El parque de turismos extremeño alcanzó en 2025 una edad media de 16,6 años, dos por encima de la media española, que es 14,6. Son tres décimas más que en 2024. Solo Ceuta y Melilla, con 17,9 años, Castilla y León, con 16,9, y Galicia, con 16,7, arrastran flotas más viejas que la extremeña, según el Informe Anual de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), elaborado por Ideauto a partir de los registros de la DGT. Madrid, en el extremo contrario, se mueve en 11,3 años.

Eso es lo que se ve al salir a la calle. Lo que no se ve está en el barómetro que la propia Anfac cerró a 30 de junio de 2026, y apunta casi en dirección contraria: Extremadura es la quinta comunidad de España en desarrollo de la infraestructura de recarga, con 20,1 puntos sobre 100 frente a los 15,4 de la media nacional. Por delante solo Castilla y León, Cantabria, Navarra y Asturias.
En recarga rápida (la de 50 kilovatios o más, la que permite repostar en minutos y no en horas) la región es cuarta.

Coches que no se jubilan
En el conjunto de España, la mitad de los 26,7 millones de turismos que circulan supera ya los 15 años y casi tres de cada diez (7,75 millones de unidades) han rebasado los veinte. Ese último tramo, el de los coches sin etiqueta ambiental y casi sin recambios, creció un 7,1% en un solo año.
El desglose autonómico de ese mismo informe sitúa a Extremadura entre las ocho comunidades donde más del 70% de los turismos en circulación supera la década. Y el problema no está tanto en los coches que hay como en los que no entran. En 2023 se matricularon 8.771 turismos en la comunidad, casi un 40% por debajo de las 14.102 unidades previas a la pandemia, según los datos que Faconauto manejaba al proponer un plan regional de achatarramiento.
Después ha habido recuperación, pero corta: en los siete primeros meses de 2026 se matricularon 6.652 vehículos, un 13% más que un año antes, con 1.115 turismos solo en julio.
A ese ritmo no hay renovación posible en una década. José López-Tafall, director general de Anfac, lo resumía este mes al presentar los datos nacionales: “Mientras algunas comunidades están renovando su parque con mayor intensidad, otras continúan acumulando vehículos cada vez más antiguos”. El directivo insiste además en que la entrada de vehículos nuevos 2no solo es una cuestión de descarbonización, también supone mejorar la seguridad vial, reducir el consumo energético y facilitar el acceso de los ciudadanos a las nuevas tecnologías de movilidad”.
Pero pasan la ITV
La temida Inspección Técnica de Vehículos deja un dato que sorprende. La estadística de vehículos rechazados no se publica desagregada por comunidades (ni el Ministerio de Industria ni la patronal AECA-ITV ofrecen ese detalle territorial), pero sí hay cifras regionales de cumplimiento. La última campaña de lectura automática de matrículas de la DGT en vías interurbanas detectó que un 3,6% de los vehículos que circulaban por Extremadura no tenía la ITV en vigor: 3,6% en Badajoz, 3,7% en Cáceres, frente al 5,3% nacional. Coches viejos, sí, pero pasados por la nave con más disciplina que la media española.
Lo que ocurre dentro de esa nave es otra cosa. En España, el 19% de los vehículos inspeccionados en 2025 no superó la prueba, según el balance que AECA-ITV presentó en junio; entre los turismos, el 18%. Los fallos graves más frecuentes son alumbrado y señalización (23%) y emisiones (22%), la única categoría que sigue creciendo.
Es el perfil de avería de un coche de dieciséis años. Y los vehículos que llegan a la ITV con más de un año de retraso tienen una edad media de 19,3 años y un 65% más de riesgo de acumular defectos graves que, obviamente, se trasladan a la carretera.
Pocos eléctricos
¿Y cómo andamos de electrificación del parque móvil? Pues mal. Solo el 0,8% del parque de vehículos extremeño está electrificado (eléctricos puros e híbridos enchufables) frente al 2,4% de la media española. Por debajo, únicamente Ceuta y Melilla, con un 0,6%. Madrid, en cambio, concentra cuatro de cada diez vehículos electrificados de toda España y alcanza una cuota interna del 5,7%.

