Bajas laborales: ¿cuál es la realidad del absentismo en España?

Las palabras sobre el absentismo de Alberto Núñez Feijoo fueron aprovechadas para acusarle de querer ‘recortar’ prestaciones a los trabajadores. Como es norma, la polarización sustituyó al debate sereno y, lo más grave, a la búsqueda de soluciones

18 de julio de 2026 a las 10:08h
El absentismo le cuesta a España 128.669 millones de euros al año, el 8,1% del PIB. / LP
El absentismo le cuesta a España 128.669 millones de euros al año, el 8,1% del PIB. / LP

Empezaremos por lo más sencillo: qué dijo exactamente Núñez Feijoo. Textualmente, y tras calificar el absentismo como “un cáncer que no podemos pagar”, añadió “si en los convenios de empresa se pacta que una persona que no va a trabajar cobre lo mismo que cuando va a trabajar, pues ¿qué quieren que les diga?”. Punto final. 

Es decir, puso en cuestión que la empresa complemente el salario del trabajador que está de baja, hasta cubrir el 100%, algo recogido en muchos convenios tanto sectoriales como de empresa. Y precisamente desde CEOE, con apoyo de CREEX, ya se ha recomendado, vista la dimensión que ha cobrado el absentismo, que en futuros convenios no se incluya esta cláusula de complementariedad salarial. Igualmente, que sea la Seguridad Social la que afronte también los primeros 15 días de baja, descargando a la empresa de ese coste. 

Segunda cuestión: ¿qué es el absentismo? En su dimensión más amplia, sería cualquier ausencia del trabajador a su puesto de trabajo. Esto incluye tanto las IT (Incapacidades Temporales) bien sea por contingencia común (enfermedad no profesional o accidente fuera del trabajo) o bien por contingencia profesional (enfermedad o accidente relacionado con el ámbito laboral), como los permisos y vacaciones y, por supuesto, los ‘escaqueos’ y simulaciones de baja, es decir, no ir a trabajar porque no te da la gana. 

Aquí nos centraremos en la primera y tercera causa, es decir, no ir por alguna afección de salud o porque, simplemente, no tienes ganas de ir. Alguna cifra para empezar: cada día, 1,6 millones de personas no acuden a su empleo en nuestro país. De ellos, 1,2 millones están de baja médica. ¿El resto?, usted mismo. 

Vamos a tratar de desgranar qué hay detrás de este fenómeno: cómo ha evolucionado, quién paga, cuánto nos cuesta a todos y qué soluciones se propone para, al menos, paliarlo. 

Quién paga y cuánto se cobra durante la baja  

Cuando un asalariado enferma por una causa ajena al trabajo o sufre un accidente fuera de su ámbito laboral (contingencia común), los tres primeros días no cobra nada, salvo que su convenio diga lo contrario. Del cuarto al decimoquinto día paga la empresa, con el 60% de la base reguladora. A partir del día 16 el pago pasa a la Seguridad Social, que mantiene ese 60% hasta el día 20 y lo sube al 75% desde el 21. 

Si la baja es por contingencia profesional, es la mutua la que paga. El primer día el trabajador cobra su salario íntegro, y, a partir de ahí, el 75% de la base reguladora. 

Hay un matiz importante: la mitad de los convenios sectoriales, y dos de cada tres de empresa, incluyen una mejora voluntaria que completa el sueldo hasta el 100% durante toda la baja. Ese extra lo paga la empresa. 

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Además, durante toda la baja la empresa está obligada a seguir pagando la cuota a la Seguridad Social del trabajador ausente. 

Una cuestión tangencial: los autónomos tienen cuatro veces menos bajas, pero cuando tienen una baja dura, de media, más del doble (aunque esta parte se ha equilibrado bastante en los últimos años, al crecer la duración de la baja media de los asalariados). Esto se interpreta como que los autónomos, como si paran su actividad no facturan, se resisten mucho a coger bajas, y cuando lo hacen es porque el proceso de enfermedad o accidente es realmente grave. 

Un coste que roza el 8% del PIB 

¿Cuánto cuesta todo esto? Depende de si contamos solo los costes directos o sumamos también los indirectos. 

Los directos se reparten entre empresas y Seguridad Social. El gasto público en incapacidad temporal por contingencias comunes fue de 15.008 millones de euros en 2024, según la ejecución presupuestaria del Sistema de la Seguridad Social.  

