Extremadura generó en 2025 unos 31.300 gigavatios hora de electricidad, seis veces lo que consume. Más de la mitad, el 52,4 %, procedió de fuentes renovables, y casi todo el resto salió de Almaraz, que tampoco emite CO₂.
Con ese excedente energético como principal reclamo, la región ha atraído en los últimos años cinco grandes proyectos de centros de datos. El real decreto con el que el Gobierno quiere ordenar el sector puede dejarlos en el aire. Eso frustraría una inversión que la Junta cifra en 7.300 millones de euros a corto plazo y cercenaría una de las posibles vías de industrialización de una región casi huérfana de empresas industriales.

Qué exige el decreto
El borrador, que los ministerios de Transición Ecológica, Transformación Digital y Economía sacaron a audiencia pública a finales de agosto —muy oportuno el mes elegido—, obliga a los nuevos centros de más de un megavatio a cubrir el 80 % de su consumo con renovables.
No vale cualquier energía renovable: tiene que ser adicional y proceder de plantas puestas en marcha, como mucho, 18 meses antes que el centro. Además, hay que acreditarlo hora a hora. Quien no cumpla afronta recargos de hasta el 500 % en los peajes e incluso la pérdida del acceso a la red. Los proyectos en tramitación tendrían entre tres y seis meses para adaptarse. El Gobierno prevé aprobar el decreto en octubre.
«Queremos más centros de datos, pero queremos los mejores», defendió el ministro Óscar López. Pedro Sánchez lo resumió en una tribuna publicada en Bloomberg: España debe «comerciar con bytes, no con vatios». Es una frase lapidaria que suena bien y no dice nada. El problema es que, para Extremadura, la letra del decreto conduce justo a lo contrario de lo que proclama esa sentencia: seguir exportando vatios sin dejar apenas valor añadido en el territorio.
Más renovables en una región con excedentes
La primera exigencia choca con lo que ocurre en Extremadura. Según Aurora Energy Research, en el primer semestre de 2026 España desaprovechó 2,5 teravatios hora de generación renovable por la saturación de la red, un problema que se concentra en provincias como Badajoz y Cáceres.
En el verano de 2025 llegó a quedarse sin aprovechar cerca de una cuarta parte de la generación renovable de la región debido a las restricciones técnicas impuestas tras el apagón.
Cuesta entender que se obligue a un centro de datos a levantar nuevos parques mientras se desaprovecha la producción de los que ya existen. «Es incomprensible que se esté tirando energía renovable y que no nos dejen usarla», resume Emilio Díaz, presidente de la patronal SpainDC. Hasta la asociación de renovables APPA y la de eléctricas Aelec han presentado alegaciones contra la medida.

De noche no hay sol
Cumplir el requisito hora a hora es todavía más complicado. Dos tercios de la generación renovable extremeña proceden de la fotovoltaica, que no produce de noche, y la región apenas tiene eólica. Para cubrir con renovables el 80 % del consumo en cada hora nocturna, solo quedarían las baterías.
El sector calcula que cada megavatio de centro de datos necesitaría unos diez megavatios de generación renovable y almacenamiento. Ismael Clemente, consejero delegado de Merlin, llevó la cuenta al extremo ante inversores en Londres: alimentar 10 gigavatios de centros de datos en 2040 con estas reglas exigiría 120 gigavatios nuevos, casi tanto como toda la capacidad de generación instalada actualmente en España.
Mientras tanto, la electricidad que sostiene el suministro nocturno extremeño, la de Almaraz, no computa, porque el decreto habla de renovables y no de energía libre de emisiones. Es un olvido tan llamativo como intencionado.
El Gobierno justifica la medida por el temor a que el consumo nocturno dispare el uso de gas y encarezca la luz, como ha ocurrido en Irlanda o Estados Unidos, y promete retirar el requisito cuando la generación eléctrica supere el 90 % de renovables.
Pero las escalas no se parecen. En Irlanda, los centros de datos consumen más del 20 % de la electricidad del país; en España, según SpainDC, apenas el 0,8 %, y como mucho llegarían al 3 % en 2030.
Un informe del Banco Santander concluye que ningún gran país europeo exige hoy renovables adicionales a estas instalaciones. El gran atractivo de España es precisamente el sol. Producir energía fotovoltaica aquí cuesta un 25 % menos que la media europea, según Deloitte, y la electricidad supone hasta el 40 % de los costes de un centro de datos. Obligar a cubrir cada noche con baterías se come buena parte de esa ventaja.
En resumen, se trata de un requisito absurdo que toma como ejemplo países que poco tienen que ver con el caso español y, mucho menos, con el extremeño.
¿Y el agua?
Vamos con el otro argumento. Sánchez ha puesto también el foco en el agua. Es legítimo exigir eficiencia, pero en Extremadura los números no justifican la alarma.

