¿Me va a quitar la Inteligencia Artificial el trabajo?

La respuesta corta sería ‘puede que sí o puede que no’. Lo que es seguro es que su trabajo va a cambiar. Habrá tareas nuevas que aprender y otras que ahora realiza serán sustituidas por alguna aplicación de la Inteligencia Artificial (IA)

17 de mayo de 2026 a las 11:39h
El 58% de las horas de trabajo en Europa podrían automatizarse técnicamente. (La imagen que acompaña a este reportaje ha sido realizada con IA). / LP
El 58% de las horas de trabajo en Europa podrían automatizarse técnicamente. (La imagen que acompaña a este reportaje ha sido realizada con IA). / LP

No hay que asustarse, ya ha ocurrido antes con otros avances. Por ejemplo, las cosechadoras o las vareadoras y vibradores automáticos de olivo acabaron con algunas tareas penosas, pero no con el trabajo en el campo. Traslade eso a una innovación tan disruptiva como la IA, y podrá hacerse una idea de que el cambio será mucho más profundo. 

¿Lo mejor? Asumirlo, prepararse y no tener miedo. Dicho esto, entremos en materia. 

La pregunta correcta ya no es si la Inteligencia Artificial va a transformar el mercado laboral. Eso ya está ocurriendo. La pregunta real es: ¿me tocará a mí? La respuesta tiene muchos matices. 

Según apunta Vicente Zambrano, ingeniero Biomédico especializado en machine learning, consultor de IA y creador del canal YouTube ‘La IA explicada para escépticos’, hay que estar tranquilos… hasta cierto punto: "La gente piensa que la IA va a venir mañana y barrer con todo, y no es así". Para añadir: "No te va a reemplazar la IA. Te va a reemplazar alguien que sepa usarla."  

Los datos sostienen tanto el temor como la esperanza. Según el informe Agents, robots, and us publicado hace unos pocos días por el McKinsey Global Institute, el 58% de las horas de trabajo en Europa podrían automatizarse técnicamente con las tecnologías existentes hoy: un 44% mediante agentes de IA para tareas cognitivas y un 14% mediante robots para tareas físicas. 

En España, ese porcentaje se sitúa en el 59%, y la automatización podría desbloquear un valor económico de 145.000 millones de euros antes de 2030. Son cifras que asustan, pero el mismo informe añade un matiz que Zambrano también subraya: que algo sea técnicamente automatizable no significa que vaya a desaparecer de inmediato. 

grafica1 automatizacion europa
% de horas de trabajo técnicamente automatizables.

Ya, ya, pero… ¿qué hay de lo mío? 

Depende. No todos los trabajos corren el mismo riesgo. La IA ataca con mayor eficacia las tareas predecibles, repetitivas y basadas en el procesamiento de información estructurada. Administrativos, contables, gestores de facturación, operadores de centros de llamadas o analistas de datos rutinarios se encuentran en la línea de mayor exposición. McKinsey los engloba en lo que denomina empleos "agent-centric": aquellos cuyo trabajo futuro será realizado mayoritariamente por agentes de IA. 

Zambrano lo formula sin rodeos: "Si tu trabajo es repetitivo, sí, la IA lo hará mejor." Pero no estamos hablando de profesiones enteras, sino de tareas concretas dentro de ellas. "Tu trabajo no es una sola cosa. Son muchas pequeñas cosas. Y la IA solo puede hacer algunas de ellas".

El sector tecnológico ya está pagando un precio visible. Según la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2026, el área de programación y consultoría perdió 23.400 ocupados en un solo año en España; las telecomunicaciones cedieron 18.000 empleos y los servicios web, 8.600. 

José Varela, responsable de Digitalización de UGT y autor del Informe de Empleo Tecnológico 2026, lo describe sin rodeos: "El empleo tecnológico se está frenando en seco." La razón es la capacidad de la IA para realizar tareas de nivel inicial —análisis de datos básico, redacción de informes, código simple— con mayor velocidad y menor coste que un recién graduado. 

grafica3 empleo tecnologico
Empleo tecnologico en España: La caída

Además, un reciente artículo de Javier Rodríguez Zapatero y Xavier Castillo Ferrer, miembros del Grupo Nausika, contextualiza este fenómeno con cifras globales: el número de ofertas de trabajo para primeros empleos ha caído un 29% desde 2024, con una bajada de cerca del 60% en sectores tecnológicos y de servicios profesionales en EE.UU. y Europa, según el Job Postings Dashboard de Lightcast. Su diagnóstico es claro e incide en lo apuntado por Varela: "La IA ya realiza muchas tareas de nivel inicial con mayor velocidad y menor coste que un recién graduado." 

El Foro Económico Mundial estima, por su parte, que el 42% de las tareas laborales empresariales serán automatizadas antes de 2027. 

Calma, no todo está perdido 

Veamos el vaso medio lleno: frente a la automatización existe un conjunto de habilidades que, por el momento, permanecen a salvo. Zambrano es explícito: "Si tu trabajo requiere pensar, decidir o entender personas, sigues siendo imprescindible." 

