El Grupo Socialista en la Asamblea de Extremadura ha registrado un escrito dirigido al presidente de la Cámara regional, Manuel Naharro, en el que le reclama que intervenga ante lo que considera un deterioro del debate parlamentario, marcado por el «barrizal» y el «insulto».
La portavoz parlamentaria del PSOE, Isabel Gil Rosiña, defendió este martes, tras la Junta de Portavoces, que tanto la Presidencia como la Mesa de la Cámara deben ejercer sus competencias no solo para moderar las sesiones, sino para garantizar que los debates se desarrollen «con un mínimo de respeto y de decoro». «Los socialistas no vamos a normalizar que el insulto forme parte del debate político», afirmó.
Gil Rosiña sostuvo que en las últimas sesiones plenarias y en algunas comisiones se están produciendo «insultos y faltas de respeto» y afirmó que el Grupo Popular, con mayoría absoluta en la Cámara, no debería utilizar ese clima «como un instrumento para arrasar a los demás». También dijo que «nunca, nunca en la Asamblea de Extremadura» se había visto, a su juicio, un nivel similar de faltas de respeto en el debate parlamentario.
La petición registrada ante la Presidencia
En el escrito, el Grupo Socialista pide a Naharro, de acuerdo con las competencias recogidas en los artículos 42 a 44 del Reglamento de la Asamblea, que dicte una resolución de carácter general al amparo de los artículos 44 y 269 para hacer efectivo el régimen disciplinario previsto en el texto legal y, en particular, el artículo 148, en todo lo relativo a las intervenciones y los debates parlamentarios.
La formación socialista sostiene que esa actuación permitiría cumplir los principios de cortesía y disciplina parlamentaria previstos en la norma y pide que el orden disciplinario se aplique no solo a los diputados y diputadas, sino también a los comparecientes, cargos públicos o directivos de la administración y el Gobierno que intervengan en la Cámara.
Propuesta de trabajo para reformar el marco disciplinario
Además, el PSOE solicita que, de forma complementaria, se convoque la Comisión del Reglamento para crear una ponencia de trabajo con representantes de los distintos grupos políticos. Esa ponencia, según el escrito, debería estudiar el marco disciplinario de la Asamblea y desarrollar un código de conducta y ético, siguiendo el ejemplo de otros parlamentos autonómicos, así como del Congreso de los Diputados y el Senado.
Gil Rosiña insistió en que el Parlamento autonómico no puede convertirse en «un barrizal» cada vez que se celebran las sesiones plenarias, que recordó que son dos al mes, porque eso, según dijo, aleja a la ciudadanía de la institución. «Uno puede ser vehemente en la defensa de sus planteamientos, uno puede ser serio, uno puede ser incluso apasionado, pero un parlamentario no puede dejar de ser nunca respetuoso con el adversario político, eso jamás», afirmó.
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