En Monfragüe, la conservación del bosque también exige intervenir sobre la fauna que lo habita. La Junta de Extremadura volverá a controlar las poblaciones de ciervos y jabalíes durante los próximos dos años para vigilar la tuberculosis y aliviar la presión que estos animales ejercen sobre la vegetación. El nuevo encargo a la empresa pública Tragsa asciende a 234.775 euros y llega después de que la propia Administración reconociera que los controles anteriores no habían logrado reducir significativamente la densidad de ungulados.
El Consejo de Gobierno autorizó la actuación el 27 de octubre. El trabajo incluye mantener las cercas de manejo, capturar ejemplares, tomar muestras para su análisis y gestionar los restos biológicos. También contempla la recogida de animales y las medidas de seguridad necesarias. El 75% de la financiación procede de fondos europeos vinculados a la política agraria comunitaria; el resto corre a cargo de la Junta.
La intervención tiene dos frentes. Uno es sanitario: conocer mejor la presencia de tuberculosis en la fauna silvestre. El otro es ambiental: evitar que una densidad excesiva de herbívoros frene la regeneración del bosque mediterráneo. Cuando ciervos y jabalíes consumen de forma continuada los brotes y las plantas jóvenes, encinas y alcornoques encuentran más dificultades para renovar el arbolado. El equilibrio del parque depende también de esa regeneración.
El jabalí, el más afectado
La preocupación sanitaria viene de atrás. El programa de acción selectiva aprobado en noviembre de 2024 advertía de una elevada incidencia de tuberculosis en Monfragüe y su entorno. Señalaba al jabalí como la especie más afectada y como un importante vector de propagación de la enfermedad.
Los estudios anteriores permiten poner cifras a esa alerta, aunque no describen la situación actual. Un trabajo de 2019, recogido en el plan de acción aprobado en 2021, situó la seroprevalencia media en el 40% de los jabalíes y el 10% de los ciervos analizados. El mismo documento registró lesiones compatibles con tuberculosis en el 22% de los jabalíes y el 1,16% de los ciervos, según datos de decomisos.
Son referencias históricas, no porcentajes actuales. Además, la presencia de anticuerpos o de lesiones compatibles no confirma por sí sola una infección activa en cada animal. Por eso, el seguimiento sanitario necesita muestras que permitan conocer mejor el estado de las poblaciones. El programa de 2024-2025 establecía que se analizaran ejemplares de al menos una cuarta parte de las capturas, con un mínimo de cuatro.
Un bosque bajo presión
La enfermedad no es la única señal de alarma. El ramoneo de ciervos y jabalíes daña los brotes y las plantas jóvenes, reduce sus posibilidades de crecimiento y dificulta la regeneración natural de encinas y alcornoques. El programa anterior advertía de una presión excesiva sobre la vegetación leñosa: el bosque necesita que los árboles jóvenes lleguen a crecer, no solo que los ejemplares adultos resistan.
Las estimaciones utilizadas para el programa de control de 2024-2025 calculaban 2.260 ciervos y 933 jabalíes. Sus objetivos eran capturar 430 ciervos y 467 jabalíes.
La Junta reconoció que los esfuerzos realizados no habían conseguido reducir significativamente la densidad. Por eso en enero de 2026 amplió excepcionalmente hasta marzo el plazo para planificar las batidas, porque todavía no se habían alcanzado los cupos mínimos previstos. La resolución también tuvo en cuenta las medidas preventivas frente a la peste porcina africana.
El nuevo encargo prolonga la intervención hasta 2027 y deja abierta la cuestión decisiva: si los controles lograrán contener la presión sobre el bosque y ofrecer una imagen más precisa de la situación sanitaria de la fauna. En Monfragüe, proteger el paisaje exige cuidar tanto lo que crece como el equilibrio de los animales que viven en el parque.
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