En Extremadura se generan anualmente alrededor de 33.000 GWh de electricidad. Sin embargo, como es sabido, apenas se consumen 4.500 GWh. El resto se exporta a otras regiones. Esto significa que, en principio, no debería haber problema alguno para que salieran adelante los cinco proyectos de centros de datos o ‘data center’ que hay planeados, ya que, en conjunto, y en su primera fase, precisarían 9.000 GWh, con lo que Extremadura aún presentaría un excedente de 20.000 GWh.
Cierto es que, de llevarse a cabo las inversiones previstas en fases posteriores, el consumo se elevaría (a la vuelta de una década) hasta los 27.000 GWh, pero también que todos los centros de datos planificados cuentan con proyectos añadidos de producción de energía mediante renovables, así como acumuladores para cuando no haya sol, lo que les permitiría autoabastecerse de entre el 80% y el 100% de la energía.
En cuanto al consumo de agua para refrigeración, dos de las plantas, precisamente las que cobrarán mayor dimensión si culmina el proyecto completo, no la utilizan, al usar otros sistemas de control de la temperatura. Con el resto de proyectos (caso de no implementar sistemas de refrigeración en seco) el consumo sería de unos cinco millones de metros cúbicos al año, es decir, el 6% del abastecimiento urbano extremeño anual o, si incluimos agricultura e industria, el 0,2% del consumo anual de agua en la región.
Por tanto, no parece que ni la electricidad ni el agua sean un problema que impida que se abran estos centros en una región huérfana de inversiones industriales.
Parecería así que el camino está despejado para unas inversiones que en la primera fase rondarían los 9.000 millones y, de completarse el plan íntegramente, subirían hasta los 27.000 millones.
En cuanto al empleo, la estimación que figura en los propios proyectos apunta a 6.200 empleos en la construcción de la primera fase, que sumarían 4.000 con las fases posteriores, mientras que cuando estén operativos sumarán 850 empleos de alta cualificación en la primera fase y cerca de 2.000 cuando estén a pleno rendimiento. Hablamos de empleo muy especializado de alto nivel adquisitivo o, lo que es lo mismo, de gran capacidad de consumo y gasto.
Esto son sólo los trabajadores directamente empleados en los centros de datos, pero habría que sumar una generación indirecta e inducida de empleo ante la demanda de bienes y servicios que precisen estas instalaciones, desde mantenimiento hasta seguridad, limpieza, hostelería, transporte, etcétera.
Si el Gobierno lo permite…
Despertarnos de este sueño
Pero parece que alguien quiere despertarnos de este sueño con un jarro de agua fría en el rostro. O, mejor dicho, con dos.
El primero es una queja reiterada que ya han expresado muchas empresas, y a la que Red Eléctrica Española hace caso omiso. Lo explicamos con un ejemplo sencillo: imagínese que, al plantear las autovías, como la A-66 o la A-5 se ejecutasen dos carriles perfectos para viajar hacia Salamanca, Sevilla, Madrid y Lisboa, pero para el camino inverso, es decir, hacia Extremadura, se dejase una vereda o camino de cabras.
Esa es la red eléctrica de Extremadura: altísima capacidad para evacuar la electricidad hacia otros lugares fuera de la región, pero una red de distribución interna a punto del colapso: casi el 90% de los nodos de la red están saturados, es decir, no permiten más conexiones. Esto hace que se denieguen cuatro de cada cinco solicitudes de enganche, lo que, como ha denunciado reiteradamente la patronal CREEX, frustra proyectos industriales, pero también residenciales, al no haber de dónde tomar la electricidad para el suministro.
¿Y qué hace el Gobierno? Pues en lugar de soluciones, pone trabas, y ahí viene el segundo jarro helado. La última y más llamativa zancadilla se incluye en el recientemente aprobado Real Decreto-ley 7/2026 que contiene el llamado Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio.