Dos de los proyectos extremeños emplean refrigeración seca, con un consumo de agua prácticamente nulo. El resto sumaría unos cinco hectómetros cúbicos al año, aproximadamente el consumo doméstico de una ciudad como Cáceres. Parece mucho hasta que se compara con el agua embalsada.
A 22 de septiembre, las cuencas del Guadiana y del Tajo almacenaban más de 13.000 hectómetros cúbicos, por lo que el consumo previsto no llegaría al 0,04 % de esa reserva. Tiene sentido vigilar el uso del agua cuenca a cuenca, pero tratar a Extremadura, con sus enormes reservas de agua dulce, como a zonas que carecen de esa capacidad de embalse no es de recibo.
Lo que nos jugamos
Los proyectos «vivos» son el campus de Merlin y Edged en Navalmoral de la Mata, diseñado para 1,4 gigavatios y una inversión de 14.000 millones de euros a largo plazo, cuyas obras están pendientes de licencia; su proyecto gemelo de Valdecaballeros, de un gigavatio; Lusitanus, de FRV, en Mérida, con 2.800 millones; CC Green, de Ingenostrum, en Cáceres, con 850 millones; y Nostrum Evergreen, en Badajoz, hoy en manos de la australiana IREN, con 170 megavatios ampliables a 500.
SpainDC asegura que, en toda España, tres promotores con inversiones por valor de 9.000 millones ya estudian marcharse si el texto no cambia. La patronal sostiene que peligra entre el 80 % y el 90 % de los 67.000 millones previstos en España hasta 2030. Entre los destinos alternativos cita Portugal, al otro lado de la raya, y ya anuncia reclamaciones millonarias si se cambian las reglas a mitad de partido.
Para la región no es una cifra abstracta. Solo CC Green prevé 1.200 empleos durante la obra y 200 fijos, y Lusitanus, hasta 2.000 puestos en la construcción. La consejera de Industria, Energía, Ciencia y Territorio, Mercedes Morán, advierte de que Extremadura corre el riesgo de «producir energía limpia para que el valor añadido y el empleo se generen en otros territorios». Es la historia de siempre en una región a la que se quiere condenar a depender de la agricultura y los servicios, sin el impulso económico de la industria.
Distintas realidades
El decreto responde a un problema real, pero ajeno a Extremadura. El Gobierno critica que se hayan concedido 4,1 gigavatios de acceso en Madrid, que duplicarían su consumo, y 3,6 en Aragón, que lo triplicarían.
En Extremadura, el problema es el inverso: sobra energía y falta quien la consuma. Una regla única para todo el país castiga a la región que mejor podría cumplir el objetivo del decreto. El Ejecutivo dice estar dispuesto a suavizarla. En octubre, cuando prevé aprobarla, se verá si iba en serio.
De no ser así, las expectativas de Extremadura quedarían, de nuevo, en papel mojado, y su capacidad para retener el talento —uno de los grandes desafíos de la región— se vería gravemente comprometida.

