Porque las cosas se arreglan votando. Quiero creer. Y trabajando. Y ganando dinerito. Y ya. Lo demás es engañifa. Y hasta grifa. En Sol y en Ceuta. Y en la casa de usted que tiene casa y en la de usted que no la tiene. Aquí, en esta tierra, piel seca de toro que fue bravo, hubo un tiempo, una arcadia feliz, en que trabajabas y ganabas para un pisito en la capital y otro en la playa. Una arcadia feliz en que los sueldos le ganaban el paso a la vivienda. Quizá algo tuviera que ver el que se construyeran millones de viviendas sociales. Repito, millones. Millones. Y pasamos a ser una nación de propietarios. Todos, mal que bien, éramos propietarios de una vivienda. Lo del alquiler quedaba para estudiantes y para otras aves de paso. Eran otros tiempos.
Ahora con trabajar no basta para comprar una vivienda. Repito, con trabajar no basta. Al menos para la mayoría. La economía está intervenida. Entre el comunismo chino y el comunismo de aquí hemos alcanzado la miseria. Todos condenados a entregar la mayor parte de nuestro sueldo al Estado a cambio de miseria. Millones de personas viviendo de la caridad pública, una administración elefantiásica y ninguna esperanza de bonanza económica. Que si la globalización, que si los inmigrantes, que si los impuestos… conclusión, miserias.
Es evidente que el mundo camina hacia donde camina y esto no lo arreglan ni las derechas ni las izquierdas. La basura, engañifa y grifa, obstruye las venas de nuestra economía. Y, sin embargo, hay que votar. Y remar. Ocho años de políticas socialistas han llevado a que las únicas viviendas que pueden comprar nuestro jóvenes sean tiendas de campaña… al sol. En Sol. Mientras no llueva ahí seguirán, porque al Gobierno todo lo que sea menear el avispero le da esperanzas de continuar en la mamandurria. Torpes esperanzas de empatar en las próximas elecciones, y ahí es donde los jóvenes tienen que votar con la cabeza y decir si quieren cuatro años más de engaños y miseria o prefieren asomarse a la luz de la libertad de trabajar para sí mismos y no para el Estado. Elegir entre seguir interviniendo la miseria o generar abundancia. Y remar. Claro que remar cansa más que poner el cazo.
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