Más de 50 operarios vigilan el Guadiana para impedir que el camalote vuelva a invadir el río

Las cuadrillas en el agua evitan la proliferación porque las semillas pueden mantener su capacidad de germinación durante más de veinte años

21 de octubre de 2026 a las 09:00h
Trabajos en las orillas del río Guadiana entre la desembocadura del Zújar y la frontera con Portugal. / AG
Trabajos en las orillas del río Guadiana entre la desembocadura del Zújar y la frontera con Portugal. / AG

El camalote ha perdido terreno en el Guadiana, pero la batalla no ha terminado. Más de cincuenta operarios vigilan ahora el río para detectar nuevos brotes y evitar que esta planta invasora vuelva a extenderse. La guardia sigue en alto. Cada ejemplar cuenta y cualquier descuido puede abrir la puerta a una nueva proliferación.

Así lo explicó Nicolás Cifuentes de la Cerra, comisario de aguas adjunto de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), durante una conferencia en la semana de la ciencia en Mérida. Las grandes manchas se han reducido, pero el peligro no ha desaparecido. El trabajo continúa con un objetivo claro: detectar el camalote a tiempo y cortarle el paso antes de que vuelva a colonizar el cauce.

El último informe de seguimiento de la Confederación, fechado el 15 de mayo de 2026, da cuenta de esa amenaza persistente. Con el final de las heladas y la subida de las temperaturas, en abril comenzaron a aparecer nuevos ejemplares. Las brigadas encargadas de los trabajos los localizaron y retiraron manualmente. La primavera volvió a recordar que el camalote tiene una capacidad de reproducirse muy alta. El representante de la Confederación explica que los equipos en el río llevan ya veinte años conviviendo con esta búsqueda. Identifican los primeros brotes minúsculos que pasan desapercibidos para cualquiera. También destacó el sistema de barreras que se ha puesto en la cuenca. Es la mejor forma, explica, de ver qué tipo de masa vegetal arrastra la corriente.

Una amenaza que permanece bajo el agua

A día de hoy, advirtió, permanece casi oculto para la mayoría de los usuarios del río, pero sigue reproduciéndose. El camalote lo hace mediante estolones, que favorecen su expansión, pero también a través de semillas. Un estudio de la Confederación sobre el banco de semillas detectó su presencia en el Guadiana y recoge que, según la bibliografía científica consultada, algunas pueden conservar su capacidad de germinación hasta 28 años.

El río puede parecer limpio y, sin embargo, guardar el germen de una nueva invasión. Por eso, arrancar las plantas visibles no basta. Hay que volver a inspeccionar las zonas sensibles, localizar los ejemplares que reaparecen y retirarlos antes de que se multipliquen. La vigilancia se convierte así en la primera línea de defensa.

La estrategia de la CHG ha ido más allá de la extracción. La CHG reforzó la prevención, la alerta temprana y el control de las semillas. El objetivo es adelantarse al problema y evitar que el camalote vuelva a conquistar los tramos recuperados. La clave está en actuar cuando los focos todavía son pequeños, explicó Cifuentes.

Las grandes manchas de camalote que llegaron a cubrir extensos tramos del Guadiana, se han reducido de forma drástica tras años de actuaciones. Sin embargo, los nuevos brotes impiden dar la batalla por ganada.

La dimensión del problema ayuda a entender el esfuerzo. La documentación de planificación hidrológica de la CHG sitúa en 186 kilómetros el tramo afectado por esta especie, entre la desembocadura del Zújar y la frontera con Portugal.

El jacinto de agua, como también se conoce a esta especie exótica invasora, no es solo una mancha verde sobre la superficie. Cuando forma alfombras densas, impide que la luz penetre en el agua y puede reducir el oxígeno disponible. El equilibrio del ecosistema queda entonces en jaque, con consecuencias para otras especies acuáticas.

Los avances pueden ser reversibles 

La lucha contra el camalote ha demostrado, además, que los avances pueden ser reversibles. El propio historial de la Confederación recoge episodios anteriores en los que, tras periodos de control, la planta volvió a proliferar cuando disminuyeron los medios de vigilancia o se dieron condiciones favorables para su expansión. La experiencia refuerza una idea: retirar las grandes manchas es solo una parte del trabajo. Según Cifuentes, años de vigilancia y control se pueden perder en pocos meses sin vigilancia porque se descontrola con la reproducción.

Los más de cincuenta operarios desempeñan así una tarea que va más allá de limpiar el cauce. Su vigilancia busca adelantarse al problema, encontrar los focos incipientes y frenar su expansión. Cada rebrote eliminado es una oportunidad para evitar que el río vuelva a quedar bajo una alfombra vegetal.

El Guadiana ha dejado atrás buena parte de las grandes manchas que marcaron los años más duros de esta lucha. Pero la erradicación definitiva sigue siendo un horizonte lejano. Mientras queden semillas capaces de germinar y ejemplares que puedan prender de nuevo, habrá que mantener la guardia. La batalla ha cambiado de escala, no de objetivo: impedir que el camalote vuelva a adueñarse del río.
 

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Sobre el autor

Antonio Gilgado

Periodista

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