Las empresas, por su parte, pagan los salarios entre el cuarto y el decimoquinto día y cotizaciones y mejoras de convenio durante toda la baja: 13.961 millones más, según la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT). Total: 28.969 millones de euros, el 1,82% del PIB, de acuerdo con el informe "Regulación laboral y mercado de trabajo: el impacto del absentismo", del think tank Foro Regulación Inteligente (FRI). 

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Pero hay más. La parte indirecta es la que dispara la cifra. Se divide en coste de oportunidad (lo que la empresa no puede producir porque le falta algún trabajador), que suma 71.533 millones, un 4,5% del PIB, y el coste de sustitución (contratar a alguien para suplir la baja y asumir su formación hasta que pueda producir normalmente), que serían otros 28.167 millones, un 1,8% del PIB. 

Sumando ambas partidas, el absentismo le cuesta a España 128.669 millones de euros al año. El 8,1% del PIB. Una cifra comparable al gasto conjunto en sanidad y educación de todas las comunidades autónomas juntas. En Extremadura, solo el coste directo ronda los 545 millones, el 2,05% del PIB regional y 517 euros por habitante, según el mismo estudio. 

Cuántas bajas hay y cuánto han crecido 

Las bajas por contingencia común (las que gestiona la Seguridad Social) casi se han duplicado en siete años: de 4,67 a 8,59 millones al año. Las que sí están ligadas al puesto, por accidente laboral o enfermedad profesional (las que gestionan las mutuas), apenas se mueven: rondan las 700.000 anuales desde hace tiempo. El aumento, está claro, no viene de la fábrica ni de la oficina. 

Como se ha indicado, en jornadas perdidas, la Encuesta de Población Activa habla de 1,6 millones de personas que faltan cada día, 1,2 millones de ellas por baja médica. Unas tres semanas de ausencia al año, de media, por trabajador. 

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Y las bajas también duran más: 112 días de media, un mes más que hace unos años. Hay un dato que sorprende especialmente: el 7% de los trabajadores concentra la mitad de todas las bajas. Son los "repetidores", los que se ausentan con frecuencia, casi siempre en procesos cortos (el 65% dura menos de 15 días). 

¿Y cuánto hay de fraude? 

Aquí conviene ir con pies de plomo: no hay una cifra oficial y consolidada de cuántas bajas son simuladas. Lo que sí existen son estudios sueltos que apuntan a que el fraude, sea del tamaño que sea, existe. 

El Instituto de Salud Carlos III revisó en 2014 un total de 112 expedientes con sospecha de fraude por contingencias comunes; la Inspección de Trabajo confirmó el fraude en el 44% de ellos. 

En 2022, la Cátedra de Medicina Evaluadora Pericial de la Universidad Católica de Murcia detectó que, entre las bajas de menos de un año revisadas por el INSS, el alta se dio por falta de justificación en el 15% de los casos (y hasta el 24% en algunos escenarios). La Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha fue más allá en 2025: calculó, sin publicar la metodología, que una de cada cinco bajas podría ser fraudulenta. Son fotos sueltas, no un retrato nacional. 

Al mismo tiempo, hay determinados factores que invitan a la sospecha de que existe el fraude, aunque sea difícil de tasar. Por un lado, como se ha dicho, el 7% de los trabajadores concentra la mitad de las bajas (y normalmente de corta duración, sin pasar por tribunal), y por otra, las ausencias de un día sin motivo oficial justificado se concentran los lunes y viernes. 

¿Y quién no ha oído nunca decir a un trabajador “me voy a dar de baja”, bien sea porque no le gusta el departamento al que ha sido adscrito o bien porque no se lleva bien con su superior? 

Propuestas empresariales 

Ante la dimensión del problema, el empresariado extremeño no se anda con rodeos. "El absentismo es una lacra para el crecimiento económico, que lastra la productividad y la competitividad empresarial", resume Javier Peinado, secretario general de la Confederación Regional Empresarial Extremeña (CREEX). 

Señala varios frentes: abusos en los permisos pactados, "microfaltas" continuadas (lunes y viernes, sobre todo) que son casi imposibles de sancionar por el procedimiento burocrático que acarrean, y, por encima de todo, las incapacidades temporales. "Hay muchas bajas totalmente justificadas y nadie pretende que un trabajador enfermo vaya a trabajar, pero hay personas que continuamente están cogiendo bajas de corta duración, y otras que tienen bajas más largas, pero, milagrosamente, cuando pasan por el tribunal médico, se curan", explica. Es lo que Peinado denomina ‘ausentismo’. 

