La futura fábrica de diamantes sintéticos de Diamond Foundry Europe en Trujillo ha modificado su diseño para emplear un sistema de refrigeración que reducirá el consumo de agua, aunque elevará considerablemente la electricidad necesaria para el funcionamiento de la planta.
El proyecto pasará de consumir 539,6 millones a 730,6 millones de kilovatios hora al año, un incremento cercano al 35%. Al mismo tiempo, las necesidades de agua descenderán desde los 714.262 hasta los 687.092 metros cúbicos anuales, lo que supone un ahorro estimado de 27.170 metros cúbicos.
La Dirección General de Gestión Sostenible y Política Forestal ha determinado que estos cambios no necesitan someterse a una nueva evaluación de impacto ambiental porque, según la resolución publicada en el Diario Oficial de Extremadura, no producirán efectos adversos significativos.
La decisión se limita al procedimiento ambiental y no sustituye las demás autorizaciones sectoriales, urbanísticas o municipales necesarias para ejecutar el proyecto.
Un edificio de tres plantas para dos fases
Uno de los principales cambios consiste en la unificación de los edificios inicialmente proyectados para las fases segunda y tercera. Ambos serán sustituidos por una construcción de tres plantas que albergará los equipos previstos para esas dos etapas.
La superficie construida del conjunto aumentará desde los 20.278,63 metros cuadrados autorizados hasta los 48.861,22 metros cuadrados. También se incorporarán un edificio para instalaciones eléctricas y una marquesina destinada a los nuevos equipos de refrigeración.
La empresa sostiene que esta reorganización no supone una ampliación de la capacidad productiva. No aumentarán el número de equipos, las líneas de fabricación, el consumo de materias primas ni la cantidad de diamantes terminados.
La planta estará dedicada a la fabricación de diamantes sintéticos mediante deposición química de vapor, una técnica que permite producirlos en reactores a partir de gases y altas temperaturas.
Menos agua a cambio de más electricidad
El aumento del consumo energético se debe principalmente a la sustitución de las torres de refrigeración previstas para las fases segunda y tercera por dieciocho enfriadoras de agua de circuito cerrado, conocidas como chillers.
La fábrica mantendrá 27 torres de refrigeración para su primera fase, mientras que las siguientes utilizarán el nuevo sistema. El circuito cerrado reduce la pérdida de agua por evaporación, pero requiere un mayor consumo eléctrico para enfriar las instalaciones.
El gasto anual de agua destinada directamente al proceso productivo bajará de 683.312 a 656.142 metros cúbicos. Permanecerán sin cambios los 10.950 metros cúbicos previstos para servicios sanitarios y los 20.000 reservados a tareas de limpieza.
La modificación también obligará a adaptar la red de saneamiento, aunque la eliminación de parte de las torres permitirá reducir los caudales de vertido. Asimismo, cambiarán la ubicación de algunos focos de emisión y las fuentes de ruido, sin que la evaluación ambiental prevea un aumento significativo de las emisiones.
La fábrica cuenta con declaración de impacto ambiental desde febrero de 2023. El proyecto ya experimentó modificaciones en octubre de ese mismo año y en julio de 2025. La resolución conocida ahora corresponde al tercer cambio evaluado por la Administración autonómica.
La Junta mantiene las condiciones ambientales impuestas anteriormente y concluye que la nueva configuración no afecta a espacios protegidos, hábitats de interés comunitario ni áreas conocidas de reproducción de especies amenazadas. Quedan por concretarse, sin embargo, el calendario definitivo de las obras, la ejecución de las distintas fases y la fecha prevista para el comienzo de la producción.
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