Incremento de costes laborales, materias primas al alza, malas infraestructuras de comunicación, intervencionismo estatal, escasa productividad, falta de mano de obra, un panorama geopolítico internacional, europeo, nacional y autonómico marcado por la incertidumbre, la parálisis y el conflicto, un marco regulatorio diseñado para cercenar la inversión y la competitividad, burocracia, trabas…. Y resulta que el empresariado extremeño es el segundo más optimista de España (con seis de cada diez empresarios que creen que todo va a mejorar), sólo por detrás del canario.
Así al menos se deduce del estudio realizado por la firma Iberinform Crédito y Caución, soportada por 400.000 entrevista en toda España a equipos gestores de empresa.
Según el último estudio realizado, el 45% de los empresarios españoles tiene una visión positiva de las perspectivas a medio plazo, frente a un 51% que ve un panorama estable y un 4,4% que piensa que todo irá a peor.
En el caso extremeño, la percepción positiva se sitúa en el 60%, 15 puntos más que la media; la estable en el 35% y la negativa en el 5,1%. Con un matiz más: la visión positiva extremeña ha subido tres puntos en el último año.
Por sectores, hostelería, servicios a empresas, construcción, comunicaciones y rama sanitaria son las que aglutinan expectativas más positivas, todas por encima del 50% de valoraciones favorables. No deja de ser sorprendente, toda vez que sectores como la hostelería, la construcción o la atención sociosanitaria tienen un enorme problema de falta de mano de obra.
Pero, yendo al meollo, ¿cómo es posible que el empresariado extremeño tenga una visión tan optimista del futuro, con la que está cayendo?
Javier Peinado, secretario general de la Confederación Regional Empresarial Extremeña (CREEX), organización que representa a todo el empresariado autonómico, se muestra cauto de inicio: “habría que saber cuántas entrevistas se hicieron aquí, y cómo”.
Pero añade que, si se da por válida la conclusión final del estudio, puede haber varios factores que ayuden a entender este aparente choque entre percepción empresarial y ecosistema económico.
“Posiblemente el optimismo general, no sólo extremeño, se deba a que los empresarios, después de tantas crisis seguidas, estamos ya vacunados, curados de espanto”, apunta, y agrega: “por eso quizá hemos adoptado la postura esta de que ‘de todo se sale’ o el viejo dicho de que ‘lo que no te mata, te hace más fuerte”.
También pesa, explica, la confianza en que con la inercia que lleva el crecimiento económico puede haber desaceleración en este crecimiento, pero nadie piensa en decrecimiento o recesión.

En el caso extremeño, el dirigente empresarial lo explica con un símil deportivo: “en una carrera ciclista lanzada, si vas en la cola del pelotón, como le ocurre a Extremadura, es muy difícil que puedas remontar”, señala, y agrega: “en cambio, si se produce un parón, los que vamos atrás podemos acercarnos con mayor facilidad a la cabeza”.
Esto sería lo ocurrido tras los duros años de la crisis que arrancó en 2008, el posterior impacto de la pandemia, la guerra en Ucrania, la guerra en Irán… “no es que nos hayan venido bien, eso está claro, pero cuando todo se para, al arrancar puedes situarte en mejor posición, y eso es lo que hemos estado intentando desde la actividad empresarial en Extremadura, arrancar con fuerza y en cuanto era posible para ir recortando distancias”.
Sea como fuere, a todo lo dicho se suma el ADN propio del empresariado que, por naturaleza y obligación, tiene que ser optimista incluso en el peor escenario, puesto que si no creyese que la situación puede mejorar, bajaría la persiana al día siguiente.
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