¿La propuesta de CREEX? Que las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social (entidades sin ánimo de lucro que financian las propias empresas, pero que tienen control y supervisión de la Seguridad Social) asuman también la gestión de las contingencias comunes, no solo de las profesionales. Así se agilizarían las altas, se reduciría el fraude y bajaría la presión sobre un sistema sanitario público que, recuerda Peinado, "cuando la baja es por contingencias comunes, retrasa el diagnóstico y el tratamiento, y por tanto la curación" del propio trabajador. 

Por la parte sindical, aunque se está de acuerdo en que el colapso del Sistema Sanitario público supone retrasos en los diagnósticos y, por ende, demoras en la curación, no se comparte el criterio de pasar el testigo a las mutuas (donde los procesos de baja por la misma patología duran tres veces menos que en el sistema público). En cambio, proponen que se dote de más recursos a la Sanidad Pública para disminuir las listas de espera generales y, por tanto, que las contingencias comunes se traten con mayor agilidad. 

El caso es que el problema está ahí, y no sólo lo dicen los empresarios: la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha alertado del descontrol de las bajas y ha pedido al Instituto Nacional de la Seguridad Social que refuerce las inspecciones. 

El organismo apunta a dos decisiones normativas concretas: la restauración en 2018 del complemento del 100% del salario para empleados públicos de baja, que disparó un 40% la probabilidad de iniciar una incapacidad temporal, y la reforma laboral de 2021, que al reducir la temporalidad incrementó en torno a un 30% esa misma probabilidad. 

Mientras, el Foro Regulación Inteligente propone algo más amplio: reforzar la prevención y la salud laboral, mejorar la atención médica para acortar las listas de espera, incentivar la reincorporación temprana y repartir mejor la corresponsabilidad entre empresas y trabajadores. 

En lo que sí coinciden todas las fuentes es en que esto no va a parar solo. El absentismo es ya un problema estructural, no una anomalía pasajera, y cada punto que sube significa más presión sobre un sistema sanitario que ya va sobrado de listas de espera. La pregunta que queda en el aire es si el diálogo social podrá desarrollarse en términos constructivos antes de la factura se dispare aún más, y el sistema (financiado por todos nosotros con nuestros impuestos) termine en colapso. 

El Síndrome del Impostor 

Concluyamos, siquiera brevemente, con la ‘Cara B’ de esta cuestión: el ‘contra-absentismo’. Ya sé que no existe como tal este concepto, pero sirve para hacer referencia al fenómeno opuesto al absentismo, es decir, aquellas personas que, pese a estar enfermas o aquejadas de algún impedimento por haber sufrido un accidente (un esguince, un golpe, una luxación no grave…) o por desgaste laboral (dolores posturales, por ejemplo) se resisten a ir al médico para que les dé de baja, y siguen acudiendo a su empleo. 

Sería el caso del autónomo antes citado, pero trasladado a los trabajadores. Tampoco este fenómeno es positivo (obviamente no lo es para el trabajador, pero tampoco para la empresa), y para explicarlo daremos sólo un par de ejemplos. 

Un trabajador aquejado de dolores de espalda, bien sea por problemas posturales en caso de trabajo sedentario, bien por desgaste en caso de trabajos físicos. Esta persona vería mermado su rendimiento notablemente, al arrastrar un dolor que le limita. Además, seguir en el tajo a buen seguro agravará la lesión, y lo que antes podría ser una baja breve o media, se convierte en un problema de larga duración o, tal vez, irreversible. 

Un trabajador que desarrolla su labor en una oficina o entorno similar, y contrae la gripe. Como no está ‘tan mal como para no ir’, se toma un paracetamol y acude a su puesto. Al problema de menor rendimiento y mayor tiempo de enfermedad se suma otro: puede contagiar el resto, y en pocos días, en vez de una persona de baja lo estará la mitad de la plantilla. 

Desde la parte sindical se atribuye este hecho a que el trabajador teme ser despedido si el médico le da la baja, y posiblemente haya algo de eso. Pero también hay una gran parte de responsabilidad mal entendida, de no querer cargar al resto de compañeros con el ‘marrón’ de tener que realizar su labor. 

En todo caso, es un ‘Síndrome del Impostor’ curioso, porque precisamente afecta a quien no es un impostor. 

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Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

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