Es bien sabido que la Unión Europea, en sus macroproyectos, se mueve a impulsos, no con la continuidad que sería deseable. Es decir, se conciben grandes planes, se aceleran con entusiasmo, y después van experimentando desaceleraciones y aceleraciones según las circunstancias.
Esto parece estar ocurriendo con la red de generación y transporte de hidrógeno verde, uno de cuyos hidroductos troncales atraviesa Extremadura de norte a sur y de este a oeste. La idea es que esta conducción principal, que viene desde Gijón hasta Huelva, unida a la que irá pegada a la fachada mediterránea, transporte el flujo de este nuevo combustible (que en una parte importante se generaría en Extremadura y Andalucía) hacia el norte de Europa, suministrando a países como Alemania, Bélgica, Austria….
En 2022, con la crisis provocada por la invasión Rusia de Ucrania, que motivó un fuerte encarecimiento de la energía, los países de la UE acuerdan dar un acelerón a este proyecto, que se venía gestando desde hace años sin llegar a tomar forma concreta, sobre todo en lo que a financiación se refiere.
Se proyecta entonces la red y se etiqueta la red, denominada H2med como Proyecto de Interés Común (PCI), lo que garantizaría contar con financiación. Así, se pensó, se avanzaría en dos frentes vitales para la UE: soberanía energética y descarbonización de la economía. Los objetivos son muy ambiciosos: en 2030 esta red debería aportar en hidrógeno verde el equivalente a 12 GW, con inversiones públicas de 3.500 millones y privadas de otros 7.000 millones. Y esto sólo del lado español, con la empresa pública ENAGAS al frente del plan.


Pero, sin llegar a frenarse, lo cierto es que al estabilizarse de nuevo los precios de la energía, aquellos entusiasmos parece que se enfriaron, al menos en lo que se refiere al calendario de ejecución de obras.
En esa calma andábamos cuando a Estados Unidos se le ocurre iniciar una guerra en Irán, que sacude la economía de todo el mundo, dispara de nuevo los precios de la energía y hace temer por el suministro de combustibles. Ahí está la UE, para el día 9 del mes pasado renovar H2med como PCI. ¿Será esta la buena?
Es difícil de adivinar, aunque los impulsores de la red, tanto del sector público como privado, aseguren que todo va “según lo previsto”. Así lo ha comentado hace apenas dos semanas Mayte Nonay, directora de Estrategia y Planificación de ENAGÁS, en un encuentro con la prensa, en el que ha señalado que Bruselas es muy consciente de la necesidad de autonomía energética, por lo que se está regulando y aportando financiación, cuestiones básicas para el programa.
Además, Nonay asegura que el H2med va según lo previsto, y estará listo en 2030-2032, convirtiendo a España en “un hub (centro o núcleo) de referencia en la Europa del hidrógeno”.
Desde el sector privado, en el mismo encuentro, Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), que agrupa a las principales empresas del sector, ha afirmado que “se va a cumplir con la expectativa” de tener…. entre cuatro y doce gigawatios en España en 2030. Es decir, ya no se aseguran los doce gigawatios, ni de lejos.
Con todo, Brey insistía en que la volatilidad de precios de combustibles fósiles por los conflictos en curso está haciendo que las renovables sean cada vez más competitivas, y ha descartado que exista un parón, incluso una burbuja, afirmando que lo que se está viendo es un ‘reajuste de proyectos’, una “maduración”, en sus palabras, para añadir que pretender que el hidrógeno verde se desarrolle en sólo cinco años es una quimera. Tiempo al tiempo, pues.
¿Qué es una Autopista de Hidrógeno?
Pero, ¿qué es una Autopista de Hidrógeno como la que atravesará Extremadura? Pues la pregunta es fácil de responder: una Autopista de Hidrógeno (verde, en este caso) es una red de tuberías principales o troncales por donde circula el hidrógeno verde, desde los lugares de producción hasta los de consumo. Por compararlo, sería como un oleoducto, o más bien como un gasoducto, ya que el combustible que circule por esta autopista ya estará listo para usar.
