Las lluvias del último trimestre garantizan siete años de agua para el regadío extremeño

La precipitación acumulada desde octubre de 2025 supone un incremento del 50% sobre un año hidrológico normal

15 de febrero de 2026 a las 12:24h
Desembalse de la presa de La Serena, en Vegas Altas, esta semana. / LP
La Serena desembalsando este lunes por la mañana. / CHG

Alice, Benjamín, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Gorettí, Harry, Ingrid, Josehp, Kristin, Leonardo, Marta, Nils, Oriana y, ahora, Pedro. No es el santoral, son los nombres de las borrascas que han sacudido Extremadura desde octubre, dejando lluvia, mucha lluvia, y también mucho viento. 

Apenas un tercio de año hidrológico, y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ya ha gastado casi todas las letras del alfabeto para nominar borrascas. 

Por empezar con datos generales (Cuadro 1), entre noviembre y febrero, Extremadura ha recogido de media 447 litros por metro cuadrado, un 40% por encima de lo normal. Pero si lo que tomamos es el año hidrológico, que empieza en octubre, el superávit de lluvia es del 50%, con un total recogido de 477 litros por metro cuadrado.

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Cuadro 1. Lluvia acumulada.

Algunos de estos fenómenos anómalos ya han quedado en nuestra memoria, como Claudia, Emilia o Leonardo, por su gran impacto, pero lo que más va a quedar de este episodio, que aún no ha terminado, es la sucesión de días sin ver el sol, algo muy poco habitual por estas tierras. 

La parte buena 

Como todo, hay su parte buena y su parte mala. Ya lo dice el dicho-tópico: nunca llueve a gusto de todos. 

Empecemos por lo bueno. Hace ahora un año, los embalses extremeños acumulaban un total de 8.184 hectómetros cúbicos, es decir, estaban a menos del 57% de su capacidad. 

Ahora acumulan 12.560 hectómetros cúbicos, casi el 87% de su capacidad, lo que supone un incremento de 4.400 hectómetros cúbicos. (Cuadro 2) 

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Cuadro 2. Incremento de los embalses.

Y no, no veníamos de un año seco precisamente (recordemos las borrascas con que arrancó 2025): si miramos los datos de la media de los últimos diez años, resulta que a estas alturas lo normal es que los embalses de la región estén al 52,5%, esto es, 34 puntos por debajo de lo que hay ahora. 

¿Por qué esto es bueno? En primer lugar, porque se garantiza el suministro para consumo humano durante una larguísima temporada, tan larga como 270 años sin que lloviese. A ver, esto no es así, es un cálculo que parte de que el consumo de agua de los hogares extremeños ronda los 47 hectómetros cúbicos al año, pero claro, hay otros consumos, como regadío o aprovechamiento hidroeléctrico, que tienen mucho más impacto en las reservas. 

El embalse del Cíjara desembalsando agua en la actualidad. / CHG
El embalse del Cíjara desembalsando agua en la actualidad. / CHG

Aclaremos también que el aprovechamiento hidroeléctrico no se considera ‘consumo’ (aunque vacíe pantanos) puesto que el agua vuelve al río (uso no consuntivo), lo que no obvia que esa agua ya no podrá ser aprovechada para otros usos del pantano que se vacía, como cuando en 2023 se desembalsaron 600 hectómetros cúbicos nada menos en un solo trimestre para producir electricidad con los embalses del Tajo. 

Lo que sí se considera consumo, lógicamente, es el uso para regadío, pilar fundamental de la economía extremeña y generador de riqueza en ambas cuencas. (Cuadro 3) 

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Cuadro 3. Impacto en el regadio.

Aquí el consumo medio por año es de 1.780 hectómetros cúbicos. Traducido a años, si no lloviese, Extremadura podría seguir abasteciendo a todos sus regadíos durante siete años sin ningún problema. 

La parte mala 

Al margen de la tristeza que puede darnos pasar días y días de lluvia y viento sin ver apenas el sol, la sucesión de borrascas, sobre todo las que han traído asociados episodios de alerta meteorológica por lluvia o viento, han dejado cuantiosos daños. 

Con vientos de hasta 130 kilómetros por hora y lluvias de 100 litros por metro cuadrado en apenas 12 horas, Claudia, Kristin (sobre todo), Emilia y Leonardo nos han tenido en vilo, con días sin colegio, con recomendaciones de no salir, con muchísimas actividades paralizadas (agricultura, construcción, hostelería…) y daños de muy diverso tipo y aún no evaluados. 

Es muy complicado hoy por hoy hacer una evaluación de daños. Lo que sí es significativo es que desde el Gobierno se haya activado el mecanismo de ‘Zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil’ (zona catastrófica). 