Tan integral que ha metido de rondón cosas que nada tienen que ver con medidas anticrisis. Por ejemplo, en lo que estamos tratando, una Disposición Adicional que, hablando en plata, no garantiza que a los data center se les vaya a permitir conectar con la red eléctrica. Es más, dice que serán los últimos de los últimos a los que se les autorice una conexión.
Podrá imaginarse que las empresas afectadas han puesto el grito en el cielo. Según un análisis que afecta al caso extremeño: “el problema más grave para Extremadura no es la energía en sí —que la tiene de sobra— sino conectarse a la red de transporte eléctrico. El decreto prioriza qué proyectos obtienen puntos de acceso y conexión, y no contempla a los data centers como inversión prioritaria a la hora de adjudicar nuevos puntos de acceso a la red eléctrica. Esto es especialmente dañino para los proyectos extremeños, que dependen de grandes subestaciones de 400 kV para evacuar la potencia “, a lo que se añade que “la retroactividad amenaza proyectos ya en tramitación. Varios de estos proyectos llevan meses o años en proceso administrativo. La disposición transitoria única extendería las nuevas exigencias a proyectos ya en tramitación, lo que podría vulnerar la Constitución en materia de retroactividad y seguridad jurídica”.
Vamos, el entorno ideal para plantear inversiones milmillonarias. Como ha explicado Emilio Díaz, presidente de Spain DC, organización que agrupa a las principales promotoras de centros de datos en nuestro país: “un decreto contra la crisis puede provocar una crisis en un sector clave”.
Porque el decreto, además de acusar a estas empresas de ‘especulación’ (¿especular es proyectar inversiones de 66.000 millones en España en los próximos cinco años?) deja en manos de un comité (¿recuerdan el de expertos cuando el COVID?) la decisión de autorizar o no la conexión a red, pero no dice qué criterios se van a seguir, es decir, un partido sin reglas, algo totalmente arbitrario.
Begoña Villacís, directora de Spain DC
En parecidos términos se ha expresado Begoña Villacís, directora de Spain DC, este nivel de discrecionalidad es “difícilmente compatible con la confianza inversora”, por lo que desde la organización reclaman una reunión con el Gobierno para corregir el desafuero. (Pregunta de listillo: si los data center, algunos al menos, dicen que autoabastecen con renovables, ¿para qué quieren conectarse a la red? Respuesta: porque ni el sol ni el viento proporcionan una energía constante, mientras que el centro sí necesita un suministro constante. Así, hay picos de producción que no se consumen y se vierten a la red, y momentos donde no se genera suficiente y hay que tirar de la red general).
Nos queda rogar por que el nuevo y flamante vicepresidente, además de ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ejerza de extremeño y mantenga la sensatez que ha demostrado hasta ahora para evitar que todos estos proyectos en la región terminen en papel mojado.
Los proyectos

Mientras esperamos el desenlace, vamos a exponer qué proyectos hay sobre la mesa, qué se sabe de ellos y en qué momento se encuentran.
- 1. CCGreen-Ecopolígono (Ingenostrum. Cáceres) ha sido declarado proyecto empresarial de interés autonómico (PREMIA) por la Junta de Extremadura. El campus data center, neutro en carbono, estará ubicado en el polígono industrial de Capellanías, tendrá una potencia de 300 MW, será Tier III y alcanzará un PUE de 1,2. La inversión se estima en 850 millones de euros, y en cuanto al empleo, 1.200 puestos serían necesarios durante la fase de construcción, quedando 200 para el data center en operación. A ello habría que añadir otros 1.400 indirectos. El proyecto lleva varios años en tramitación y ha encontrado obstáculos en el acceso a la red eléctrica. Se le denegó la conexión a la subestación de Los Arenales, por lo que hasta 2027 no podría aspirar a una conexión con la red.

- 2. Nostrum Evergreen (Ingenostrum. Badajoz) El Grupo Ingenostrum anunció este data center para la Plataforma Logística de Badajoz con una capacidad de 300 megavatios. La empresa tiene una reserva del 10% de una superficie de 198.605 metros cuadrados y ha solicitado el proyecto PREMIA a la Dirección General de Empresa. Este proyecto generará aproximadamente 2.200 puestos de trabajo y supondrá una inversión de casi 2.000 millones de euros.
