La CHG reduce al máximo la población del pez chino en Alcollarín pero reconoce que es imposible la erradicación completa

La intervención que se ha hecho en el Guadiana se sigue con atención en otras cuencas por lo difícil que resulta controlar esta especie invasora

02 de octubre de 2026 a las 19:01h
La biomasa del pez chino en el embalse cacereño de Alcollarín se sitúa ya por debajo de una tonelada. / CHG
La biomasa del pez chino en el embalse cacereño de Alcollarín se sitúa ya por debajo de una tonelada. / CHG

La Confederación Hidrográfica del Guadiana confirma que la biomasa del pez chino en el embalse cacereño de Alcollarín se sitúa ya por debajo de una tonelada. Antes de los trabajos de limpieza representaba más del 95% de la población piscícola. Su presencia, explica en Confederación, se ha mermado hasta el mínimo con la intervención, pero el organismo advierte que la erradicación completa es imposible. Se mantienen medidas de control y vigilancia para los posibles repuntes.

La CHG califica la situación actual de compatible con los usos previstos —riego y actividades recreativas— y con el objetivo de buen estado ecológico que exige la normativa comunitaria.

Una especie detectada en 2010

La presencia de Pseudorasbora parva en la cuenca del Guadiana se detectó por primera vez a finales de 2010, en el río Alcollarín. Se lo encontraron los técnicos del Ministerio en uno de los muestreos periódicos para el cumplimiento de la Directiva Marco del Agua. Ya estaban sobre aviso porque llegó a España a través de la cuenca del Ebro en 2002 y su dispersión por otras cuencas no se ha detenido, por eso no extraño encontrarlo en el Guadiana.

Son peces pequeños —los adultos rara vez superan los 10 centímetros y los 20 gramos de peso—, con una línea negra lateral característica y una elevada capacidad reproductiva. Puede duplicar su población en menos de 15 meses.

La especie se alimenta de huevos, alevines de otros peces y de crustáceos planctónicos. Por eso su superpoblación contribuye a la eutrofización de las aguas y pone en riesgo el equilibrio del ecosistema del río.

Una intervención de un millón de euros

De ahí el interés por erradicarlo. La CHG ha dedicado un millón de euros financiados con fondos NextGenerationEU para la limpiar Alcollarín.

El vaciado del embalse fue controvertido. Las organizaciones ecologistas denunciaron mortandad de peces, malos olores y afecciones a la avifauna, y cuestionaron que la suelta de agua pudiera favorecer la dispersión de la especie aguas abajo. La CHG mantuvo la necesidad de la operación con un argumento técnico y normativo: sin ella, señaló, resultaba imposible utilizar el embalse conforme a los usos previstos y a la legislación vigente.

Menos de una tonelada, pero sin erradicación

El organismo, no obstante, evita hablar de erradicación. En sus documentos técnicos y en sus comunicaciones públicas sostiene que, con la especie ya extendida por la cuenca media del Guadiana, la eliminación completa "no es técnicamente posible". La estrategia ahora se orienta a reducir significativamente las poblaciones y a evitar su expansión hacia masas de agua aún no colonizadas. En este sentido, la CHG ha advertido del riesgo que supone la futura conexión del embalse de Alcollarín con el canal de Orellana.

Gracias a un acuerdo con la Junta se trasladaron desde el centro de acuicultura Vegas del Guadiana 45 kilos de barbo, 35 kilos de boga y 3 kilos de cacho para el embalse. Se hizo con la intención de reforzar la competencia natural con la especie invasora y reducir su incidencia reproductiva.

El embalse de Alcollarín se convirtió en el mayor refugio de esta invasora y el plan de erradicación se ha seguido con atención por otros organismos de cuenca del Ministerio. Está presente en varios ríos y su control está resultando especialmente complejo.

La CHG enmarca esta actuación en su estrategia más amplia de lucha contra las especies exóticas invasoras, un ámbito en el que la normativa europea y española exige resultados concretos y en el que los instrumentos disponibles —fundamentalmente, control de poblaciones y prevención de nuevos focos— siguen siendo limitados frente a especies con alta capacidad de dispersión.

El caso de Alcollarín deja una conclusión ambivalente: es posible reducir drásticamente una población invasora cuando se concentran recursos técnicos y económicos suficientes, pero no es posible eliminarla.
 

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Sobre el autor

Antonio Gilgado

Periodista

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