El Six Nations Championship, para entendernos, el Torneo de las Seis Naciones, viene a ser como la champions pero en rugby, deporte mucho más noble que el fútbol (no hay color); lo juegan Escocia, Francia, Gales, Inglaterra, Irlanda e Italia y se remonta a 1882 (al principio entre las 4 del Reino Unido, United Kingdon, para acabar de desentenderse). Los dos últimos años lo ha ganado Francia con emoción hasta el final. Pero son Inglaterra y Gales quienes lideran el largo historial. Mi hijo Currino vive en Cardiff desde hace más de una década, tan lejos, tan cerca, y es un entendido y apasionado del rugby, deporte nacional en Gales, donde no les hace falta agua para regar los campos, está siempre lloviendo. Ya saben el antiguo dicho: el fútbol es un deporte para caballeros jugado por hooligans y el rugby es un deporte para hooligans jugado por caballeros.
Este año fuimos a ver el Gales-Francia, con un resultado concluyente 12-54 para Francia. ¿Pensaran ustedes que salieron enfadados los galeses? Primera conclusión: lo celebraron como si hubieran ganado, cada avance al final del partido era motivo de euforia en un magnífico ambiente, estadio (cubierto, off course) y aficiones hermanadas. Segunda conclusión: en el rugby nadie discute a los árbitros, es tremendo, su reino no es de este mundo. En el rugby los rivales no parecen ser enemigos, se juega en equipo y se trabaja para los demás. En el fútbol, todo el que no gana, fracasa. En el Seis Naciones, al perdedor le dan un trofeo: la cuchara de madera, la wooden spoon, trofeo irónico pero simbólico. En el rugby, como que no hay excusas, siempre atacas. Si en el fútbol el balón es el misil, en el rugby el misil, es el jugador (Antoine Dupont de Francia, peazo misil)
Ubiquémonos: el Millenium Stadium donde fuimos a ver el partido es un impresionante estadio que acoge al rugby galés. Llegamos con mucha antelación y ya estaban ubicados en el césped una banda de música militar numerosa, un coro tremendo y una cabra de muy señor mío (los trompazos tienen que ser espectaculares, como corresponde al rugby). ¿Qué dicen? le pregunté a mi Currino, dado que mi galés, el más complicado de los idiomas británicos, es muy pobre, en el uso de la lengua soy un desastre, dicen. Dicen “Hen Wlad Fy Nhadau”, “la tierra de mis padres”, un canto emotivo y patriótico a Gales, su lengua, tradiciones, poetas, guerreros y jugadores de rugby (especialmente estos últimos que tienen Cardiff llena de estatuas con el ovoide-melón en los brazos). Cuando los del Coro paraban para respirar, los franceses entonaban a pelo la Marsellesa (lo hicieron unas veinte veces a lo largo del partido). Abstenerse de comparaciones o paralelismos patrióticos: no tenemos nada que hacer frente a Gales o Francia. Muy pocos tatuajes entre los jugadores de rugby (esto es un dato que según mi hijo no viene a cuento).
Finalizó el partido y lo celebramos con unas pintas, aunque nosotros íbamos con Gales, mientras franceses y galeses se abrazaban sin necesidad de pintas. Me dice mi hijo que los galeses se parecen a los Angulo (nosotros) en que ellos también lo celebran todo, en la festividad de San David, patrón de Gales (así se llama su Catedral) lo celebran con los recurrentes cantos corales, desfiles y consumo de cawl, una contundente sopa tradicional que incluso se la dan a probar a la cabra. De pronto, en el pub, empezaron a cantar: “mae Cymru yn agos iawn at ein calonnau ac rydym yn edrych ymlaen at bob ymweliad” que se escribe “Gales está muy cerca de nuestros corazones y esperamos con ilusión cada visita” aunque se pronuncia de una manera muy distinta.
Conclusión, que se me está yendo el partido de las manos: si Dios quiere, el año que viene volveré a Cymru, desde la Bimilenaria al Seis Naciones a disfrutar uno de los dos: Gales – Irlanda es el 20 de febrero y Gales – Inglaterra el 6 de marzo.
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