- 3 y 4. Campus Merlin-Edged en Navalmoral de la Mata y Valdecaballeros. Merlin Properties y Edged Energy han anunciado un proyecto público-privado con el gobierno de Extremadura para desarrollar dos campus de centros de datos de última generación. Las instalaciones estarán ubicadas en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y Valdecaballeros (Badajoz), ofreciendo hasta 1 GW de capacidad de TI en cada ubicación, con un PUE de 1,15.

El campus de Navalmoral se instalará en los terrenos de ExpacioNavalmoral y se conectará a la Subestación Arañuelo 400 kV. Dispondrá de entre 8 y 10 edificios con 100 MW de capacidad IT cada uno. El campus de Valdecaballeros se ubicará en los terrenos de la antigua central nuclear desmantelada y estará conectado a la subestación Valdecaballeros 400 kV. Contará con 10 edificios, cada uno con una capacidad IT de 100 MW.
La inversión conjunta para ambos campus será de unos 20.000 millones de euros en unos 10 años, y generaría 4.000 empleos cualificados. Son las instalaciones de mayor escala planteadas en Extremadura y en toda Europa. Se prevé una primera fase con 2.000 millones de inversión para los dos primeros edificios en Navalmoral, que deberían estar operando en 2028.
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5. Lusitanus (FRV. Mérida). Fotowatio Renewable Ventures (FRV) lidera el proyecto "Lusitanus", un Centro de Procesamiento de Datos orientado a Inteligencia Artificial con una inversión asociada de 2.800 millones de euros. El proyecto requerirá 2.100 millones en infraestructura digital durante su primera fase, a los que se añadirían 700 millones de euros en infraestructura energética, con más de un 80% de su consumo eléctrico procedente de autogeneración renovable. El complejo se levantará en ExpacioMérida, ocupando 240.000 metros cuadrados, y ya se ha firmado el contrato de reserva de los terrenos. El despliegue generará entre 1.700 y 2.000 empleos durante la fase de construcción y más de 120 puestos de trabajo directos, estables y altamente cualificados en la fase de operación.
(NOTA ACLARATORIA. Las referencias TIER y PUE aluden a la eficiencia del centro. Así, el TIER marca cuánto tiempo puede funcionar sin interrupciones, por ejemplo, para mantenimiento. Un TIER III como del de CCGreen supone que sólo estará parado 1,6 horas al año. Un TIER IV (el más alto) como el de Merlin supone que para 0,4 horas al año y que puede solventar cualquier fallo sin detenerse.
En cuanto al PUE, marca la eficiencia energética. Cuanto más bajo, mejor, el 1 es la perfección y el 2 o más la ineficiencia. El data center de Merlin marca un 1,15, que se considera excelente, y el de CCGreen un 1,2, considerado muy bueno. La media en los centros de datos europeos es de 1,46.)
Pero… ¿qué es un centro de datos?

En pocas palabras: cada vez que buscas algo en Google, ves una serie en Netflix, mandas un mensaje de WhatsApp o sacas dinero del banco, esa acción tiene que ocurrir en algún lugar. La información no flota en el aire: viaja hasta salas enormes con miles de ordenadores-servidores, que procesan la petición y la responden. Eso es un data center.
Estos ordenadores funcionan conectados a internet las 24 horas del día los 365 días del año. Aquí no hay teclado ni pantalla, las máquinas solo reciben, tramitan y responden. Eso es estar en la nube. Son parte esencial de internet. Es donde se guardan las fotos que cuelgas en redes, donde están las app de tu móvil, donde van los emails…, y pueden estar en cualquier punto del planeta.
¿Cómo funcionan?