Coria continúa en nivel 2 de alerta este viernes, 13 de febrero, debido a la persistente crecida del río Alagón. / LP
Imagen de Coria esta semana debido a la persistente crecida del río Alagón. / LP 

Por un lado, habrá que evaluar daños en infraestructuras (carreteras, calles, parques, edificios de servicio público…), a lo que se añadirían los daños en vehículos y viviendas privadas. La suma será a buen seguro de cientos de millones de euros (sólo hay que ver el estado en el que han quedado muchas carreteras, que son hoy puro bache). 

Pero hay otros daños que son más difíciles de evaluar, y no por ello son menos relevantes. En muchos de nuestros campos, anegados, no sólo se ha perdido lo sembrado (o directamente no se ha podido entrar a sembrar) sino que muchísimos árboles y arbustos han sufrido y sufren el efecto de un terreno encharcado durante semanas, que ha favorecido la proliferación de enfermedades y contagios por hongos en la raíz, matando el árbol. 

Porque, además, llueve sobre mojado (otra frase-tópico): el año pasado, en marzo, la sucesión de las borrascas Jana, Konrad, Laurence y Martinho. Entonces, la Junta de Extremadura aprobó una partida de 7 millones para municipios y entidades locales menores (DOE del sábado 5 de abril de 2025) y los agricultores hablaban de decenas de millones en daños. 

Carretera llena de agua como consecuencia del temporal. / LP
Carretera llena de agua como consecuencia del temporal. / LP -

Hoy no se sabe cuánto será la ‘factura’ del tren de borrascas (paradójico para una tierra con un tren de tercera), pero a nivel nacional ya se habla de 2.500 millones de euros en pérdidas para el campo, centradas en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, sobre todo. 

Pero hay otros sectores afectados. La hostelería ha visto caer en picado su negocio porque los días no estaban como para andar (o directamente estábamos en alerta por lluvia y viento y tomar una caña se convertía en deporte de riesgo). 

Igualmente, la construcción ha visto muy ralentizada su actividad, con el consiguiente sobre coste de las actuaciones previstas. 

Todo ello deberá ser ahora evaluado para unas ayudas que deberían ser ágiles, porque es ahora cuando agricultores, empresas y familias necesitan reponer lo dañado hasta donde se pueda, no dentro de dos o tres año. 

Paseo fluvial en la margen izquierda junto al Puente Real inundado por la crecida de Guadiana. / LP
Paseo fluvial en Badajoz en la margen izquierda junto al Puente Real inundado por la crecida de Guadiana. / LP 

Ah, no olvidemos otra consecuencia negativa de estas borrascas. Aquí entraría el ‘olvido’ por parte de la Administración de las obras necesarias para garantizar el suministro de agua en determinadas zonas, donde la falta de agua es un problema estructural. 

El ejemplo más palmario sería la comarca de Tentudía, donde CHG reconoce un déficit estructural por la escasa capacidad del pantano (apenas 5 hectómetros cúbicos). Hace una década se aprobó en el Plan Hidrológico una nueva presa (El Bujo) con capacidad para 15 hectómetros cúbicos. Pasó entonces la alerta por sequía y el expediente fue al cajón (más bien a la basura). Hace cuatro años se repitió la situación (embalse al 17% y restricciones de agua) y se acordó una conexión con el embalse de Los Molinos como ‘obra de emergencia’. Hoy nada se sabe. Lo último es que desde el Gobierno se dijo que la obra estará acabada… en 2030 como pronto. Es una obra de emergencia, está claro. 

Ahora ha llovido y la presa se ha llenado. La obra otra vez al cajón 

 



 

LOS SEIS MONSTRUOS 

 

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De entre todos los embalses extremeños, seis destacan sobre el resto por su capacidad. Se trata de las presas de Alcántara y Valdecañas en la cuenca del Tajo y Cíjara, García Sola, La Serena y Orellana en la del Guadiana. 

3.2

Entre todas han sumado nada menos que 2.723 hectómetros cúbicos de reservas de agua en este episodio de borrascas. La mayor parte de estas presas cuentan con aprovechamiento hidroeléctrico, con lo que además de garantizar agua para regadíos, han podido turbinar si problemas para generar energía en estos últimos meses. 

¿Ha bajado eso el precio de la luz? Pues no: en octubre de 2025 la media era de 109 €/MWh, y ahora está en 112 €/MWh. 

Un último apunte, sobre la presa que nunca se llena (hasta Alqueva ha soltado agua). Se trata del embalse de Alange: pese al agua caída está en apenas el 50% de su capacidad, con un incremento de 150 hectómetros cúbicos. No parece que vaya a llenarse jamás. 

 

 

 

 

 

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Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

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