerca, da unos retoques decisivos, va Lusitania arriba, Lusitania abajo, Abascal no se resiste a ser rey doncel en el reino de María cuya romanidad anda medio derretida ante el encanto del Bombo de Vox. En todas las siglas los hay y tejen sus hilos como en el campo se tejen los arados.
Dicen que ansían la pax agraria donde el Guadiana hace isla de agua venenosa. Ahí están PP y VOX, que si voy que si vengo, que si tomo las medidas; que si se reparten el puente, sus ojos y murallones. Por suerte Bombo y Paradiso tan sólo eran pequeños afluentes del Píramo y ¿quién recuerda a un afluente que ni siquiera llega al mar?
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