La conciliación no siempre empieza al salir del trabajo. En MB3, una consultora tecnológica especializada en analítica de datos y transformación digital de ciudades y territorios, comienza por decidir cómo y desde dónde se trabaja. Más del 90% de sus 160 trabajadores teletrabaja. Además, la empresa permite organizar buena parte de la jornada con flexibilidad, según las necesidades de cada empleado.
«Para nosotros, la conciliación no es una obligación, sino un valor», explica Francisco José Morcillo, CEO de la compañía. En un sector que compite por captar profesionales especializados, la forma de organizar el trabajo se ha convertido, a su juicio, en una herramienta para atraer y retener talento. La empresa defiende que facilitar la vida personal de la plantilla no está reñido con la productividad.
El modelo parte de un horario básico. La mayor parte de la jornada suele concentrarse por la mañana, mientras que las tardes dependen de las circunstancias de cada trabajador. La flexibilidad permite resolver situaciones cotidianas, pero también responder a necesidades familiares que requieren una atención especial. Si un empleado tiene que cuidar a un familiar enfermo, por ejemplo, la empresa adapta su horario.
«No se trata de cumplir un horario concreto, sino de que cada trabajador haga su trabajo», señala Morcillo. La compañía ofrece margen para organizar la jornada y espera que cada profesional responda con responsabilidad. «Conciliación, confianza y compromiso forman un triángulo virtuoso», resume.
Trabajar desde casa, o desde la oficina
El teletrabajo es otra de las piezas centrales de esta organización. Más del 90% de la plantilla trabaja a distancia, aunque la empresa no impone un modelo único. Hay profesionales que consideran que rinden mejor en la oficina y pueden acudir a ella. También hay equipos que prefieren reunirse presencialmente un día a la semana y trabajar desde casa el resto del tiempo.
MB3 tiene presencia en Extremadura, Logroño y Sevilla. Esta distribución permite trabajar con equipos deslocalizados y ofrecer distintas fórmulas según las preferencias y necesidades de los empleados. La empresa sostiene que esa flexibilidad permite mantener la productividad sin renunciar a la conciliación.
El planteamiento responde también a una convicción de su dirección: las medidas funcionan mejor cuando forman parte de la cultura de la empresa y no se adoptan únicamente para cumplir una obligación administrativa. Morcillo anima a otras compañías a analizar qué margen les permite su actividad y a adaptar las soluciones a su realidad.
«La clave está en medir los resultados, no el tiempo», afirma. Para el CEO de MB3, la conciliación exige confiar en los trabajadores y evaluar su desempeño por el trabajo realizado, en lugar de identificar la productividad con las horas de presencia.
La flexibilidad, en definitiva, no significa que el trabajo deje de tener objetivos o responsabilidades. Significa organizarlo de otra manera. En MB3, la empresa vincula esa autonomía a dos propósitos: facilitar la vida personal de sus empleados y reforzar su capacidad para competir por el talento.
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