Badajoz, espera que voy

Al Paso

valbuena ok bn
19 de junio de 2026 a las 08:29h
Actualizado: 19 de junio de 2026 a las 08:29h

Vivir es volver. Todo lo que fue, será. Es el eterno retorno en un solo soplo. El soplo de vivir. La vida no tiene sentido sin volver. Pongamos por caso un año sin Nochebuena; no se podría llamar año. El año tiene forma de tiovivo. El mismo tiovivo aquel de cuando niños, ahora, a nuestros ojos cansados, envejecido y destartalado… pero el mismo. De San Isidro a San Fermín y vuelta. Somos costumbres. La ola y la marea. Estamos hechos de la esperanza de volver a vivir. En cada vuelta más viejos… Semana Santa y, un poco más allá, San Juan. La grada del Vivero por medio, las mismas penas, las mismas decepciones… y a un paso, la feria, la manzanilla y el sol que más dura. Vuelta a empezar. Un año sin feria es un año perdido, estéril y doliente. No es año, es pena. Por eso hay feria.

Feria. Cinco letras. Puede que a todo no vayas, que no todo te lo comas, ni todo lo bailes… Puede. Pero sabes que ha llegado la feria, y con ella el runrún de la jarana. Que habrá risas, y niños que monten por vez primera en el tiovivo de vivir. Madres que lloren y gargantas que se quiebren porque les falta la madre. De todo habrá cuando San Juan Bautista se apunte al baile. Badajoz en fiestas. Hará calor, siempre hace calor, por mucho frío que haga; Badajoz, cuando llegan los feriantes, se tumba al sol que más le calienta, el suyo. Y mira al río y desayuna churros después de la farra. Y va a los toros detrás de la banda, haya banda o no haya banda, lo mismo da. Y suenan clarines y timbales. Y los portugueses compran caramelos. Sí o sí. Porque lo recuerdo, porque lo llevo escrito, porque a esta vuelta de noria convido yo. Porque el año tiene feria y el tenderete de la parranda se te instala dentro. Casetas de colores. Un cafelito en Pardaleras antes de entrar en la plaza. Un amigo al que hacía años no veías. Las luces, las escopetas, los palillos… y un pariente que no sabe que el Guadiana, que es hembra y es coqueta, se alborota la noche en que castillos de fuego le rondan de amores. Badajoz con el aire en los pulmones, a voz en grito. A rayas, el blanco y el negro de ir viviendo. El orgullo de ser de aquí. De Morales a Porrina. De San Fernando a San Roque. Apretados en el río común de una historia compartida. Las posaderas en el cemento caliente de tu tendido. Tu abono. El gentío y la “kermesse”. Una de calamares, el chocolate de los hermanos Pernía y los mosquitos como leones que te pican y eres feliz de tantos años como llevan picándote.

Da vueltas el tiovivo. Por aquí ya he pasado... pero quiero volver a pasar, porque estoy vivo, porque no me he muerto, porque llevo las cicatrices a cuestas, porque aún río, aún lloro y aún me levanto. ¡Dos tendidos de sol! ¡Niña… del brazo! Mientras haya pulmones con los que respirar... ¡Ole las mujeres bonitas y los hombres valientes que se cruzan en el ruedo de la feria! Y el toro. Y el Badajoz. La vida es un extraño tiovivo, a veces suena la música, a veces, solo a veces, sobre los fuegos de artificio los sueños se cumplen. Al menos por San Juan. Una vez al año. Badajoz, espera que voy (y vuelvo).

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Fernando Valbuena
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