Un total de 135 estudiantes ciegos o con discapacidad visual grave afrontan estos días el inicio del curso escolar en Extremadura, 88 en la provincia de Badajoz y 47 en la de Cáceres. La ONCE ha aprovechado la vuelta a las aulas para recordar que la inclusión educativa no puede limitarse al seguimiento de las clases y debe extenderse también a espacios como el recreo, el comedor o las actividades complementarias y extraescolares.
Los alumnos extremeños forman parte de los más de 7.000 estudiantes con ceguera o discapacidad visual grave que comienzan el curso en toda España. El 99% estudia en centros ordinarios, con el respaldo de los equipos de atención educativa de la ONCE y de las administraciones educativas.
La organización pone este año especialmente el acento en aquellos momentos de la jornada escolar que quedan fuera del aula, pero que considera determinantes para la autonomía, la convivencia y la socialización de los menores.
«La jornada escolar incluye muchos otros tiempos y actividades. El recreo, el comedor, los horarios ampliados y las actividades complementarias y extraescolares son esenciales para el aprendizaje y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de la autonomía personal y de las competencias sociales», señala Ana Llauradó, responsable de Atención Educativa de la ONCE.

Recreos accesibles y compartidos
Uno de esos espacios es el recreo. La ONCE defiende que los patios escolares estén diseñados y organizados para ofrecer oportunidades de participación a todos los alumnos, independientemente de que tengan o no alguna discapacidad.
Para ello propone patios accesibles, con diferentes zonas y alternativas de juego que faciliten la interacción entre los escolares, además de un repertorio de juegos inclusivos que los niños puedan escoger y practicar con autonomía y con la correspondiente supervisión de los adultos.
El comedor es otro de los ámbitos en los que la organización considera que puede avanzarse en inclusión. No se trata únicamente de garantizar el acceso, sino de aprovecharlo para desarrollar habilidades que serán necesarias posteriormente en la vida cotidiana.
Los técnicos de rehabilitación trabajan con los estudiantes con discapacidad visual para que, en función de su edad, puedan realizar de forma independiente acciones como cortar los alimentos, servirse agua o mantener sus hábitos de higiene personal.
«Espacios como el comedor permiten reforzar la autonomía del alumnado con discapacidad visual en tareas cotidianas como la alimentación o el aseo», explica Llauradó. La ONCE también forma a los profesionales que trabajan en estos servicios para que puedan reforzar esas capacidades durante la jornada escolar.
También fuera del aula
La organización reclama igualmente que la accesibilidad se tenga presente a la hora de diseñar excursiones, actividades complementarias o propuestas extraescolares. En el primer caso, recomienda incorporar experiencias multisensoriales y adaptar previamente los materiales cuando resulte necesario.
Las extraescolares, por su parte, ofrecen a estos alumnos la posibilidad de descubrir intereses y desarrollar capacidades deportivas o artísticas, pero también de establecer relaciones con sus compañeros fuera del entorno estrictamente académico.
«Todos los espacios, tiempos y actividades que conforman la vida escolar son enormemente enriquecedores para el conjunto del alumnado y, especialmente, para los estudiantes con discapacidad visual, siempre que se planifiquen teniendo en cuenta la diversidad», sostiene la responsable de Atención Educativa.
Más de 400 profesionales de apoyo
Para facilitar esta integración, la ONCE dispone en España de más de 400 profesionales especializados en atención educativa, que trabajan conjuntamente con las administraciones y los centros escolares.
Los equipos incluyen maestros, psicólogos, trabajadores sociales, técnicos de rehabilitación, instructores de tiflotecnología y braille, especialistas en animación sociocultural y mediadores para estudiantes con sordoceguera.
Su trabajo abarca desde el apoyo directo al alumno hasta el asesoramiento al profesorado y el acompañamiento a las familias, además de facilitar herramientas y recursos que permitan a los estudiantes seguir el currículo ordinario en igualdad de condiciones.
En Extremadura, durante el pasado curso 2025/2026, 16 alumnos atendidos estaban matriculados en Educación Infantil, 38 en Primaria, 18 en Secundaria Obligatoria y 32 en Educación Básica Obligatoria. A ellos se sumaban tres estudiantes de Bachillerato, diez de Formación Profesional, ocho universitarios y otros diez matriculados en diferentes enseñanzas.
Por provincias, Badajoz concentra 88 de los 135 estudiantes atendidos por la ONCE en Extremadura, mientras que Cáceres cuenta con 47.
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