Tradiciones de la Semana Santa extremeña más allá de las procesiones

Extremadura conserva aún muchas celebraciones vinculadas de algún modo a la Semana de Pasión, frente a otras ya extinguidas

03 de abril de 2026 a las 09:46h
Día de la Luz de Arroyo de la Luz del Lunes de Pascua. / Ayuntamiento de Arroyo de la Luz
Día de la Luz de Arroyo de la Luz del Lunes de Pascua. / Ayuntamiento de Arroyo de la Luz

Indudablemente, la Semana Santa extremeña presenta atractivos sobrados y diversos para su disfrute, tanto si se vive desde la convicción religiosa como si se contempla desde la admiración por la riqueza y esencia de las procesiones y celebraciones.

A ello contribuye en esfuerzo y la fe cofrade, la categoría y valor de muchas de las tallas religiosas que salen a las calles estos días y, en diferentes lugares, la propia riqueza monumental del recorrido por el que va la procesión, que aporta un escenario único.

Cáceres, Mérida, Plasencia, Jerez de los Caballeros o Badajoz son claros ejemplos de estos tres ingredientes de una Semana que se sitúa a medio camino entre la extrema exuberancia barroca de las manifestaciones andaluzas y la extrema sobriedad de las castellanas.

Pero al lado de estas procesiones, muchas localidades conservan ritos y ceremonias vinculadas a estos días de conmemoración de la muerte y resurrección de Cristo, bien sea por su relación directa o bien por elegirse como fecha alguna vinculada precisamente a esta semana. Otras tradiciones, por desgracia, ya se han perdido.

Lo que sigue no pretende ser un catálogo exhaustivo de estas tradiciones, sino un relato de algunas de las más conocidas (y otras no tanto) por lo que si alguien echa en falta alguna celebración, me gustaría que dejase constancia en un comentario.

  • Empalaos de Valverde de la Vera: seguramente es la tradición más conocida, que data del siglo XVI. En la madrugada del Jueves al Viernes Santo, personas ligadas por una promesa de sacrificio ante Dios recorren de manera individual las calles de la población. Sobre sus hombros un timón de arado amarrado con cuerdas de esparto que también rodean su cintura. Vestido de blanco, con el rostro tapado por un velo sostenido por una corona de espinas, dos vilortas (conjuntos de tres aros metálicos que penden de los extremos del timón de arado van anunciando su llegada, alumbrada por el farol del cirineo. El vía crucis se hace en solitario, y si dos Empalaos se encuentran, se arrodillan uno frente a otro en señal de reconocimiento mutuo. Silencio y respeto son las señas de identidad de esta tradición.
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Empalaos de Valverde de la Vera.
  • Empalaos de Jerez de los Caballeros: aunque con algunas similitudes con los de Valverde de la Vera, los Empalaos de Jerez tienen notables diferencias. Una de ellas es la fecha de inicio de esta tradición. En Jerez es relativamente reciente, ya que la Hermandad responsable (Penitentes del Santísimo Cristo de la Vera Cruz) data de 1984. Sin embargo, comparte con la de Valverde la ‘herencia’ de los ritos de los disciplinantes y flagelantes de la Edad Media, que no faltaban en ninguna población, pero que casi se extinguieron por la prohibición de Carlos III en 1777 (curiosamente es un tipo de ritual también presente en algunas zonas de fe islámica, representado por la Ashura, la autoflagelación que se práctica en Irán, Irak, Líbano…) Otra diferencia es que los Empalaos jerezanos forman parte de una procesión, que sale el Lunes Santos. Finalmente, van descalzos y con grilletes en sus tobillos.
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Empalaos de Jerez de los Caballeros.
  • La Muerte Pelá de Jerez de los Caballeros: Aunque se trata de un paso de Semana Santa que sale en procesión el Viernes, lo citamos por su peculiaridad. Aquí el protagonista no es ni Cristo ni la Virgen, sino un esqueleto en actitud pensante sentado sobre la bola del Mundo, flanqueado por la guadaña, la serpiente y, detrás, una cruz desnuda con sudario. La primera referencia escrita de este paso data de 1688, aunque temporalmente dejó de salir entre 1965 y 1988 tras un devastador incendio en el templo de la Encarnación donde tenía su sede, y que obligó a reconstruir la imagen. En cuanto a la interpretación de tan perturbadora escena, hay varias versiones: la Muerte meditando sobre la muerte de Cristo, la Muerte haciendo valer que nos alcanza a todos o el triunfo de la Cruz sobre la Muerte.

