La ruptura de negociaciones ayer entre la Confederación Empresarial (CIP) y la UGT portuguesa en la Comisión Permanente de Concertación Social (CPCS) después de nueve meses y 60 reuniones para consensuar un centenar de alteraciones al Código del Trabajo y las nuevas normas que pretende el gobierno conservador de Luis Montenegro aplicar este año -desde que aprobara el documento “Trabalho XXI” el pasado 24 de julio de 2025, conocido como “Pacote Laboral”- conduce al país vecino a una conflictividad que puede desembocar en una Huelga General marcada para el próximo 3 de junio. Ya está anunciada por el secretário-geral de la CGTP (Confederação Geral de Trabalhadores de Portugal) Tiago Oliveira, en la Alameda de Lisboa el pasado primero de mayo y aún sin confirmar por el nuevo líder de la UGT, Mario Mourão, ni en el Centro Deportivo de Jamor en Oeiras ese día, ni ayer después de presentar 22 nuevas propuestas contra las cinco que le ofreció acordar la patronal después de avanzar en la reforma de 130 reglamentos de los 138 que pretende mudar el Gobierno.
La UGT acusa al Gobierno de “obsesionarse” con una reforma laboral innecesaria. El pasado 11 de diciembre les juntó en una primera Huelga de Frente Común que paralizó los servicios públicos (transportes, enseñanza y hospitales), una primera respuesta contra el paquete laboral: “Fue unidos cuando le dijimos un no rotundo el pasado mes de julio al anteproyecto de ley” llegó a ser el compromiso del sindicato socialista a esta nueva invitación a parar la producción del país, que ya cuenta con el apoyo del Partido Comunista: “El paquete tiene que ir al suelo” -afirmó Paulo Raimundo- y del Bloque de Izquierdas de Portugal - “Es inminente la derrota de la reforma” -aseguró José Manuel Pureza- que ayer volvió a instar a Montenegro a que “retire la reforma”. Hasta los liberales de Livre, liderados por Isabel Mendes Lopes y la ultraderecha de Chega, cuyo líder André Ventura considera que “aunque los problemas del país no se resuelven con huelgas generales si no con avances, si fuese votada ahora esta propuesta laboral no contaría con el aval de su partido” se han posicionado en contra; mientras, el Partido Socialista se limita a invitar al ejecutivo a que “deje caer las alteraciones”.
Los salarios no llegan a mitad de mes. Una caneca, la cerveza de medio litro, cuesta cinco euros en Lisboa y una hora de trabajo no va más allá de los 5’30: “No deberíamos escoger entre tener comida en la mesa o estar con nuestros hijos” dijo un sindicalista a Publico después de conocer los cambios en las licencias de maternidad para amamantar a los recién nacidos o el rechazo a que los trabajadores con hijos de hasta tres años quedasen exentos de acudir a trabajar los fines de semana que alberga la ley. El salario mínimo en 2026 está cerrado en 920€ brutos para catorce pagas, es decir 1.073€ mensualizados o 12.880€ al año; el salario bruto medio en 22.588€ anuales, 1.741 en esas catorce pagas, sin contar las extras o el bono mensual alimenticio de 130€ mensuales, es decir, unos 1.882€ cada mes. El salario mínimo en España está en 1.184 al mes o 17.094€ al año y el medio bruto a tiempo completo en 33.000€. Y lo que parece una losa que hunde y pesa al futuro de los portugueses, según el informe de pisos.com, que recogió esta semana Eurostat, durante la década 2015-2025 el precio de la vivienda creció en España un 81%, un exceso respecto al 27% en Francia, aunque aún lejos del 164% en Portugal. Sin embargo, esta misma semana, al finalizar la visita en Berlín al canciller Friedrich Merz, el primer ministro luso se atrevió a afirmar que la situación económica de su país era en este momento mejor que la alemana: “No voy a desistir de los cambios en las leyes del trabajo” -aseguró Luis Montenegro.
