Jesús Solís Bote perdió por completo la visión después de convivir desde niño con una miopía magna y sufrir diversas complicaciones oculares. Tras años desplazándose con bastón, decidió dar un paso que exigía confianza y preparación: solicitar un perro guía.
Hoy, Urma lo acompaña por las calles de Badajoz y ocupa un lugar propio en su familia.
Con el arnés puesto, ella sortea obstáculos y le ayuda a caminar con seguridad; en casa, comparte juegos con su hija. En esta entrevista, Jesús cuenta cómo se construye ese vínculo y qué supone confiar la movilidad a un animal. También reclama más civismo y respeto para que una acera ocupada o una negativa en un transporte no limiten su autonomía.
-Jesús, usted no tienes visibilidad alguna, ¿verdad?
-Cero, cero.
-¿Esa falta de visión es de nacimiento o ha sido un proceso progresivo?
-Tenía miopía magna desde pequeño, lo que conlleva una degeneración macular. Posteriormente sufrí un traumatismo y perdí la vista del ojo por el que más veía. Intentaron arreglar la poca visión que me quedaba en el otro ojo con la retina, pero cogió glaucoma y también se perdió. Ciego total, aproximadamente desde 2012 o 2013; el traumatismo fue en 2011.
-Y después de perder la visión, ¿en qué momento te planteas tener un perro guía?
-Nadie puede tener un perro guía sin pasar antes por los procesos establecidos por la ONCE. Primero, un Técnico de Rehabilitación Visual (TRB) te enseña a usar el bastón y se elabora un Plan Individualizado de Atención (PIA) según tus necesidades de movilidad o estudio. La movilidad previa con bastón es un paso indispensable. Estuve unos 8 años haciendo vida normal con el bastón antes de dar el paso de solicitar un perro.
-Cómo fue dar el salto a solicitar el perro guía?
-No es fácil asimilar que un animal te va a guiar por la calle y fiarte al 100% de él. Mi esposa y mis amigos me animaban a pedirlo. Cuando me vi preparado psicológicamente y con fuerzas para asumir esa responsabilidad, lo solicité en mayo de 2021. Fiarte del perro es un salto al vacío, pero una vez que estás en ese vacío y confías en él, pagaría por tener un perro guía sin duda alguna.
-¿Cómo es el proceso de evaluación y asignación?
-Te hacen un examen para verificar que no tienes enfermedades contraproducentes y evalúan tu velocidad de paso, altura, manejo y necesidades del entorno. No es lo mismo vivir en una ciudad costera o grande como Madrid que en Badajoz. Tampoco es lo mismo una persona nerviosa o corpulenta que una delgada o tranquila; el perro debe encajar con el perfil físico y temperamental del usuario.

-¿Cuánto tiempo tardó en llegar tu perro guía?
-En mi caso fueron aproximadamente 5 años de espera, aunque hay que tener en cuenta que la solicitud coincidió con el confinamiento por la pandemia de COVID-19, lo que trastocó los plazos. Además, se da preferencia a personas que trabajan o que han perdido un perro anterior por jubilación o fallecimiento.
-¿Cómo se realizó la entrega y la adaptación?
-Debido a los protocolos del COVID-19, en lugar de viajar yo a la escuela de Boadilla, el propio adiestrador se desplazó a Badajoz durante una semana para hacer la adaptación sobre el terreno. Los perros pasan por duelos emocionales y procesos de separación sucesivos (familia de acogida, adiestrador e instructor hasta llegar al usuario final), lo que demuestra su enorme estabilidad emocional.
-¿Cómo se adaptó la perra a tu hogar y a tu vida familiar?
-Tuve mucha suerte. Mi perra, Urma, llegó a un hogar donde mi esposa es veterinaria y teníamos una hija pequeña de un año y pico (que ahora tiene 6 años y la considera su hermana). Urma distingue perfectamente entre trabajar y estar en casa. En casa busca a mi hija o a mi mujer para correr y jugar, pero cuando quiere que le tire un juguete me lo trae a la mano a mí porque sabe que no puedo correr tras ella.
-¿Cómo cambia la actitud del perro al colocarle el arnés?
-Al ponerle el arnés, entra en modo de trabajo e intensidad inmediata. Entiende las órdenes de dirección (izquierda, derecha, dentro, fuera) y se concentra en la labor de guía. Sin embargo, el perro no es un GPS: el usuario debe conocer la ruta. Tú le marcas el camino y, si es un trayecto habitual, ella memoriza los puntos de destino y te avisa de bordillos, escaleras o barreras.

-¿Nos puedes contar alguna anécdota sobre su inteligencia en la calle?
-Una noche de invierno paseaba a buen ritmo y Urma se negó rotundamente a avanzar. Por más que le daba la orden, no pasaba. Al momento pasó otra persona y me avisó de que había un hombre tirado en mitad de la acera. La capacidad de resolución del perro ante un obstáculo o peligro es impresionante.
-¿Cuándo nació Urma y cuánto tiempo trabajará contigo?
-Urma nació el 7 de septiembre de 2019 (perteneciente a la camada 'U') y llegó a mi lado en mayo de 2021. Un perro guía suele trabajar hasta los 10 u 11 años de edad (unos 7 a 9 años de servicio activo), dependiendo de su salud y del cuidado que se le dé frente al calor o el esfuerzo.
-¿Qué pasará cuando Urma se jubile?
-Urma se quedará en mi casa seguro. Salvo en casos extremos de fuerza mayor donde el usuario viva solo y no pueda atender a dos perros, lo habitual es mantener al jubilado en el hogar. Para mí, la experiencia con perro guía es infinitamente superior al bastón.
-Para terminar, ¿qué aspectos o barreras deberíamos mejorar como sociedad?
-Más allá de las barreras arquitectónicas, lo más urgente es la educación cívica y la concienciación social. Los coches aparcados en pasos de peatones o aceras y la gente distrayendo al perro dificultan nuestro día a día. Por ello disfruto dando charlas en colegios para enseñar a los niños cómo comportarse ante un perro guía. Respecto al transporte, aunque la ley ampara el acceso universal, todavía sufrimos denegaciones o excusas infundadas por parte de algunos taxistas o conductores de VTC. La ciudadanía debe entender que el perro guía no es una mascota, sino una necesidad vital de movilidad y seguridad.

Añadir La Portada de Extremadura como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.