El viento que impulsa el futuro de Extremadura: Así es el complejo renovable que transforma Plasencia

Los parques eólicos Merengue y Merengue II, junto a la planta fotovoltaica Puerta del Jerte, han convertido al norte de la región en uno de los referentes de la transición energética

27 de junio de 2026 a las 11:22h
El parque eólico Merengue II y Puerta del Jerte en Plasencia. / LP
El parque eólico Merengue II y Puerta del Jerte en Plasencia. / LP

La transición energética tiene un problema reputacional: lleva tanto tiempo siendo "el futuro" que uno empieza a sospechar que ese futuro es ese lugar al que nunca se llega. En Extremadura, sin embargo, conviene actualizar el discurso. En el término municipal de Plasencia, los gigantes que giran en el horizonte no son una promesa de campaña ni una diapositiva: son acero, palas y kilovatios que ya se vierten a la red. Los parques eólicos Merengue y Merengue II, junto a la planta fotovoltaica Puerta del Jerte, permiten comprobar de cerca cómo las renovables están reescribiendo el mapa económico del norte extremeño.

Una apuesta de 100 millones a las afueras de Plasencia

Naturgy ha destinado alrededor de 100 millones de euros al complejo placentino, situado en el entorno de la ciudad. Una cifra que convierte a este conjunto de instalaciones en una de las inversiones energéticas más relevantes del norte extremeño de los últimos años y, sobre todo, en una declaración de intenciones sobre dónde la compañía cree que está el recurso.

Y el recurso está. Extremadura reúne una combinación que en el resto de España se busca con lupa: una de las radiaciones solares más altas del país, suelo disponible, viento aprovechable y amplias zonas rurales donde un proyecto de estas dimensiones puede integrarse sin asfixiar a nadie. Merengue II suma once aerogeneradores y 50 MW de potencia; Puerta del Jerte, otros 30 MW de energía fotovoltaica. Juntas producen electricidad limpia para decenas de miles de hogares y han convertido a Plasencia en el único municipio de la comunidad con generación eólica propia. Un mérito que la Asociación Empresarial Eólica reconoció con el Premio Eolo 2023 por la integración rural de esta tecnología.

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Naturgy ha implantado radares y cámaras inteligentes capaces de detectar la presencia de aves. / LP

Molinillos de la infancia, cerebros del siglo XXI

Desde la carretera es inevitable la regresión sentimental: esos aerogeneradores recuerdan a los molinillos de papel de la infancia, solo que crecidos y convertidos en generadores de riqueza. La estampa engaña. Bajo esa silueta aparentemente bucólica se esconde una sofisticación tecnológica que no se aprecia a simple vista.

Cada máquina incorpora sistemas de monitorización que vigilan permanentemente su rendimiento, anticipan averías y optimizan la producción minuto a minuto. Pero el detalle más elegante es ambiental. Naturgy ha implantado radares y cámaras inteligentes capaces de detectar la presencia de aves y ordenar la parada automática del aerogenerador cuando existe riesgo de colisión. Dicho de otro modo, el molino sabe frenar cuando un buitre pasa por su salón.

A ello se suman actuaciones en distintos tramos del río Jerte para proteger al cernícalo primilla, la eliminación de especies invasoras, la instalación de cajas nido y hasta el marcaje de buitres negros con radioemisores para estudiar sus rutas. Convivencia, que dicen, entre la pala y la pluma.

La inversión que se queda en casa

Más allá del cuidado paisajístico y ambiental, estas instalaciones tienen una traducción económica concreta y, lo que es más importante, local.

Los ayuntamientos ingresan recursos a través de las licencias de obra, del Impuesto sobre Actividades Económicas y del IBI durante toda la vida útil de los proyectos, estimada en unos treinta años. No se trata de una aportación simbólica, sino de una fuente estable de ingresos municipales durante tres décadas.

El empleo constituye el otro gran capítulo. Merengue II y Puerta del Jerte generaron conjuntamente más de 860 puestos de trabajo directos e indirectos, con el lógico pico durante la fase de construcción, además de impulsar la contratación de proveedores de la zona.

Aquí aparece un nombre que merece foco propio: Faramax, fabricante de transformadores asentado en Malpartida de Plasencia. La empresa presentó en noviembre de 2025 una ampliación de 37 millones de euros, facturó 88 millones en 2024 y emplea ya a unas 600 personas, con la vista puesta en superar los 100 millones de facturación. Que una compañía capaz de fabricar el corazón del sistema eléctrico —transformadores y reactores de potencia— exporte desde una comarca rural cacereña dice mucho más sobre el potencial industrial extremeño que cualquier folleto institucional.

Mantenimiento, logística, vigilancia, ingeniería o trabajos auxiliares forman parte de una cadena de valor que multiplica el efecto del desembolso inicial. Y ahí reside la apuesta de fondo: convertir la energía barata y limpia en un imán para atraer industria. Hidrógeno renovable, centros de datos o economía verde. Hoy, la electricidad competitiva es probablemente el argumento comercial más persuasivo para atraer empresas a un territorio.

Del complejo placentino a la mayor planta de la compañía

Plasencia es solo la punta visible. Naturgy suma en Extremadura otras cuatro plantas fotovoltaicas en la provincia de Badajoz —Miraflores, El Encinar I, Los Naipes y Los Naipes II— y, a finales de 2026, conectará la mayor planta solar de toda su cartera: Campo de Arañuelo, entre Aldeacentenera y Torrecilla de la Tiesa.

La instalación contará con 300 MW de potencia pico, una inversión superior a 150 millones de euros y una producción anual estimada de 515 GWh, equivalente al consumo eléctrico de más de 157.000 viviendas, sobre una superficie cercana a las 290 hectáreas.

Con la entrada en funcionamiento de Campo de Arañuelo, Naturgy duplicará su capacidad instalada en Extremadura, pasando de los 300 MWp actuales a 600 MWp, suficientes para abastecer el consumo de unas 200.000 viviendas. Dicho de otro modo, el equivalente a todos los hogares de ciudades como Alicante, Palma de Mallorca o Las Palmas de Gran Canaria.

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Detección aves.
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Detección aves.

El tren que no podemos volver a perder

Queda el matiz incómodo, y conviene decirlo sin anestesia. Toda esta capacidad de generación no servirá de nada si no existe una red capaz de evacuar la energía producida. Si Extremadura genera electricidad y no puede transportarla, habremos construido un motor magnífico sin transmisión.

Y el riesgo no es teórico. Detrás esperan inversiones vinculadas a los centros de datos, al hidrógeno renovable y a una industria que, por una vez, puede jugar a favor de Extremadura precisamente por disponer de energía abundante, competitiva y limpia.

La región ya sabe lo que significa ver pasar trenes. Perdimos el del ferrocarril. Perdimos también el segundo foco de riqueza que pudo haberse desarrollado alrededor de Valdecaballeros, mientras que el entorno de Almaraz sí logró consolidar durante décadas un importante polo económico gracias a su central nuclear, cuya continuidad, dicho sea de paso, conviene afrontar con inteligencia para evitar nuevos retrocesos.

No estamos para renunciar, con todas las garantías ambientales y de seguridad, a un desarrollo energético que puede convertirse en la locomotora de la industrialización que Extremadura necesita desde hace décadas.

La región tiene los recursos. Tiene el sol, el viento, el suelo y, sobre todo, las primeras pruebas tangibles de que el modelo funciona. Falta lo de siempre: que las infraestructuras acompañen y que, esta vez, Extremadura no vuelva a quedarse viendo pasar el tren desde el andén.

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Antonio Mayorgas
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