El aro Hula Hoop

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
19 de noviembre de 2025 a las 13:08h
Actualizado: 05 de diciembre de 2025 a las 10:04h
Oiga el artículo.

Guadianamente, entre el bamboleo de las ausencias, el bueno de Cid resurge como un Campeador por los mismos eriales por los que se fue o nos vamos o nos sugieren la puerta de salida un día, sin más. La mordaza debería ser un delito pues es arrebatar colores a la palabra y al pensamiento, además de guardar cierto parentesco con la familia espectral del pensamiento único; sin embargo, nadie calla a quienes de alguna forma tienen cosas que decir y finalmente encuentran la manera de hacerlo. De manera que mucha suerte al aventurero Antonio Cid, padre de esta criatura venturosa y gracias por no sucumbir. 

En bares de tanta esquina a esta hora se habla de elecciones, de no sé qué aro por el que un tal Abascal quiere hacer pasar a la presidenta de Extremadura. Ese Abascal me parece una especie de atleta de barraca que, lanzando semejante desdén hacia su rival político, sólo merece más cubos de desdén y olvido. 

Muestra una ambición a la italiana que quiebra severamente todo entendimiento. Es una quiebra general de todo causada por todos, una quiebra de la afabilidad, los modos y los destinos. ¿Qué sentido tiene hacer pasar por el aro a quien necesitas para encumbrarte? 

Y así es como la política ha llegado a este arrabal de sí misma. Con abascales, medio iglesias y puentes derruidos. 

Ese dominio exclusivo de la testosterona que exhala VOX, dicen los populares que es un teatrito, un mal imaginario para provocar y subir la apuesta. Cierto o no, da cierto pudor aguantar tal soflama para luego matrimoniarse. 

Esta clase de infelicidad que algunos políticos asumen como mal menor dentro de su desempeño, es una herida abierta en la paciencia del ciudadano que acude a votar con argumentos sofísticos en clave de rencor y rabia. 

La ambición hace chocar a los hombres, los mantiene en una burbuja con hechuras de urna y si yo fuera Guardiola mandaría a Gondur a los de Vox, y el aro me lo comía como una golosina de toffe pegajoso. En Gondur, Mark Twain ya entregaba el poder a los ignorantes. Todo un clásico. 

Probablemente gobernar haya dejado de ser un ejercicio de intelectualismo y cordialidad para devenir en cancha de puños y aros de feria

Abascal no quiere una asamblea de mujeres, cabalga por Extremadura armado con un aro de hula hoop pretendiendo que pasemos por él como niñitas de un salón de té. 

Probablemente gobernar haya dejado de ser un ejercicio de intelectualismo y cordialidad para devenir en cancha de puños y aros de feria. 

No es que el político deba ser ángel o bestia, bastaría con que fuera digno y dejara de cavar este pozo de escepticismo al que nos han arrojado. 

El aro de Abascal viene a refrendar el síntoma de tedio que sentimos las personas meditativas para las que ya ni siquiera ir a votar ofrece consuelo. 

Necesitamos un punto brillante al cual dirigirnos...Iremos hacia allí aunque no haya ni una gota de agua; iremos hacia donde no nos hagan pasar por un aro hula hoop. Iremos armadas con un Homero de bolsillo o un verso de Píndaro. 

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