Cuando el resto del mundo despreciaba a la península ibérica y la periferia europea bajo el acrónimo peyorativo PIGS=Cerdos (Portugal, Ireland, Greece & Spain) y los hombres de negro de la Troika (FMI, BCE y Comisión Europea) decidieron intervenir la Hacienda lusa a cambio de la concesión de un préstamo para saldar la deuda de 78.000 millones de euros, el Gobierno del conservador Passos Coelho –quien pidió por carta el 31 de marzo de 2011 que tanto el entonces primer ministro, José Sócrates como el Presidente de la República, Cavaco Silva, solicitaran el rescate finalmente firmado el 6 de abril de ese año- se vio obligado a ejecutar un durísimo Plan de Estabilización, que es una manera blanda de nombrar la austeridad: reducción del 5% en los salarios públicos, subida del IVA del 21 al 23%, eliminación de la inversión pública que, por ejemplo, revocó la adjudicación a ACS del ferrocarril de alta velocidad entre Lisboa y Montemoro-Novo, para seguir aguantando cotas máximas en la compra de bonos del tesoro portugués desde la introducción del euro en 2002.
Si en España, el rescate de la banca a través de fondos públicos tuvo un coste estimado de 51.000 millones de euros, aumentado por el Banco de España hasta los 60.613 del dinero inyectado entre 2009 y 2015 con intereses que seguirá pagando el país hasta 2027, o que parte del impacto de 101.500 millones de euros en la deuda soberana fuese comprada por China, en Lisboa se acordó igualmente vender una parte de la empresa pública eléctrica EDP a la compañía china The Three Gorgues y en 2014 otorgar la nacionalidad lusa con la compra o la rehabilitación de inmuebles por inversión superior a 500.000 €, o el depósito de una cantidad similar en alguna entidad financiera del país. Sólo era necesario acreditar ocho días de estancia y se calcula que la llamada Golden Visa atrajo en ocho años más de cinco mil rentas extranjeras (chinos, rusos, brasileños, hindúes...) que con la nacionalidad portuguesa obtenían a la vez la ciudadanía europea.
Desde 2010, el precio de la vivienda ha subido en Portugal un 120%, donde se mantiene un flujo migratorio constante desde el interior al litoral desde el siglo XVIII, a Lisboa y Oporto principalmente, y el interés tipo para un crédito hipotecario ronda el 4% más Euríbor. El último gobierno socialista de Antonio Costa se vio obligado a reducir la Visa a ciudades medias, como Évora o Coímbra, después de aterrorizarse con la abstención del 51’4% que sufrieron las elecciones legislativas de 2019, primer síntoma del vuelco político que se maceraba en 2025 donde por vez primera, desde el 25 de abril de 1974, se rompió el bipartidismo entre socialistas y socialdemócratas que han llegado a cohabitar y alternarse tanto en la presidencia del consejo de ministros como en la jefatura del Estado desde entonces.
La participación media en la década de los noventa nunca había bajado del 65% en elecciones a la Asamblea. En sólo un año, con una participación electoral cercana al 59%, el PS perdió seis puntos y veinte de los 230 diputados; por contra, la ultraderecha nacionalista Chega hoy es la segunda fuerza política de Portugal con 60 diputados y mismo porcentaje de apoyo que los socialistas (22´8%) y ha forzado ya una nueva Ley de Nacionalidad que endurece los requisitos para obtener la ciudadanía lusa, a inmigrantes y hasta al viejo súbdito colonial. En distritos tradicionalmente de izquierdas, como el de Portalegre, Chega ha ganado por primera vez, arrebatando quince mil votos al PS y la suma del Partido Comunista y el Bloque de Izquierdas (una formación hermana a Podemos) perdieron mil votos que ganó la coalición de centro derecha PSD-CDS-PP. En Lisboa o Évora, el trasvase de votos fue del 5% del electorado y el socialista Pedro Nuno Santos bajó en 55.000 votos en la capital, 35.000 en Setúbal y ni siquiera se impuso en su distrito de origen, Aveiro. A esta debacle socialista, tiene que unirse el descenso medio del 20% del voto entre PCP y BE en todos los distritos limítrofes a Extremadura: Portalegre, Évora, Santarém, Castelo Branco, Leiria, Lisboa y Setúbal.
Los jóvenes portugueses llegan a emanciparse a los 29 años, nueves meses antes que los españoles. El salario mínimo es de 870€ para catorce pagas al año, frente a los 1.184€ en España. Las pensiones más bajas subirán un 2’6% en 2025 y las altas un 1’8%, frente a la subida uniforme según el IPC que ha prorrogado el Gobierno en Madrid. El crecimiento luso para el próximo año será del 1’9% y el de España 2’9%. En los últimos seis años, según el diario Expresso, el precio de la vivienda se disparó en un 73%. Lisboa es, junto a Madrid y Barcelona, la capital europea con la vivienda más encarecida y se ha producido tal fenómeno de expulsión en los barrios de sus padres y abuelos (Alfama, Graça, Baixa…) hacia el extraradio que en la metrópolis de Lisboa se han batido todos los récords en la sobrecarga del transporte público de cercanías: “Hay gente que coge el tren una estación antes –aseguraba un joven a este diario- y desde el margen sur del Tajo se tarda más tiempo en llegar al centro de Lisboa que en ir a Évora”. El aumento de costes en la empresa Comboios de Portugal y la superpoblación del área metropolitana lisboeta se ha solventado con la reducción de plazas para pasajeros.
Sin mucha diferencia, los buenos datos macroeconómicos que adornan a Portugal, un turismo que encanta a Europa y ha convertido desde comienzos de esta década a Lisboa en la ciudad de moda, ha despertado una desafección de la población por el encarecimiento de la vivienda, el aumento de la carestía de la vida hacia la política tradicional, y hasta que se observe como un insulto que quienes ejecutaron con total disciplina el sacrificio al pueblo con el Plan de Estabilidad que saldó la deuda con la Troika en 2020 fueran recompensados con puestos de responsabilidad financiera, como Mario Centeno, o política, como Antonio Costa, esencia del discurso y secreto del caladero de votos que alimenta a Chega desde que se propuso “acabar con el bipartidismo y el régimen del 25 de abril”, algo no muy lejano a lo que hoy defiende VOX en España y que definió a comienzos de la crisis financiera, tras la caída de Lehmann Brothers en 2009, a Podemos y a O Bloco de Esquerda, cuando se propusieron asaltar los cielos y terminar con el régimen del 78, o dar el sorpasso al socialismo por la izquierda. En Portugal, finalmente fue finalmente como conducen los ingleses, por la derecha, pese a que el código de circulación luso tiene eso prohibido desde 1928.
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