El Arco de Trajano ha cambiado la piedra por la pasarela. Una alfombra roja, varias filas de sillas y un público que aplaudía cada desfile. La asociación de comerciantes ha convertido este rincón monumental en un escaparate. Los modelos han desfilado con prendas, calzado, joyas y complementos que se pueden encontrar en las tiendas de la ciudad. La moda ha salido a la calle para buscar nuevos clientes.
Quince establecimientos han participado en esta segunda edición de la pasarela urbana. Una iniciativa que pretende acercar los negocios a los consumidores y mostrar una variedad comercial que, en ocasiones, pasa desapercibida para los propios vecinos.
«Salir a la calle y que nos vean desfilar con nuestros tejidos, calzados o joyas es una forma de llegar», explica Rosario Gallego, presidenta de la Asociación de Comerciantes Emérita Augusta. La empresaria considera que el desfile ha dado un salto de calidad respecto a la primera edición. Ha crecido la participación y, sobre todo, ha aumentado el respaldo del público.
El objetivo ahora es mantener la iniciativa en el calendario. «Queremos hacerlo una vez al año», señala Gallego. La asociación aspira a sumar más negocios y conseguir que la pasarela sume cada vez a más comerciantes y espectadores.

La fórmula va más allá de exhibir las colecciones. También busca estrechar la relación entre las tiendas y sus clientes. «Estar en la calle todos es una forma de generar vínculos con los consumidores y comerciantes», apunta. La pasarela permite, además, dar visibilidad a establecimientos que acaban de abrir sus puertas y que encuentran en este escaparate una oportunidad para presentarse ante la ciudad.
La delegada municipal de Comercio y Emprendimiento, Laura Iglesias, defiende precisamente esa capacidad para acercar la oferta local a los vecinos. La responsable del gobierno local destaca el empuje del sector comercial en la ciudad. Ha sabido adaptarse, explica, a las necesidades cambiantes de los consumidores y ha ido especializándose.
Del desfile a las tiendas
Mérida cuenta con una oferta de moda textil, calzado, complementos y joyería más amplia de lo que muchos consumidores imaginan, explica la portavoz del gremio. Por eso se han propuesto darla a conocer. Los comerciantes tienen una agenda de promoción continua y algunos de sus eventos ya se han consolidado en el calendario local.
Los outlets de final de temporada por ejemplo. Sacan todos a la vez a la calle la mercancía que cada uno deja en stock con descuentos atractivos para que el público se mueva entre las tiendas. También se celebra la Fiesta del Comercio, con horarios especiales y actividades para dar a conocer colecciones que se estrenan.

El calendario comercial tiene ahora otra cita en el horizonte. La campaña municipal de bonos al consumo volverá a incentivar las compras a partir de noviembre. El plan contempla bonos de 20 euros para canjear en compras de al menos 40 euros. Cada negocio adscrito dispone de cien bonos que le llegan con una ayuda municipal de hasta 2.000 euros.
El mecanismo es sencillo: el cliente paga la mitad de una compra de 40 euros y el Ayuntamiento aporta los otros 20. Si el importe es de 100 euros y se aplica un bono de 20, el consumidor abona 80. La iniciativa pretende que el dinero permanezca en la ciudad y llegue a los pequeños negocios.
Gallego recuerda que los comerciantes llevaban tiempo reclamando una nueva edición, después de la buena acogida de anteriores campañas. La pasarela y los bonos responden a una misma línea de trabajo del gremio: presentar la oferta local como un abanico variado que se renueva continuamente.
La meteorología también condiciona. En el sector textil, el calzado y los complementos, la llegada del frío suele marcar un punto de inflexión. Cuando bajan las temperaturas, aumenta la demanda de prendas de temporada. Con un verano tan largo en Mérida, el mes de estreno textil ya no es octubre, ahora es noviembre. Mientras tanto, los comerciantes buscan fórmulas para despertar el interés de los consumidores y dar salida a sus colecciones.
En la pasarela que se ha organizado a pie del Arco de Trajano los consumidores han comprobado que detrás de cada escaparate hay propuestas distintas. El reto está en que el interés despertado por la alfombra roja se traduzca después en visitas y compras. Porque la pasarela dura unas horsa, pero el comercio necesita mantener el pulso durante todo el año.
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