Claro, que la pregunta ahora es qué demonios es el hidrógeno verde (teniendo en cuenta que el hidrógeno es incoloro). En este caso, el color hace referencia al modo en el que se ha obtenido: verde, obtenido sin emisiones de CO2; gris, con gas natural y que libera CO2; azul, similar al gris, pero con sistemas de captura de CO2….
El hidrógeno, elemento simple y muy abundante en el universo, no está en nuestro planeta de manera libre, sino combinado con otros elementos, como el oxígeno para formar las moléculas de agua, o el carbono para formar hidrocarburos.
Y ahí está la madre del cordero, para obtenerlo hay que romper los enlaces moleculares, y esto se puede hacer mediante electrolisis, utilizando electricidad. Para que el hidrógeno sea denominado ‘verde’, este proceso de ruptura de enlaces se haría mediante el uso de electricidad de origen renovable, algo que en Extremadura abunda, de ahí su posición ‘central’ en este desarrollo. (cuadro 4)

Pero este proceso, hoy por hoy, es caro, y ese es el principal problema: producir un kilo de hidrógeno verde cuesta ahora entre cuatro y ocho euros. Este tema del coste se pretende aquilatar precisamente mediante economías de escala, esto es, con grandes nodos de generación, a la vez que se mejora la eficiencia de las plantas de renovables, sobre todo fotovoltaica.
Además del coste, hay otros condicionantes importantes que cito de manera esquemática, para no entrar en disquisiciones muy técnicas y farragosas:
- Transporte y almacenamiento: es un gas muy ligero, que escapa si se confina con según que materiales, de donde puede escapar. Además, para que el transporte sea eficiente debe comprimirse a presiones de hasta 100 bares (la presión atmosférica normal equivale prácticamente a un bar) y eso añade un coste muy elevado y el diseño de infraestructuras muy robustas. La alternativa es licuarlo, enfriándolo a -253º, también muy caro.
- Sólo el 30% de la actual red de oleoductos permitiría transportar hidrógeno, debido a lo dicho antes de las condiciones de estanqueidad que necesita un gas tan ligero. Esto se solucionaría con las fuertes inversiones de fondos europeos.
- Problemas de seguridad: el hidrógeno libre es muy inflamable (de ahí su gran rendimiento como combustible), mucho más que el gas natural y arde con llama invisible, complicando la detección de fugas.
- Hoy por hoy, no hay demanda consolidada en la industria: la pescadilla que se muerde la cola: si no hay infraestructura de producción, no hay demanda, pero si no hay demanda se retraen las inversiones en su desarrollo. Es lo que quieren solventar los PCI de la Unión Europea.
Frente a estos inconvenientes, muchos de ellos de carácter técnico y en los que se está en vías de solución, al menos así se dice desde el sector, que confía en solventarlos en cuatro o cinco años, el hidrógeno verde tiene indudables ventajas, de ahí el interés en su desarrollo:
- Descarbonización profunda: ni en la fase de producción ni en la de utilización el hidrogeno verde produce contaminación.
- Puede aplicarse a sectores donde la electricidad (renovable o no) presenta fuertes limitaciones, por ejemplo, como combustible en transporte (avión, tren, carretera…)
- Asegura un suministro energético continuo, a salvo tanto de los vaivenes de precio de los combustibles fósiles como de los límites de las renovables actuales (sin sol, no hay fotovoltaica; sin viento, no hay eólica) El hidrógeno verde puede almacenarse y servirse a demanda.
- Convertiría a España en productor y suministrador de energía para todo el continente, con una fuente limpia e inagotable.

Sectores como la industria pesada, que usa carbón o derivados del petróleo para su producción, se beneficiaría enormemente de este nuevo combustible, así como el transporte, responsable de buena parte de las emisiones de CO2 por la dificultad para sustituir queroseno o fuel, podrían ir al mínimo de contaminación, o borrarla de plano.
Además, en los hogares y suministro urbano, mezclado con gas natural, sería idóneo para ahorrar emisiones en calefacción y refrigeración.
¿Y por qué es importante para Extremadura?
Como se ha señalado antes, Extremadura está en mitad del eje troncal Gijón-Huelva, con una derivación en Almendralejo hasta Puertollano.

