La uva para cava se hunde en Tierra de Barros: de 70 céntimos a 25 en dos años

Los viticultores cobran menos de la mitad de los 56 céntimos por kilo que el sector calcula como coste de producción. «En 26 años que llevo en esto no he visto un año peor», lamenta Santiago Prieto, de la Comunidad de Labradores de Almendralejo

26 de octubre de 2026 a las 14:48h
Los viticultores cobran menos de la mitad de los 56 céntimos por kilo que el sector calcula como coste de producción. / LP
Los viticultores cobran menos de la mitad de los 56 céntimos por kilo que el sector calcula como coste de producción. / LP

La cuenta no sale. Por cada kilo de uva para cava que un viticultor vende a 25 céntimos, producirlo le cuesta, según la referencia que maneja el sector, unos 56. Entre una cifra y otra se abre un agujero de 31 céntimos. No es un desajuste menor ni una mala liquidación puntual: es una brecha que amenaza con convertir la vendimia en una actividad a pérdidas.

En Tierra de Barros, el precio de la uva para cava ha ido perdiendo altura campaña tras campaña. Santiago Prieto, de la Comunidad de Labradores y Ganaderos de Almendralejo (CLYGAL), reconstruye la caída con tres cifras: 70 céntimos por kilo en 2024, 40 en 2025 y 25 en la última campaña. En apenas dos años, el precio se ha desplomado un 64%.

«Al final nadie ha pagado más de 25 céntimos», afirma. Y lo dice con la perspectiva de quien lleva décadas siguiendo el pulso del campo: «En 26 años que llevo en esto no he visto un año peor».

El golpe no se mide solo en céntimos. También se mide en la distancia creciente entre lo que cuesta sacar adelante una cosecha y lo que recibe después el agricultor. Con un precio de 25 céntimos, la uva apenas cubre el 45% del coste de referencia que maneja el sector. El resto queda en el aire, convertido en pérdidas para unas explotaciones que deben afrontar el gasto de cultivar, mantener la viña y recoger el fruto.

«Estamos perdiendo mucho dinero», resume Prieto. La frase tiene la desnudez de las cuentas: no hay margen para absorber la diferencia ni una ganancia que compense el esfuerzo. Hay costes que pagar y un precio que no llega.

Una salida que se estrecha

Durante años, el sector podía afrontar los malos precios tratando de producir más barato. Ese margen, sin embargo, se ha estrechado con el encarecimiento de los costes. «Han subido tanto los costes que ya no tenemos esta opción. Nos cuesta mucho producir», explica Prieto.

La viña tampoco ofrece una salida sencilla. No es un cultivo que pueda cambiarse de un año para otro como quien sustituye una pieza. Es una inversión a largo plazo, ligada a una tierra y a unas plantaciones cuya reconversión exige tiempo y dinero. Arrancar o sustituir viñedos no resuelve de inmediato el problema de una campaña y puede abrir otro más difícil: cómo recuperar la inversión y qué producir después.

La caída de los precios, además, no ha llegado sin avisos. Durante el verano, las organizaciones agrarias rechazaron las ofertas de compra que se barajaban en la zona y reclamaron remuneraciones capaces de cubrir los costes. En octubre, CLYGAL volvió a pedir ayudas directas al Gobierno y denunció el desplome de las cotizaciones de la uva para cava.

Los compradores, según Prieto, justifican la bajada por la reducción del consumo de cava. Los viticultores no creen que esa explicación baste para entender el tamaño del recorte. El responsable agrario apunta también a la capacidad de almacenamiento de las grandes compañías y a sus estrategias comerciales. Incluso sospecha que parte del mercado puede estar desplazándose hacia otros vinos espumosos más baratos de producir. Son factores que señala el sector, aunque su peso en la caída de los precios no está demostrado.

La incertidumbre añade otra preocupación a la lista: los conflictos geopolíticos y las tensiones arancelarias. El vino, como otros productos agroalimentarios, puede quedar atrapado en disputas comerciales que se deciden lejos de los viñedos, pero terminan repercutiendo en quienes cultivan la uva.

Producir no puede ser perder

Ante ese escenario, Prieto defiende reforzar la marca España en los mercados internacionales y mejorar la capacidad de vender el cava a un precio que permita remunerar mejor a los productores. La salida, sostiene, pasa por dar valor al producto y evitar que la presión comercial termine descargándose sobre el eslabón más débil de la cadena.

El problema de fondo permanece: el viticultor afronta unos costes que no controla por completo, pero depende de un precio de compra que puede quedarse muy por debajo de ellos. Si producir cuesta 56 céntimos y vender reporta 25, cada kilo cosechado agranda la distancia en lugar de reducirla.

La viña permanece en la tierra; las cuentas, campaña tras campaña, también. Y mientras los costes no bajen ni los precios remonten, la explotación seguirá atrapada entre dos obligaciones incompatibles: mantener el cultivo y evitar que cada cosecha aumente las pérdidas.

La pregunta ya no es solo cuánto vale la uva para cava en Tierra de Barros. Es cuánto tiempo puede resistir el viticultor vendiendo por 25 céntimos lo que, según sus cálculos, cuesta más del doble producir.

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Sobre el autor

Antonio Gilgado

Periodista

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