Tierras raras (y tanto) en Extremadura: el potencial regional de los minerales más deseados

Bajo las dehesas de Los Ibores, en las pizarras negras de Alía o en una vieja mina de hierro de Burguillos del Cerro duerme un puñado de elementos con nombres que casi nadie sabría pronunciar: neodimio, europio, disprosio, itrio... Son las tierras raras

08 de agosto de 2026 a las 10:22h
Cualquier yacimiento mineral europeo, por modesto que sea, pasa a valer su peso en escandio: la tierra rara más cara que existe, a unos 15.000 euros el kilo. / LP  
Cualquier yacimiento mineral europeo, por modesto que sea, pasa a valer su peso en escandio: la tierra rara más cara que existe, a unos 15.000 euros el kilo. / LP  

Empecemos por ‘desfacer un entuerto’ que se produce hasta en medios de prestigio y solvencia: tierras raras y minerales críticos no son la misma cosa, aunque se confunda muchas veces. 

Las tierras raras son un grupo concreto de diecisiete elementos químicos de la tabla periódica, los quince lantánidos más el escandio y el itrio. Su ‘rareza’ no está en ser escasos (de hecho, algunos abundan más que el plomo) sino en que aparecen muy dispersos, casi nunca concentrados, y separarlos supone un proceso químico caro y contaminante. Por tanto, lo raro es encontrarlas en concentración suficiente y en cantidades que hagan rentable la explotación. 

Los minerales críticos son elementos de una lista de carácter político y económico (por ejemplo, la de la Unión Europea) de materias primas que se consideran estratégicas porque hacen falta para la industria y porque su suministro está en riesgo. 

cuadro 1 tierras y minerales

Ahí entran el litio, el cobalto, el wolframio, el níquel, el grafito… y también las tierras raras. Dicho de otro modo: todas las tierras raras son minerales críticos, pero la mayoría de los minerales críticos no son tierras raras. 

Qué hay en Extremadura 

Vayamos directos al grano: en Extremadura hay indicios de tierras raras, pero no se ha cuantificado qué reserva existe realmente ni hay una sola explotación en marcha. Así lo señala nítidamente la Junta de Extremadura en un documento de referencia sobre las rocas y minerales industriales en la región, datado en 2019: “no hay explotaciones activas, pero existen varios indicios”. Es el último inventario oficial y sistemático publicado sobre este tema. 

Esos indicios se concentran en cuatro puntos. El más esperanzador es Alía, en Cáceres, donde el arroyo del Guijo arrastra monacitas sedimentarias (un tipo de depósito llamado placer) procedentes de unas pizarras grafitosas del Ordovícico que afloran cuatro kilómetros aguas arriba. 

Dentro de esas pizarras hay nódulos de monacita gris ricos en europio, elemento clave en electrónica y pantallas. 

El segundo foco es la mina Monchi, en Burguillos del Cerro (Badajoz), una antigua explotación de hierro donde dos minerales, la allanita y la axinita, concentran tierras raras ligeras. El informe indica que “se desconoce el volumen de reservas” y recomienda una investigación a fondo, porque la frecuencia con que aparecen esos minerales es alta. 

Otros dos indicios, más tenues, están en Barcarrota (trazas asociadas a platinoides en el batolito granítico) y Almendralejo. 

Pero, como hemos dicho, en ninguno de esos enclaves hay, que se sepa, ni cálculo de toneladas de mineral ni ley (concentración del mineral), por lo que la región queda a la expectativa de que se acometa esa fase de los trabajos. 

CUADRO 2 MAPA EXTREMADURA

El único paso relevante y serio está en la zona de Los Ibores y Campo Arañuelo. Ahí, en mayo de 2024 la Junta de Extremadura concedió a la firma catalana Janus Energy Exploraciones SL un permiso de exploración, bautizado como Ibor, que abarca 1.980 cuadrículas mineras (alrededor de 49.500 hectáreas). 

Tanto la extensión del permiso solicitado, como los minerales que se buscan según el documento oficial presentado (niobio, itrio, litio, flúor, cesio, tántalo y tierras raras) indican que la empresa, o bien va a buscar todo lo que el terreno pueda ofrecer o bien que quiere asegurarse derechos para su posible traspaso a terceros. 

Conviene aclarar que un permiso de 49.500 hectáreas no supone que se vayan a abrir minas en 49.500 hectáreas. Como explicaba el presidente de la Asociación de Geólogos de Extremadura, Juan Tejada, se trata de “trabajos muy preliminares en pequeñas zonas” para ver si el recurso existe y en qué cantidad. Y las empresas piden áreas grandes, añadía, para blindar la zona frente a competidores mientras hacen esa exploración inicial. 

