Había menos público que en la primera jornada, pero suficiente expectación como para que la derrota no sonara a trámite. A las 9.30 arrancaba en la Asamblea de Extremadura la segunda sesión del debate de investidura de María Guardiola. A las 14.00, con puntualidad casi simbólica —la misma hora fijada para la segunda votación del viernes— se confirmaba el guion previsto: 29 síes frente a 36 noes.
Solo el PP respaldó a su candidata. PSOE, Vox y Unidas por Extremadura votaron en contra y tumbaron la mayoría absoluta que necesitaba. La investidura queda en suspenso, pendiente ahora de una mayoría simple que dependerá, inevitablemente, de Vox.
Guardiola habló para todos, no solo para quienes tienen la llave. “Les pido que se atrevan con un sí”, lanzó a la Cámara. También apeló a “caminar juntos y saber estar a la altura que nos ha tocado vivir”. Reclamó una lectura “responsable” del 43% de apoyo obtenido en las urnas y advirtió de que Extremadura “no puede permitirse el lujo de parar” ni entrar en “tiempos muertos”. Su tono osciló entre la institucionalidad y la presión política: construir frente a derribar, tender puentes frente a dinamitarlos.

“El PSOE no es muleta, es alternativa"
Desde el PSOE, Piedad Álvarez fue contundente: “El PSOE no es muleta, es alternativa”. Reprochó el adelanto electoral —“¿para qué convocó elecciones?”— y criticó que no se haya contado con su grupo en ninguna negociación. Recordó que el PP rechazó negociar los presupuestos y sostuvo que ahora Guardiola es “rehén” de los de Santiago Abascal. Cerró la puerta a la abstención, aunque ofreció pactos de legislatura para blindar convivencia e igualdad.
El turno de Vox fue el más esperado. Óscar Fernández endureció el tono y dejó claro que no apoyarán “a cualquier precio”. Exigió “ga-ran-tí-as”, separando las sílabas como si cada una fuera una condición innegociable. Entre sus demandas, la declaración como Bien de Interés Cultural de la Cruz de los Caídos de Cáceres. También deslizó un mensaje interno: aseguró que Guardiola tiene enemigos en Génova y en su propio partido y que ha sido “humillada” públicamente, lo que, a su juicio, complica depositar en ella la confianza.
Pero no fue un no irrevocable. Al final de su intervención dejó la puerta entreabierta. No aclaró si por convicción negociadora o por prudencia ante lo que pueda decidir la dirección nacional. Guardiola, por su parte, insistió en que el acuerdo está “muy avanzado”, a falta de flecos.

Irene de Miguel
La intervención más áspera llegó desde Unidas por Extremadura. Irene de Miguel calificó el discurso previo de la candidata de “torpe y tramposo” y le reprochó haber perdido la oportunidad de pedir perdón. Rescató la frase de campaña en la que aseguró que no quería saber nada de Vox y la contrapuso con la situación actual. “No solo va a pasar por el aro, sino por debajo del aro”, le vaticinó. Habló de “tufo machista” en algunos postulados de Abascal y llegó a aconsejarle que no llame feministas a los de Vox “porque les entra urticaria”.
El rifirrafe más personal se produjo en el cruce final. Guardiola le reprochó a De Miguel que, tras diez años sentada en su escaño, ya forma parte de la “casta”. Justificó la dureza de la líder de Unidas por el hecho de que pudo haber sido vicepresidenta con Guillermo Fernández Vara y no lo logró. Y en un giro más identitario que político, se reivindicó a sí misma: “Soy la mujer que me da la gana de ser.”
La réplica no tardó. Irene de Miguel respondió que “hubiera sido un honor” ser vicepresidenta de Fernández Vara y devolvió el golpe con una frase que resonó en el hemiciclo: “Usted no es la mujer que le da la gana de ser, sino la mujer que le dejan ser.”
La igualdad fue uno de los campos de batalla del pleno. Guardiola rechazó “lecciones” y habló de “feminismo de salón” para referirse a PSOE y Unidas, defendiendo que las mujeres no son patrimonio político de ningún partido. Los rifirrafes elevaron la temperatura de una sesión que, pese a tener el desenlace anunciado, no fue plana.
La votación nominal confirmó el bloqueo. 29 síes del PP; 36 noes del resto. La mayoría absoluta (33 escaños) quedó lejos, pero el viernes bastará la simple. Entre la firmeza pública de Vox y su ambigüedad final, entre el optimismo declarado de Guardiola y el rechazo frontal de la izquierda, Extremadura encara 48 horas decisivas. El desenlace sigue abierto.
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