Y añade la razón de fondo: "La IA te puede dar opciones, pero no puede decidir por ti." La tecnología carece, según él, de criterio, empatía, contexto, creatividad genuina y responsabilidad. Son precisamente los elementos que McKinsey identifica como las habilidades menos expuestas a la automatización: liderazgo, juicio clínico, negociación, resolución de conflictos o enseñanza relacional. 

El informe McKinsey cuantifica este panorama: el 75% de las competencias demandadas por los empleadores europeos se usan tanto en tareas automatizables como en tareas no automatizables. Esto significa que en la mayoría de los casos las habilidades serán complementadas por la IA, no sustituidas. 

grafica4 habilidades donut
Las habilidades humanas ante la IA

La demanda de lo que McKinsey denomina "fluidez en IA" —la capacidad práctica de usar, gestionar e interpretar sistemas de inteligencia artificial en el trabajo cotidiano— se ha multiplicado por cinco en Europa desde 2023 y ya aparece en ofertas de empleo de sectores como logística, recursos humanos, cumplimiento normativo o servicios financieros. 

Los perfiles emergentes del nuevo mercado laboral combinan, precisamente, ese doble registro: gestores de equipos humano-máquina, especialistas en ética de la IA, docentes de formación continua o profesionales sanitarios y educativos con capacidad relacional. "La IA no es magia. Es una herramienta. Y como toda herramienta, depende de quién la use", recuerda Zambrano. 

Veamos algún ejemplo 

Llegados a este punto, quizá sea hora de cambiar el enfoque y preguntarse cómo puede ayudarle la IA. Pues bien, el potencial de esta herramienta como multiplicador del talento humano ya se está desplegando en sectores muy concretos. 

En el campo jurídico, Berta Romero, abogada barcelonesa de 55 años que estudió un máster específico en Inteligencia Artificial, abrió su propio despacho de asesoría en IA tras años en una compañía. 

En el ámbito educativo y de la gestión, Flor Rodríguez, profesora de 63 años residente en Valencia, afirma que tras una formación breve en prompting puede ahora "ejecutar tareas complicadas en Excel o enviar correos con una redacción muy pulida". Su conclusión: "La IA nos ha brindado superpoderes." 

Son algunos testimonios recogidos en un reportaje reciente sobre IA y su aplicación en campos conocidos y cotidianos. 

Sigamos con más ejemplos: 

En la industria farmacéutica, según McKinsey, las empresas ya usan agentes de IA para producir documentación clínica, lo que transforma el rol del redactor médico: deja de ser el que escribe para convertirse en quien revisa, refina y garantiza precisión y cumplimiento normativo. 

En ventas, los agentes automatizan las primeras fases del proceso comercial, liberando a los humanos para la gestión de relaciones y el compromiso estratégico. 

En manufactura —el sector más robotizable—, hasta el 71% del valor proyectado en 2030 proviene de sistemas de agentes en planificación, control de calidad y coordinación de la cadena de suministro. 

grafica5 demanda ia

Del mismo modo, los trabajadores sénior encuentran en esta revolución una oportunidad que antes no existía. Tomás Pereda, subdirector de MásHumano, lo expresa con claridad: "Antes, si cumplías 50 años entrabas en una fase de invisibilidad en tu empresa, pero ahora este grupo va a tener una oportunidad extra gracias a su experiencia acumulada." 

Según el centro de investigación Ageingnomics, integrado en la Fundación Mapfre, España es uno de los países europeos con mayor tasa de desempleo entre mayores de 55 años, con una tasa de paro que llega al 11,2%, más del doble que Francia y muy lejos de Alemania o Italia. Para este colectivo, la IA puede ser el igualador que compense décadas de experiencia frente a la energía de los más jóvenes. Alentador, ¿no? 

Porque no hay que perder de vista algo básico: la IA comete errores (las conocidas ‘alucinaciones’, por el afán de responder a cualquier demanda o prompt, aunque no se tenga la respuesta precisa) y, además, tiene sesgos, dependiendo de cómo se ha ‘alimentado’ (lo que se conoce como ‘entrenamiento’ del modelo), de modo que siempre será necesario supervisar y corregir. 

¿Quiere un caso concreto? Me ocurrió a mi: le pedí a un modelo IA de pago una guía turística para visitar mi pueblo (Fuente de Cantos) en cuatro horas, y me sugirió visitar la casa natal de Espronceda, que nació en Almendralejo. Una anécdota, sí, pero que refleja la importancia de la supervisión humana. 

Mi oficio es manual, estoy a salvo (¿seguro?) 

Lo habrá escuchado usted, sin duda: yo soy albañil, o fontanero, o cirujano, y a mi no me puede sustituir la IA. ¿Es eso cierto? ¿Son destrezas imposibles de replicar en un algoritmo? Pues a medias. 

Hace años que existen en la construcción sistemas de edificación modular que automatizan buena parte del proceso constructivo. Así, firmas como ICON imprimen ya casas enteras, con todas las exigencias técnicas, mediante robots autónomos, y en Japón se usan brazos robóticos que ponen ladrillos y sueldan vigas. 

De hecho, el ya mencionado informe McKinsey indica que el 14% de las horas de trabajo, las más físicas, ya pueden ser automatizables con robótica. 