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La Muerte Pelá de Jerez de los Caballeros.
  • La Pasión Viviente de Oliva de la Frontera: Aunque representaciones de las escenas de la pasión, muerte y resurrección de Cristo hay varias, sin duda la de Oliva de la Frontera presenta unas características que la hacen especial. Con medio siglo de antigüedad, lo que más destaca es la participación popular, con cerca de 600 ‘actores’ en liza, que son los propios vecinos del pueblo. Igualmente, la cuidada ambientación, con calles convertidas en zocos, mercados, tabernas… de hace 2.000 años y todos los personajes con ropas de la misma época, lo que da la impresión de haber retrocedido en el tiempo. No menos importante son los diálogos, sacados de los Evangelios con toda la fidelidad que es posible. Ante el espectador, que a la vez se convierte en personaje del drama, desfilan todas las escenas del ritual.
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La Pasión Viviente de Oliva de la Frontera.
  • La Quema del Judas de Cabezuela del Valle: Cada Sábado Santo, esta población del Valle del Jerte se ‘venga’ del traidor Judas Iscariote en un rito festivo en el que participa toda la localidad. Mientras se preparan (y se degustan) platos típicos de la gastronomía regional, el muñeco que representa a Judas es subido a un burro y paseado por las calles, donde recibe abucheos, insultos, burlas y coplas satíricas, hasta que el monigote es colgado y se inicia un ‘juicio público’ con una notable carga de sátira. Al mismo tiempo, se está preparando en La Pesquerona otro ‘Judas’ este de mayor tamaño y que se ha rellenado el día antes con cohetes, petardos y diversos elementos inflamables. Llegado el momento, se prende fuego a este muñeco que arde entre la satisfacción popular por haber vengado la traición a Cristo.
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La Quema del Judas de Cabezuela del Valle. (Asociación de Amigos del Judas)
  • Domingo de los Tiros en Zarza la Mayor: Cuando el Cristo Resucitado aparece en la puerta de la iglesia, confirmando que ha vencido a la muerte, le recibe un nutrido grupo de escopeteros que llenan el ambiente con el estruendo y el olor de la pólvora, haciendo pasillo para que se encuentre con su Madre. Este ambiente de fiesta que implica a toda la localidad representa el encuentro entre madre e hijo en tres reverencias rituales, para emprender camino hacia San Andrés antes del último recorrido que concluirá con cada imagen regresando a su templo.
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Domingo de los Tiros en Zarza la Mayor.
  • La Carrerita de Villanueva de la Serena: otra tradición que, si bien podría encuadrarse como procesión, tiene unas características muy específicas. Originada en el siglo XVIII, simboliza la emoción de un pueblo al ver el encuentro entre una madre y su hijo resucitado. Sale el Domingo de Pascua la imagen de Cristo de las Concepcionistas hacia la plaza de España. Allí espera a la Virgen de la Aurora. Al verse ambos pasos emprenden una carrera entre el gentío para encontrarse. Son cien metros recorridos en unos treinta segundos, que trasladan todo el sentimiento de alegría del día. Con un añadido: los portadores del paso de la Virgen se sortean esa mañana, de manera que no hay ni ensayo ni posibilidad de ajustar el paso entre quienes portan el paso, lo que añade incertidumbre y emoción.
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La Carrerita de Villanueva de la Serena.
  • El Chíviri de Trujillo: La impresionante Plaza Mayor trujillana presta escenario el Domingo de Resurrección a esta celebración popular. Su origen se remonta a principios del siglo XIX y se vincula al rito de final del invierno, muy importante en la tradición ganadera de Trujillo. Ataviados con la vestimenta típica, una colorida exhibición de refajos picados, pañuelos, enaguas, chambras… loas participantes entonan las canciones que acompañan al baile. Su característica más distintiva, además de lo referido, es que se trata de una celebración cien por cien popular y libre. Aquí no hay directrices ni de la autoridad civil ni de la eclesiástica. Son los vecinos los que marcan cómo se desarrolla la fiesta.
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El Chíviri de Trujillo.
  • Día de la Luz de Arroyo de la Luz: El Lunes de Pascua es la fecha escogida para esta conmemoración. Como en otros lugares, su origen (que se remonta al siglo XIII) viene derivado de una leyenda en la que la Virgen de la Luz se aparece en el Pozo de las Matanzas e intercede para ayudar a las tropas cristianas de Alfonso IX para que derroten al ejército musulmán. Tras la procesión y el desfile hasta la ermita, la emoción llega a su punto culminante en la calle Corredera: la adrenalina se dispara cuando los jinetes, individualmente o en parejas o tríos abrazados, azuzan a sus caballos para atravesar el gentío (alrededor de 15.000 personas) a todo galope entre las plazas de San Sebastián y Mayor, para regresar otra vez al inicio. Sobre el por qué de esta celebración hay dos versiones: una es que el galope rememora la persecución a las tropas musulmanas en huida, y otra que recuerda cómo los combatientes corrieron al pueblo para anunciar la victoria.
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Día de la Luz de Arroyo de la Luz. / Ayto de Arroyo de la Luz
  • Procesión de los Faroles de Serradilla: De origen incierto, como en otras tradiciones mantenidas en Extremadura su rasgo distintivo es la participación popular. Se celebra el Viernes de Dolores. Semanas antes, los vecinos han ido elaborando artesanalmente faroles de papel, que durante la noche de la procesión del Viernes llenan de luz las calles de la localidad. Una vez finalizado el recorrido, los faroles se queman en un ritual de purificación que antecede a las penurias que se vivirán durante la semana que entra, hasta la fiesta de resurrección.
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Procesión de los Faroles de Serradilla.
  • La Enramá de Orellana la Vieja: Tradición del Domingo de Resurrección que recoge elementos muy peculiares. Durante la noche del sábado al domingo, o Noche de los Jaramagos, jóvenes del pueblo decoran balcones y ventanas con jaramagos trenzados: retamas, tomillo, flores, palmeras, hojas aromáticas… recogidas en los días previos y que, al margen de la belleza estética que aportan a las calles, perfuman el ambiente de la población. En esta Enramá se mezclan dos ‘intenciones’: de un lado, la Enramá de Pascua, vinculada a la celebración religiosa de la Resurrección; de otra, la Enramá de Gala, previa a la anterior, donde los enamorados decoran la ventana o balcón de la casa donde vive el destinatario o destinataria de su amor. Se dice que, si la pretensión es rechazada, el desairado o la desairada cambian los ornamentos o yerbajos, detalle humorístico netamente extremeño.
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La Enramá de Orellana la Vieja.
  • Romería de Piedarescrita en Campanario: Celebrada el Lunes de Pascua, se data su origen en el siglo XIII, con el hallazgo de la talla de la Virgen. En el lugar donde apareció se levantó en el siglo XV la ermita que es el centro de la fiesta. Caballos, pero sobre todo carrozas son los elementos básicos. Estas carrozas, profusamente decoradas con flores de papel elaboradas de manera artesana durante meses, confieren una singular belleza y colorido a la fiesta. Tras recorrer las calles del pueblo, carrozas y jinetes se dirigen a la ermita de Piedraescrita, en la finca Los Barrancos y, tras la función religiosa, se abre la celebración popular, la romería en sí como jornada de convivencia y degustación de platos típicos de la gastronomía extremeña, que culmina con el famoso jornazo, el postre típico, presente en elaboraciones similares también en puntos como Valencia, Cataluña, Jaen o Asturias…
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Romería de Piedarescrita en Campanario.