Otro matiz importante que deja abierta esta historia es que el permiso concedido a Janus tenía una vigencia de un año, esto es, caducaría en teoría en mayo de 2025. Hoy por hoy no consta ni que la empresa haya comunicado el resultado de su exploración, con vistas a obtener el permiso de investigación (siguiente fase, más ambiciosa) ni que haya renunciado a su derecho ni que se haya comunicado por parte de la Junta, como es preceptivo, la caducidad de ese derecho. Es decir, el limbo. 

Minerales críticos, sí 

Donde sí juega con fuerza Extremadura es en los minerales críticos. 

En marzo de 2025, la Comisión Europea aprobó su primera lista de proyectos estratégicos de materias primas. Siete estaban en España y tres de ellos en Extremadura. 

Ninguno es de tierras raras. El de Aguablanca, en Monesterio (Badajoz), es de níquel, cobre y cobalto. El de Las Navas, en Cañaveral (Cáceres), es de litio de grado batería, con una previsión de 30.000 toneladas anuales de hidróxido de litio según la empresa promotora, Lithium Iberia. Y el de La Parrilla, en Almoharín (Cáceres), es de wolframio. 

Caso aparte es la mina de litio Valdeflórez (o Valdeflores) que parece abocada, bien a un largo proceso judicial, bien al cierre definitivo del proyecto. Hace unos días, el Gobierno extremeño comunicó la denegación de la concesión de explotación directa a Infinity Metals, y la instó a pedir un permiso de investigación. 

Sin embargo, esta puerta parece más bien un callejón sin salida, ya que hace años ya se denegó el permiso de investigación por tratarse de suelo protegido. En definitiva, un círculo administrativo que seguramente acabe en los tribunales. 

En el resto de España 

Fuera de Extremadura, el proyecto de tierras raras con más posibilidades está en Jaén. Este sí está bastante más avanzado. En tierras jienenses, la firma australiana Osmond Resources ya ha perforado, y en noviembre de 2025 comunicó a la Bolsa australiana sus primeros sondeos en el denominado Proyecto Orión, un área de 220 kilómetros cuadrados. 

Los laboratorios validaron después un concentrado con un 19,4 % de óxidos de tierras raras a partir de la monacita del yacimiento, y la empresa ya ha firmado con Técnicas Reunidas un contrato para diseñar el procesamiento. 

El otro gran referente español es Ciudad Real, con el yacimiento de Matamulas (Campo de Montiel), una monacita gris con una ventaja notable: bajo contenido en torio, es decir, poca radiactividad, y un potencial estimado de unas 2.100 toneladas anuales. Eso sí, trabas ambientales y administrativas están ralentizando el proceso de explotación. 

Por qué son tan deseadas 

cuadro 3 para que sirven la tierras raras

Aquí está el quid de la cuestión: sin estas tierras raras no hay transición energética ni industria de defensa moderna ni muchos de los desarrollos tecnológicos hoy punteros. 

El neodimio y el disprosio son el corazón de los imanes permanentes que mueven los motores de los coches eléctricos y las turbinas eólicas. Otras entran en chips, pantallas, baterías, misiles y aviones de combate. 

Es la clave del conflicto geopolítico: China domina entre el 80% y el 90% del refinado mundial de estos elementos. No solo los extrae, también los procesa, es decir, controla todo el recorrido. 

En junio de 2026, Pekín incluyó en su ‘lista negra’ comercial a una decena de empresas estadounidenses y reforzó el control sobre la exportación de siete tierras raras, en plena pugna arancelaria con Washington. 

Europa, dependiente casi por completo del exterior, tiene que apresurarse para diversificar sus proveedores, o directamente, si es posible, aprovisionarse en su propio territorio. 

cuadro 4 dominio de china

Así, el reglamento UE de materias primas fija para 2030 los objetivos de extraer el 10%, procesar el 40% y reciclar el 25% de lo que consume. 

En esta situación, depender del pulso de gigantes entre China y Estados Unidos no es una opción. Por ello, cualquier yacimiento europeo, por modesto que sea, pasa a valer su peso en escandio, la tierra rara más cara que existe, a unos 15.000 euros el kilo. Por tanto, hacer rentables yacimientos como los de Extremadura supondría no sólo un fuerte impulso económico a la región, sino que la UE ganaría en soberanía tecnológica y en potencial desarrollo de sistemas tecnológicos punteros. 

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Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

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