Del cómo lo vas a hacer 'marichocho', al presidenta, presidenta, presidenta

Crónica de un debate teatral de la Asamblea de Extremadura donde se escenificó la investidura de la presidenta de la Junta de Extremadura

22 de abril de 2026 a las 19:26h
María Guardiola sale del hemiciclo este martes tras se elegida presidenta de la Junta de Extremadura. / EP
María Guardiola sale del hemiciclo este martes tras se elegida presidenta de la Junta de Extremadura. / EP

La escena tenía algo de estreno teatral con final anunciado, pero no por ello menos cargado de tensión. En el hemiciclo extremeño, el aire se podía cortar a ratos, espeso, cruzado de reproches y miradas afiladas, hasta que llegó el desenlace: María Guardiola, investida presidenta de la Junta de Extremadura con 40 votos a favor —los del PP y Vox— frente a los 25 en contra de PSOE y Unidas por Extremadura. Un resultado claro sobre el papel, pero envuelto en una atmósfera de combate político que anticipa una legislatura de trincheras.

El pleno fue, por momentos, bronco. No tanto por la sorpresa —que no la había— como por el tono, que dejó entrever bloques férreamente alineados a derecha e izquierda. Nadie disimuló demasiado. Vox, con sus 11 escaños, jugó el papel de socio imprescindible con evidente comodidad, consciente de su protagonismo. El PP, tras cuatro meses de negociaciones y tensión interna, contenía la respiración primero y la alegría después, hasta dejarla escapar sin disimulo en el momento decisivo. Enfrente, el PSOE se mantuvo en modo transición, a la espera de su reorganización inminente, mientras Unidas por Extremadura optaba por ejercer de látigo verbal sin concesiones.

Y en ese terreno de fricción surgió el momento más insólito —y comentado— de la sesión. Irene de Miguel, desde la tribuna, lanzó al líder de Vox un “¿Cómo lo vas a hacer, Marichocho?” que rompió por un instante la solemnidad del pleno. La referencia, convertida ya en meme regional con ecos improbables, desató una mezcla de desconcierto y sonrisas contenidas. No se quedó ahí: “Usted es el realismo mágico hecho persona”, remató, elevando el tono entre lo irónico y lo surrealista. Una intervención que resume bien el clima: política de alta tensión salpicada de destellos casi costumbristas.

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Todo el grupo del PP en la Asamblea tras el debate de investidura. / Asambleaex

Mientras tanto, María Guardiola transitaba su propio arco emocional. Del gesto serio, incluso sombrío, que marcó los días previos y también posteriores al pacto, a una expresión de júbilo sin filtros en el momento de la investidura. Sonrisas amplias, abrazos, miradas cómplices: la liberación tras meses de incertidumbre. En los escaños populares, la alegría era visible; en los de Vox, la satisfacción de quien sabe que será determinante; en la izquierda, gestos más duros, de oposición ya en marcha. A la salida del hemiciclo, esa emoción desbordada se tradujo en palabras: “Hoy quiero agradecer a toda la gente que ha estado acompañándome durante todo este tiempo, dándome la mano, levantándome cuando me he caído. Así es que quiero darles un abrazo, quiero llorar y quiero gritar y quiero divertirme con ellos. Hoy voy a celebrar porque creo que todo el Partido Popular de Extremadura lo merece. Lo merece”.

abrazo oscar

Felicitación del líder de Vox, Óscar Fernández, a María Guardiola. / Asambleaex

Fuera del hemiciclo, el ambiente no era menos elocuente. El patio se llenó de cargos y aspirantes, de alcaldes —de Badajoz, Plasencia, Jerez de los Caballeros, Madrigalejo...—, de representantes institucionales y orgánicos. Corrillos, saludos, abrazos y esa expectativa casi palpable de lo que vendrá: un gobierno por formar, nombres por decidir, estructuras por levantar. La liturgia del poder en estado puro. Y la celebración, curiosamente, recordaba a esas primeras comuniones donde coinciden familias políticas que comparten ceremonia pero no mesa: todos en el mismo acto, aplaudiendo en el hemiciclo, pero después cada cual en su corrillo, en su bando, en su conversación. Unos en el patio (los del PP) y otros en la calle (los de Vox). Juntos en la celebración, pero separados en el banquete.

Entre aplausos y vítores de “presidenta, presidenta, presidenta”, se colaba también otro murmullo, más bajo pero constante: el de las quinielas sobre el futuro gobierno. De momento, solo hay dos nombres seguros sobre la mesa —María Guardiola al frente y Óscar Fernández como vicepresidente por Vox—; el resto sigue envuelto en la incógnita, aunque en los corrillos se da por hecho que pesos pesados como Abel Bautista o Elena Manzano tendrán cartera. Consejerías, direcciones generales, equipos… un puzle aún por encajar que alimenta expectativas y recelos a partes iguales. Porque tras la investidura llega lo más complejo: gobernar. Y hacerlo en coalición, con equilibrios delicados y agendas que no siempre coinciden. Como esos matrimonios que nacen con vocación de durar, pero en los que con el paso del tiempo aparecen las tensiones, las grietas y, a veces, los divorcios.

De momento, la foto es nítida: mayoría suficiente, pacto sellado y una presidenta exultante. El ruido de fondo, sin embargo, ya anticipa que la calma no será la nota dominante de la legislatura.

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Antonio Cid de Rivera
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