Es decir, de los 875 kilómetros de este ramal, por Extremadura transcurrían más de 400 kilómetros. En términos de inversión, hablamos de una inyección en la construcción del hidroducto de más de 900 millones de euros (inversión pública, que se triplica con la inversión privada). En cuanto a empleo, la construcción de esta infraestructura generaría en nuestra región alrededor de 6.000 empleos.
Cierto que en la fase de operación los empleos directos disminuirían de manera radical, pero también que los que se creen serán de alta especialización. Además, este tipo de infraestructuras tienen otras ventajas.
Por una parte, Extremadura no sería únicamente ‘tierra de paso’ de una tubería, sino que contaría con dos nodos fundamentales, con estaciones de compresión asociadas, en Mérida y Almendralejo.
Por otra, este tipo de instalaciones demandan gran cantidad de empleo auxiliar en distintas labores de asistencia y mantenimiento, algo que harían empresas radicadas aquí.
Finalmente, contar con un ‘punto de enganche’ de 400 kilómetros para el hidrógeno verde haría que Extremadura fuese centro de distribución, con el atractivo que eso supone para la instalación de industrias con uso intensivo de energía.
Los cálculos más conservadores indican que en la Comunidad Extremeña podría producirse alrededor del 20% de todo el hidrógeno verde de España, gracias a la abundancia de energía de carácter renovable.
De hecho, ENAGÁS califica a Extremadura como “territorio ideal para impulsar la cadena de valor del hidrógeno renovable” y asegura que 2,4 gigawatios del total de 12 gigawatios planificados para toda España, se desarrollarán en Extremadura. Por ello, esta empresa pública suscribió un convenio con la Junta de Extremadura hace ahora tres años, como continuación a la Mesa del Hidrógeno constituida en 2021.
Desde ENAGÁS, además se citan ya proyectos concretos en Extremadura, impulsados por firmas como DH2 (cuatro plantas, para 1,5 gigawatios y 2.250 millones de inversión), Ansasol (500 megavatios de hidrógeno verde) Deutz Spain (planta piloto de hidrógeno verde), AEMH2 (proyecto de Ductolux-CIIAE para mejorar la eficiencia de la electrolisis) o Zijing Internacional Energy (una planta fotovoltaica y otra de hidrógeno, así como 20 estaciones de servicio móviles para suministrar hidrógeno a los tractores agrícolas de toda la región).
En total, la empresa pública estima en 10.000 millones la inversión a medio y largo plazo y la generación de no menos de 2.500 empleos especializados directos.
‘Pegas’ al desarrollo del hidrógeno
No podemos terminar este artículo sin citar otra de las ‘pegas’ que desde ciertos sectores se han puesto al desarrollo del hidrógeno verde. Se trata del consumo de agua. Así, se afirma que para producir un kilo de hidrógeno verde se necesitan entre 40 y 50 litros de agua.
Es decir, los 2,4 gigawatios previstos para Extremadura supondrían un consumo diario de 40.000 metros cúbicos diarios de agua. Si lo llevamos a un año, serían 14,6 millones de metros cúbicos. O, dicho de otra forma, 14,6 hectómetros cúbicos. Por comparar, la capacidad de los pantanos extremeños es de 14.000 hectómetros cúbicos.
Pero hay más, porque realmente la producción de hidrógeno verde no ‘consume’ toda esa agua, apenas usa una quinta parte para ‘sacar’ el hidrógeno, quedando el resto como fracción de rechazo y disponibles de nuevo para otros usos. Es decir, el consumo real sería de 2,9 hectómetros cúbicos por año.
Territorio estratégico
En resumen, si los planes europeos y españoles se van cumpliendo, aunque sea con retraso, Extremadura va camino de convertirse como territorio estratégico en la generación y distribución de una energía con un enorme futuro, que permitirá atraer inversiones industriales y romper con la debilidad del sector secundario en la región.
Cierto es que los planes europeos sufren tropiezos a la hora de pasar del papel a la ejecución-inversión, pero parece que, en este caso, y tras los problemas habidos por el contexto geopolítico, especialmente en Ucrania e Irán, en Bruselas se han puesto las pilas y hay voluntad de avanzar.
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