¿Cómo funcionan? Un centro de datos tiene cuatro sistemas que trabajan a la vez, las 24 horas del día:
El primero es la sala de servidores, que es el corazón del edificio. Los servidores están apilados en estanterías metálicas llamadas racks, que pueden tener entre 20 y 40 máquinas cada una. Un centro de datos grande puede tener decenas de miles de estos servidores, todos conectados entre sí y con el exterior mediante cables de fibra óptica. Cuando alguien en Badajoz abre su aplicación del banco, la petición viaja en milisegundos hasta uno de esos servidores, que la procesa y devuelve la respuesta.
El segundo sistema es el eléctrico, y es el más crítico. Un solo fallo de suministro podría interrumpir millones de operaciones simultáneas. Por eso los centros de datos tienen tres capas de seguridad: la conexión a la red pública de alta tensión, grandes baterías llamadas UPS que entran en funcionamiento al instante si se corta la corriente, y generadores diésel de respaldo que arrancan en segundos y pueden mantener el edificio funcionando durante días.
El tercer sistema es la refrigeración, tan importante como los propios servidores. Cada máquina genera calor continuamente, y si la temperatura sube demasiado los circuitos se funden. Para evitarlo, los centros de datos instalan potentes sistemas de aire acondicionado de precisión que mantienen la sala a unos 20 grados constantemente. Este sistema de refrigeración es, de hecho, el mayor consumidor de energía del edificio después de los propios servidores.
El cuarto sistema es la red de comunicaciones, que conecta todos los servidores entre sí y con internet mediante una maraña de cables y aparatos de red, los routers y switches, que dirigen el tráfico de datos igual que los semáforos y señales dirigen el tráfico de coches.
Todo esto, funcionando sin parar, es lo que hace posible que cuando alguien en cualquier parte del mundo pulse una tecla, obtenga una respuesta en menos de un segundo.
Y entonces llegó la IA …y lo disparó todo

En los años anteriores a la IA Generativa, el crecimiento de los centros de datos llevó un ritmo previsible, impulsado por la progresiva expansión de las plataformas de streaming, el comercio electrónico y las demandas de almacenamiento en nube.
Todo eso saltó por los aires en 2022. Entrenar y ejecutar los modelos de lenguaje grande (LLMs) que es lo que utiliza la IA exige capacidad para gestionar billones de órdenes, infinitamente más que cualquier uso anterior.
Tres niveles
Esta presión sobre el sistema se da en tres niveles: el entrenamiento del modelo IA, que puede exigir miles de GPUs (Unidades de Procesamiento Gráfico o procesadores que constituyen el cerebro del sistema) funcionando a la vez de manera continua durante meses.
El segundo nivel es la inferencia, es decir, la respuesta a cada consulta, y esto nunca para. Cada vez que realizas una petición a la IA se activan cientos de procesadores. Imagina decenas de millones de usuarios haciendo preguntas y consultas a la vez desde cualquier parte del mundo. Ah, en este punto un consejo: olvida las fórmulas de cortesía en tu relación con la IA. Nada de ‘buenos días’, ‘por favor’ o ‘gracias’. ¿Por qué? Porque la IA no entiende de cortesías, y procesa esas palabras como parte de una orden, con lo que consume recursos inútilmente hasta que averigua que no es ninguna orden o petición.
El tercero es el almacenamiento y el fine-tunning o ajuste fino. Es decir, modelos personalizados para almacenar la información y para que se vaya depurando y especializando en tareas o campos concretos.
Ahora entenderá porque generan tanto calor (imagine su ordenador, cómo se calienta y se dispara el ventilador que lleva dentro). Pues esto es así pero a lo bestia en un data center, ya que las GPU y los chips especializados procesan millones de veces más rápido que las CPU tradicionales y los chips más corrientes, pero a costa de de consumir diez veces más.
Por ello, la refrigeración es uno de los problemas más críticos de estos centros de datos, y uno de los factores más elevados de consumo. Esto ha llevado a las empresas promotoras de data centers a experimentar con otros sistemas, como la refrigeración líquida directa de los chips con líquidos no conductores y modelos de disipación de calor sin agua ni consumo de electricidad.
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