Alegoría y refugio

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
31 de diciembre de 2025 a las 12:01h
Actualizado: 31 de diciembre de 2025 a las 12:02h

Algunos andan buscando un refugio al primer intento de erupción volcánica controlada, otros en cambio se aferran al instinto básico del presidente Pedro Sánchez que anda haciendo rarezas en tik tok mientras caen escombros en la puerta de su casa. 

Para muchos el cierre del año es una joya breve y sin amor; la necesidad de una explicación patológica a lo acontecido en el atrofiado panorama nacional con un presidente que padece la enfermedad de tímpanos reventados. 

Por lo general ha sido un año para olvidar con esta insistencia tan española de resistir así sea en el fango. Una palabra insustancial con olor a sótano que ha enmarcado el discurso epidérmico del presidente del gobierno, Pedro Sánchez. 

El fango es la viva representación del año que termina. Fue ponerla Sánchez en su boca y como si de un ser auroral se tratara, comenzó la avalancha que le envolvería mágicamente en su propia ciénaga. Pura alegoría y perfumería. 

Si la palabra fango resume el año horrible del presidente, la palabra refugio emerge como candidata a reinar en 2026 pues se ve con claridad que vamos a necesitar un baluarte para abandonar este carrusel delirante y quitarnos el olor a pollo frito que trajo el PSOE de Sánchez. 

El personaje será recordado como un hombre alto, inclinado ligeramente a la vacuidad , tocado más por el puño que por la rosa. Bajo su mandato se ha producido la mayor erosión de credibilidad y confianza convirtiendo el Parlamento en un receptáculo de deslealtad y desdenes. 

En medio del páramo destacaba García Page como ese unicornio que brilla y corre hacia la luz, pero ha surgido otro librepensador que tiene on fire a la militancia socialista. Rodriguez Ibarra ha salido de su madriguera deslumbrado por el sol de la refriega que amenaza con devorar al PSOE extremeño. Un gesto de gurú retirado del mundo que sale de su aislamiento bíblico y que recuerda  al momento en que a Moisés le fueron entregadas las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí; del  mismo modo mesiánico  reaparece Ibarra con un nuevo Ensayo sobre la ceguera para sus discípulos.   

Con los años Ibarra aprendió a distinguir los pájaros por su grito pero la edad perfora algunos sentidos como la vista o el oído, será por eso que Ibarra no manejó con habilidad el pío pío de Gallardo, ese gorrión que dormía en el aire y al que salvó de una caída sideral para finalmente dejarlo morir sin aire en la urna. Una operación delicada que Ibarra solventó sin mañas de sastre. ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué el sabelotodo de Ibarra erró de forma tan estrepitosa y tan poco gallarda al apostarlo todo a la figura de Miguel Ángel Gallardo? Le ha faltado coraje en estos años de declive, mucho aguijón verbal pero poca acción eficaz y ahora es tarde para un simple boca a boca. Apenas hay ya reputación que salvar. 

La presencia de Ibarra ha resultado más simbólica que instrumental pues el que fuera director de conciencia ha venido en mala hora para cavar, si cabe, un poco más la fosa donde el PSOE se desangra. Me recuerda a esa carta de Tiberio que viejo y enfermo envió a sus senadores: “¿Qué os escribiré yo, señores, o cómo os escribiré, o qué no os escribiré en este tiempo?”. Palabras que denotan una extraordinaria falta de ánimo y potencia en el que antaño lo fue todo en el PSOE. 

Hasta su olfato manifiesta severas muestras de agotamiento al salir de su retiro, con el talante tosco que le caracteriza, para enderezar lo que él mismo ha contribuido a gangrenar. Por mucha verdad o sentido común que tenga su propuesta de abstención para dejar gobernar a Guardiola sin el susurro de VOX, su predicamento carece de vigor y crédito entre los suyos. 

Ni el propio Ibarra fue consciente, apoyando a un juguete roto como Gallardo, del viento que venía arrastrando las nubes. Quizá le faltó leer el capítulo de las Geórgicas donde Virgilio explica que, por una emoción o por otra, hasta el pecho de las aves indica el cambio de tiempo. 

A estas horas son pocos los sensatos que se atreven a interpretar las señales en medio del denso chapoteo que emite la sede socialista, pero es un hecho corroborado que se avecina un final catastrófico con rugido oceánico incluido. Vayan buscando un refugio mientras el brezo florece intacto. 

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