Si nos abrimos a campos tan complejos como la cirugía, el sistema Da Vinci lleva un cuarto de siglo asistiendo en quirófanos, y ahora existen sistemas de IA que guían bisturís con precisión milimétrica que supera a la mano humana. 

¿Entonces la respuesta es que estos oficios son sustituibles con IA? Ni sí ni no, ni están completamente a salvo ni pueden ser hoy día sustituidos. En construcción, la cuestión no es que el albañil esté protegido porque sabe poner ladrillos, sino porque puede adaptarse, por experiencia y conocimientos, a un entorno impredecible: una grieta, una irregularidad del terreno, una instrucción imprecisa… Ahí, la IA cojea, porque los robots rinden bien en entornos controlados, pero en un entorno con cierto caos, como una obra en marcha, se necesita la supervisión humana. 

En cirugía, lo que protege al médico no es que sepa cortar un tejido, sino que es capaz de decidir en la incertidumbre, gestionar situaciones inesperadas y, además, asumir la responsabilidad legal de sus actos. 

Es decir, ni el albañil ni el cirujano están a salvo de una cierta automatización ahora y de que ésta avance a medio plazo, pero les protege el entorno complejo en el que trabajan, el grado de incertidumbre y, en el caso del cirujano, la asunción de responsabilidades si hay errores. 

Una revolución con dos caras 

Pasemos ahora, brevemente, a ver algunas ventajas e inconvenientes de esta ‘revolución’: 

A favor: la IA puede disparar la productividad individual. Estudios experimentales de Microsoft indican que la tecnología hace a un profesional junior un 50% más productivo. Para los trabajadores con experiencia, puede ser un catalizador extraordinario que potencie su criterio y conocimiento acumulado. Zambrano lo sintetiza así: "Si aprendes a usarla, vas a trabajar mejor, más rápido y con menos estrés." 

En contra: el riesgo de destrucción masiva de empleo de baja y media cualificación es real a medio plazo. Si bien se crearán nuevos puestos —fundamentalmente en áreas tecnológicas, de IA, ciberseguridad y sostenibilidad—, el efecto neto se estima en una caída del 2% del empleo actual según el Foro Económico Mundial. 

La transición será dolorosa para quienes no cuenten con redes de apoyo, acceso a formación o recursos para reconvertirse. Las personas que realizan tareas muy estandarizadas sin una red de habilidades blandas que las respalde son las más vulnerables. 

grafica 2 redimensionada
Fuente Mckinsey Global Institute 2026 . UGT / J Varela . CincoDias . V. Zambrano

Zambrano, sin embargo, insiste en la perspectiva histórica para moderar el alarmismo: "Internet no se adoptó en un día. Los smartphones tampoco." La IA seguirá un camino similar de adopción gradual, lo que significa que habrá tiempo para adaptarse, pero solo si se decide actuar. "El problema no es la IA. El problema es quedarte quieto mientras todo cambia." O, como dice el popular dicho: “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”, así que hay que espabilar. 

Cinco cosas que hay que hacer para que la IA no le atropelle 

Los expertos consultados —desde McKinsey hasta los autores de Nausika, pasando por Zambrano— convergen en una misma dirección estratégica. La respuesta al reto, en palabras de Rodríguez Zapatero y Castillo Ferrer, "no debe ser únicamente más tecnología, sino más y mejor humanismo". Estas son las claves de adaptación: 

  1. Desarrollar fluidez en IA. No hace falta ser ingeniero, pero sí integrar herramientas como ChatGPT, Copilot, Gemini, Claude o equivalentes sectoriales en el trabajo diario.  
  2. Reforzar lo que la IA no tiene. Pensamiento crítico, empatía, liderazgo, creatividad contextual y capacidad de síntesis son las habilidades con mayor proyección. "La creatividad humana no es reemplazable. La IA solo reorganiza lo que ya existe", apunta Zambrano. Y abunda en ello: “la IA puede hacer una copia exacta de ‘Las señoritas de Avignon’, pero no imaginar el cubismo; eso sólo lo puede hacer alguien con la creatividad, el ingenio y la imaginación de Picasso”. 
  3. Entender la IA como colaboradora, no como competidora. Su mensaje es inequívoco: "No te prepares para competir contra la IA. Prepárate para trabajar con ella." 
  4. Adoptar una mentalidad de aprendizaje continuo. El título universitario deja de ser una foto fija para convertirse en un historial dinámico de competencias. Nausika lo plantea como una cuestión sistémica: debemos transformar el sistema educativo para producir ciudadanos preparados para esta nueva época. 
  5. Apostar por la especialización de alto valor. Los nichos donde el criterio humano sigue siendo insustituible —salud, educación, derecho, gestión de equipos, creatividad aplicada— son los más resistentes a la sustitución. 

La conclusión de Zambrano es, en el fondo, una invitación al realismo activo: "No estamos ante el fin del trabajo, sino ante el fin de ciertas formas de trabajar." Y esa distinción, tan pequeña en apariencia, lo cambia todo. 

Añadir La Portada de Extremadura como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

Ver biografía
Lo más leído