LOS DATOS | Los empleos que demandan los centros de datos
Un centro de datos genera mucho trabajo mientras se construye y bastante menos cuando entra en funcionamiento. La obra dura entre año y medio y tres años; después queda una plantilla fija más reducida, pero cualificada y estable.
Fase de construcción
- Un centro de datos medio emplea a unos 1.700 trabajadores locales durante la obra, según la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
- Como referencia sectorial, un centro de 100 MW reúne entre 800 y 1.200 trabajadores en el momento de mayor actividad de la obra.
- En Extremadura, CC Green (Cáceres, 300 MW) prevé 1.200 empleos en construcción; Lusitanus (Mérida), entre 1.700 y 2.000.
Profesiones más demandadas:
- Electricistas de media y baja tensión y montadores de cuadros eléctricos y subestaciones.
- Frigoristas y técnicos de climatización.
- Tuberos, soldadores e instaladores mecánicos de circuitos de agua y refrigeración.
- Profesionales de la obra civil: albañiles, encofradores, ferrallistas, gruistas y operadores de maquinaria.
- Montadores de estructuras metálicas y cerramientos.
- Instaladores de sistemas de protección contra incendios.
- Técnicos de telecomunicaciones y fibra óptica.
- Técnicos de puesta en marcha y pruebas, ingenieros, jefes de obra y técnicos de prevención.
Fase de operación y mantenimiento
- Un centro de datos medio mantiene unos 160 empleos locales al año, según la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
- En los grandes campus, la referencia es de entre una y dos personas por megavatio.
- En Extremadura, CC Green prevé 200 empleos fijos y Lusitanus, más de 120.
Profesiones más demandadas:
- Técnicos de mantenimiento eléctrico de instalaciones críticas: subestaciones, sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI) y generadores.
- Frigoristas y técnicos de climatización y refrigeración líquida.
- Técnicos de centros de datos para el montaje de servidores, el cableado y la sustitución de equipos.
- Técnicos de redes y comunicaciones.
- Operadores del centro de control, que vigila la instalación las 24 horas.
- Especialistas en ciberseguridad.
- Vigilantes y personal de seguridad física.
- Ingenieros de instalaciones críticas y jefes de planta.

EL PROCESO | Cómo funciona un centro de datos
Un centro de datos es una nave llena de ordenadores encendidos día y noche. Casi toda la electricidad que consumen acaba convertida en calor, así que su funcionamiento se resume en dos tareas: recibir energía sin cortes y evacuar el calor.
Paso a paso
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Conexión a la red. La electricidad llega por una línea de alta tensión, de 220 o 400 kilovoltios, a una subestación propia que reduce la tensión. El campus de Valdecaballeros, por ejemplo, se conectaría a la subestación de 400 kV.
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Distribución y respaldo. Los transformadores internos bajan la tensión para las salas. Si falla la red, unas baterías (SAI) toman el relevo en milisegundos y los generadores arrancan en segundos. Nostrum Evergreen proyecta 67 generadores y 66 depósitos de combustible de 30.000 litros.
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Salas de servidores. Los ordenadores se apilan en armarios (racks) que albergan servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de red. Un armario tradicional consume entre 5 y 15 kilovatios; uno destinado a inteligencia artificial puede superar los 100.
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Refrigeración interior. El calor se recoge mediante aire frío que circula por pasillos fríos y calientes o, en los equipos más potentes, mediante un líquido que pasa por placas pegadas a los chips. Ese líquido circula por un circuito cerrado que apenas pierde agua.
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Expulsión del calor. El circuito cerrado cede su calor al exterior mediante enfriadoras, aerorrefrigeradores secos —que no consumen agua, pero requieren más electricidad— o torres evaporativas, que enfrían mediante la evaporación de agua. Cuando la temperatura exterior es baja, se aprovecha el aire de fuera (free cooling).
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Conectividad. Al menos dos rutas independientes de fibra óptica conectan el centro con el resto del mundo.
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Control y seguridad. Un sistema de gestión vigila las 24 horas la temperatura, el consumo y las averías. Los sistemas esenciales están duplicados para evitar interrupciones del servicio.
Cifras clave
- Energía: un centro de 100 MW funcionando a pleno rendimiento durante todo el año consumiría 876 GWh, una sexta parte de la demanda eléctrica de Extremadura y el 2,8 % de lo que se produce en la región.
- Eficiencia energética: el PUE, que relaciona la energía total consumida con la utilizada por los equipos informáticos, rondaba entre 1,3 y 1,4 en los centros antiguos y se sitúa entre 1,2 y 1,25 en los actuales. El decreto exige 1,15.
- Agua: la media del sector ronda los 1,8 litros por kWh. Con aerorrefrigeradores secos, el consumo es casi nulo.
- Respaldo: baterías para cubrir segundos o minutos de interrupción y generadores para horas o días.
- Densidad: de 5 a 15 kW por armario en centros tradicionales y más de 100 kW en los destinados a inteligencia artificial.
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