Además, si en la hostelería lusa se trabaja una media de doce horas en los días punta, la idea de que aporten a la empresa con un “banco de horas” anulaba hasta la posibilidad de recibir gratificación económica por las horas extras, hasta que esta semana la CIP ya admitía pagar el 50%, compensar el resto con descanso y mantener la formación continua en las mismas horas, excepto para las microempresas que reducirían de 40 a 30 horas mensuales. Hasta para alcanzar a última hora un acuerdo, los empresarios aceptaron la exclusión de los trabajadores con hijos menores para que realizasen esas horas extraordinarias. El pasado 4 y 5 de mayo el Sindicato dos Trabalhadores e de Entidades con Fins Públicos (STTS) convocó una huelga contra estas medidas, para un sector de la Salud donde los médicos “tarefeiros” cobran entre el 40 y el 80% de la nómina gracias a las horas extras. Y el Sindicato dos Enfermeiros Portugueses (SEP) ya ha convocado a otra Huelga Nacional el próximo 12 de mayo contra ese mismo paquete de reformas, el uso y abuso de los turnos suplementarios, y las cargas horarias de entre 14 a 16 horas de servicio.
Los salarios no llegan a mitad de mes
La primera huelga general que vivió la Portugal democrática se celebró el 28 de marzo de 1988 contra la reforma laboral del gobierno de Cavaco Silva que alteraba las reglas para el despido con contratos y que vivió un segundo asalto en 1991 cuando ese gobierno intentó anular la jornada labora de 40 horas semanales. La prevista para el próximo 3 de junio sería la primera huelga general en doce años contra una reforma del código del trabajo por parte del gobierno. Por su parte, Luis Montenegro acusaba a los socialistas de “obstinación y cabezonería” en Viana do Castelo ese mismo primero de mayo y les apelaba a seguir negociando: “He dado muestras de una disponibilidad total -afirmó, asegurando que su ejecutivo ya había llegado a acuerdos en 138 normas sobre la reforma laboral: “Faltan seis -señaló- y tenemos disponibilidad a ceder” en clara referencia a la UGT. Ayer mismo, en un guiño para atraerles al Acuerdo, dejaron caer el rechazo a admitir a los trabajadores despedidos ilegalmente, aunque -según el presidente de la CIP, Armindo Monteiro- las pequeñas empresas necesitan de esa flexibilidad y aceptaban la propuesta ugetista para que se aplicara a partir de los seis meses posteriores al despido. Ni por esa. En la actualidad, el código laboral obliga a las empresas que hayan aplicado un despido colectivo o extingan puestos de trabajo a no poder subcontratar esas tareas (outsourcing) hasta que se cumpliera un año.
En la otra orilla, los analistas más próximos a la patronal lusa siguen defendiendo la necesidad de una reforma: “El tejido empresarial portugués está casi todo formado por microempresas -señalaba esta semana Henrique Monteiro en Expresso. En 2023, el 96’1% de ellas empleaban a menos de diez personas. Grandes empresas hay pocas. Según los criterios del INE y Eurostat, las que emplean 250 trabajadores o más, ocupan menos del 11% del sector empresarial, sin contar con los empleados públicos que alcanzan el 15% de la población activa. Del total general -dice Monteiro- más del 70% trabajan en micro o medias empresas; el 48% con menos de 30 personas y el 96’1 de las microempresas aportan el sustento al 36% de la población”. Ese semanario publicaba en el suplemento económico un artículo a página completa “¿Para qué sirven hoy los sindicatos?”, en el que pone el énfasis en la caída de la tasa de sindicalización desde el 62% en 1973 hasta el 13’9 en 2022 y aunque les reconoce influencia política, intenta adelantarse a la representatividad que pudieran conciliar ante un fracaso de la concertación social. Ya se adivinaba después del rechazo por unanimidad de la UGT a la última versión del paquete laboral el pasado 23 de abril: “Caminho de denuncia e de luta por una vida melhor” rezaba en la pancarta que abría la manifestación del pasado Primero de Mayo: “Nueve meses de negociaciones -dijo Tiago Oliveira, líder de la CGTP- se resume en la encarnación de una telenovela”.
Ahora, a Portugal le toca esperar si esta embarazosa situación termina en niño o niña; si finalmente, la UGT y el Partido Socialista deciden secundar la Huelga General que una parte del país ya sabe que va a inferir al gobierno de la Aliança Democrática de Luis Montenegro… Si es a base de cervezas, habrá quien se beba el sueldo antes de que termine el mes. Ya saben, entre tres y cinco euros en la ciudad que se ha puesto de moda en Europa, Lisboa.
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