Que el 8 de septiembre salga de gira

Contradicciones

Elvira bn

(Periodista)

11 de septiembre de 2026 a las 09:19h
Actualizado: 11 de septiembre de 2026 a las 09:19h

Hay una tradición del Día de Extremadura que, de tan repetida, corre el riesgo de convertirse en patrimonio inmaterial: el 8 de septiembre se celebra en el Teatro Romano de Mérida. Año tras año. Autoridades, banderas, discursos, medallas, aplausos y el Teatro Romano haciendo de Teatro Romano, que es una tarea que desempeña con una profesionalidad admirable.

No tengo nada contra el Teatro Romano. Todo lo contrario. Es uno de esos lugares que explican Extremadura sin necesidad de micrófono. Pero precisamente porque tenemos la suerte de vivir en una región con escenarios extraordinarios, quizá podríamos permitirnos cambiar alguna vez de decorado.

Porque resulta que tenemos otro teatro romano en Regina Turdulorum, en Casas de Reina. Y otro escenario magnífico en Alcántara, donde el Conventual de San Benito lleva décadas demostrando que un espacio histórico puede acoger un festival de primer nivel. Tenemos Cáparra, con su ciudad romana y ese arco que parece colocado allí por alguien que supiera perfectamente lo que estaba haciendo. Tenemos Guadalupe, Trujillo, Plasencia, Badajoz, Cáceres y una colección de plazas, conventos, castillos y paisajes que podrían contar Extremadura desde perspectivas muy distintas.

Y tenemos, además, una cosa bastante importante: pueblos.

Pueblos que durante el año acogen congresos, fiestas, festivales, ferias, procesiones y todo tipo de actividades con bastante menos presupuesto y bastante más imaginación. Pueblos que saben lo que significa recibir gente y organizarse para que las cosas salgan bien. Pueblos que quizá agradecerían que, por una vez, el acto institucional más importante de la región llegara a su puerta.

¿Por qué el Día de Extremadura tiene que tener una dirección postal permanente?

Podría celebrarse cada año en un lugar distinto. Un año en Mérida, porque Mérida es Mérida y tiene todo el derecho a seguir siendo protagonista. Otro en Regina. Otro en Alcántara. Otro en Cáparra. Otro en el norte, otro en La Siberia, otro en Tierra de Barros, otro en Las Hurdes. Que el 8 de septiembre hiciera las maletas.

Ya sé que aparecerán las razones: protocolo, organización, seguridad, capacidad, tradición, infraestructura. Todas tendrán su peso. Pero ninguna debería convertirse en una excusa para que lo excepcional termine pareciendo obligatorio. Y si para hacerlo hace falta cambiar una norma, se cambia. Si hace falta adaptar un protocolo, se adapta. Si hay que inventar una solución logística, para eso están precisamente las instituciones: para resolver problemas, no para heredarlos.

Además, sería una manera estupenda de recordar algo que a veces olvidamos entre tanto discurso autonómico: Extremadura no es un escenario. Son muchos.

Quizá el próximo 8 de septiembre podríamos empezar por algún sitio distinto. No para quitarle nada a Mérida, que ya tiene bastante con ser Mérida, sino para que los demás tengan también su día.

Tenemos teatros romanos, conventos, plazas, castillos y pueblos enteros esperando turno.

Sólo hace falta que alguien decida que el Día de Extremadura también puede viajar.

Y, francamente, después de tantos años, al Teatro Romano tampoco creo que le parezca mal tomarse unas vacaciones.

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Elvira Galvache

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