El barómetro de Anfac permite afinar. En penetración del vehículo electrificado, Extremadura obtiene 34,5 puntos sobre 100 frente a los 38,3 de España: decimosexta de dieciocho territorios.
Pero el subíndice que mide los electrificados sobre el mercado total (qué porcentaje de lo que se vende es enchufable) coloca a la región en 37,9 puntos, por encima de la media nacional. Lo que la hunde es el otro, el que relaciona los eléctricos con la población en edad de conducir: 28,8 puntos frente a 35,3. Es decir, que cuando un extremeño compra coche cada vez es más probable que lo compre enchufable. El tema es que compra poco.
Queda un tercer indicador, el de vehículo eléctrico puro sobre el total del electrificado, y ahí Extremadura se queda en 44,9 puntos, la peor cifra de todas las comunidades autónomas y lejos de los 59,1 de España. Cuando el extremeño se enchufa, lo hace a medias: elige híbrido enchufable antes que eléctrico de batería, lo previsible en un mercado que todavía no se fía de la autonomía.
Téngase en cuenta que en Extremadura no hay megalópolis, y la población anda dispersa por un territorio de 42.000 kilómetros cuadrados. No es lo mismo fiar tu desplazamiento a la autonomía en movimientos urbanos que hacerlo desplazándote entre poblaciones muy distantes, donde quedarse ‘sin batería’ es un problemón.
Una buena red de recarga
Y sin embargo, la red está. A 30 de junio de 2026 Extremadura contaba con 1.316 puntos de recarga de acceso público operativos, frente a los 1.164 con los que cerró 2025: 152 puntos nuevos en seis meses, un 13% más.

Además, cuenta más la potencia que el número. De esos 1.316 puntos, 498 tienen 50 kilovatios o más (el 38% del total regional), cuando en el conjunto de España esa proporción se queda en el 28%.
Y 176 son de recarga ultrarrápida, de 250 kilovatios en adelante, la que resuelve una parada en poco más de diez minutos. En un territorio de largas distancias y baja densidad, la apuesta por la alta potencia tiene una lógica evidente.
En puntos de recarga por población motorizable, Extremadura obtiene 23,5 puntos sobre 100 frente a los 20,1 de España, séptima del ranking. Y el indicador global de electromovilidad, que combina mercado e infraestructura, la sitúa en 27,3 puntos, por encima de la media nacional, que se queda en 26,9: noveno puesto de dieciocho, empatada con la Comunidad Valenciana y por delante de Baleares, País Vasco, Galicia, Madrid o Andalucía.

Con una salvedad importante. De los puntos instalados en la región, 425 estaban fuera de servicio a cierre de junio (averiados, en mal estado o sin conexión a la red de distribución), un 24,4% del total, ligeramente por encima del 23,9% nacional. Uno de cada cuatro cargadores extremeños figura en el mapa y no carga.
Volvemos al punto abordado antes: si vas bajo de batería, con las distancias que hay en la región, te la juegas a una posibilidad entre cuatro de que la ‘electrolinera’ en la que piensas cargar no funcione, ¿y entonces?
Un nuevo plan
Sobre este cuadro aterriza el Programa Auto+, sustituto del Plan MOVES, que el Ministerio de Industria y Turismo abrió el 4 de agosto con 350 millones de euros para particulares (dentro de una dotación de 400 millones para 2026) y con carácter retroactivo desde el 1 de enero.
Las ayudas llegan a 4.500 euros para turismos de particulares y 6.000 para autónomos y pymes, más un descuento obligatorio de otros 1.000 euros en factura, y se reparten según la llamada fórmula EEE: eléctrico, económico y europeo, con exclusión de los coches que superen los 45.000 euros antes de impuestos.
El diseño encaja con el objetivo industrial del Plan España Auto 2030, del que el programa forma parte. Tiene, eso sí, una consecuencia poco discutida en regiones como Extremadura: el Auto+ exige etiqueta CERO y no contempla achatarramiento.
Rejuvenece el parque por arriba, incorporando coches nuevos, sin retirar por abajo los que arrastran veinte años. Donde el precio de un eléctrico sigue muy por encima de la capacidad de compra de buena parte de los hogares, el efecto sobre la edad media puede ser modesto. Marta Blázquez, presidenta de Faconauto, lo formulaba así al conocerse los datos de antigüedad por comunidades: “Retirar los vehículos más antiguos y facilitar su sustitución debe formar parte de una estrategia estructural, no de respuestas aisladas”.
Los enchufes, en Extremadura, se han adelantado a los coches. Es una posición rara y no necesariamente cómoda: una red de 1.316 puntos que apenas se usa se avería, envejece y desanima a quien tendría que financiar la siguiente tanda, y los 425 cargadores fuera de servicio son ya un aviso.
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