 

Las fiestas que se perdieron

Junto a estas tradiciones que perviven hay otras que, por unas causas u otras, se perdieron irremisiblemente. Citaremos algunas.

  • Los Morenos del Castillo de Badajoz: La Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de los Morenos del Castillo tiene su origen hacia mediados del siglo XV y fue fundada por esclavos africanos. A su celebración central, el primer domingo de octubre, día de la Virgen del Rosario, se unían misas y distintas actividades a lo largo del año, y cómo no, en Semana Santa. Se vinculó a Santo Domingo de Silos, que según la tradición liberó a cristianos presos de los musulmanes, quizá porque los esclavos negros de la capital pacense anhelaban la misma intercesión. Su nombre ‘del Castillo’ viene de que la ermita estaba junto a la Alcazaba. Esta ermita fue destruida en la guerra de la Independencia, poniendo fin a la cofradía.

 

  • Los Ramiros de Fuente de Cantos: de origen incierto, aunque se vincula a rituales celtas precristianos, Los Ramiros pervivieron hasta los años 70 del pasado siglo, para luego desaparecer. Desde el mediodía del Sábado Santo y hasta la noche del Domingo de Resurrección, personajes vestidos con ropa de campo (pantalón oscuro de pana y chaqueta también oscura), tocados con un sombrero tipo mascota y con la cara cubierta por una tela de saco, infundían el pavor entre los niños de la localidad. En una mano llevaban un hocino, en la otra un saco donde se apreciaban formas redondas (supuestamente, cabezas de los niños que habían sacrificado), y varios cencerros atados a la cintura iban anunciando su presencia. Al llegar a las casas, llamaban y reclamaban a voz en grito: “¿hay aquí algún niño que se haya portado mal?” El temor de los niños, escondidos en doblados y bajo las camas, era que algún familiar les delatase y Los Ramiros se lo llevasen. De hecho, “ya verás cuando vengan Los Ramiros” era una advertencia reiterada, sobre todo por las abuelas, que hacía palidecer al más travieso. Se supone que era un ritual celta de regreso al infierno de las almas liberadas durante la ‘estación oscura’ que arrancaba en lo que hoy es Halloween, que luego adoptó el cristianismo como que los demonios, que se habían apoderado de la Tierra con la muerte de Cristo, huían apresuradamente llevándose a quien pudiesen cuando presentían que Cristo iba a resucitar.

Otras tradiciones perdidas son, como se ha dicho, la de los disciplinantes o flagelantes, que sólo perviven con Los Empalaos, o los lavatorios civiles, cuando el Jueves Santo la autoridad (alcalde o señor del pueblo) lavaba públicamente los pies a doce pobres en la plaza, como acto de humildad.

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Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

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