El agua ha dibujado durante décadas el mapa agrícola de Extremadura. Embalses, canales, acequias y tuberías llevan el regadío hasta miles de hectáreas. Pero una parte de esa red comienza a acusar el paso del tiempo. Hay infraestructuras que tienen entre 30 y 40 años. El reto ya no es solo llevar el agua hasta el campo. Es llevarla mejor.
La Junta de Extremadura calcula que poner al día las 300.000 hectáreas de regadío de la región exigirá entre 2.500 y 3.000 millones de euros durante los próximos diez o quince años. Es una estimación de las necesidades de inversión, no una cantidad ya comprometida. El nuevo plan estratégico de modernización todavía tiene que concretar actuaciones, calendario y financiación.
La cifra, sin embargo, permite medir la dimensión del desafío. No se trata de una obra. Ni siquiera de varias. Es una transformación que tendrá que prolongarse durante más de una década.
El regadío representa, según los datos manejados por la Administración regional, el 6,4% del PIB extremeño y unos 15.000 empleos. Si se suma la industria agroalimentaria vinculada a esta actividad, el peso económico alcanza alrededor del 15% de la riqueza regional y supera los 20.000 empleos.
Detrás de esas cifras hay una realidad mucho más cotidiana: agricultores que necesitan redes más eficientes, menos pérdidas de agua y sistemas que permitan saber cuándo y cuánto regar.
El canal que se renueva
El Canal de Orellana es uno de los ejemplos más recientes. Las obras de modernización han supuesto una inversión de 25,6 millones de euros y afectan a 53.764 hectáreas y 6.139 profesionales agrarios de 17 municipios.
Las actuaciones buscan mejorar la distribución del agua e incorporar sistemas de telemetría, telegestión y telecontrol. La tecnología entra así en unas infraestructuras construidas para otro tiempo.
El objetivo es sencillo de explicar: utilizar mejor cada gota.
Algo parecido ocurre en Valdecañas. La modernización ha supuesto más de 9,4 millones de euros y beneficia a 4.016 hectáreas y 564 agricultores. Entre las actuaciones se incluyen instalaciones fotovoltaicas destinadas a alimentar los equipos de bombeo.
Orellana y Valdecañas dejan una primera fotografía del proceso. Hay regadíos que no necesitan empezar de cero. Necesitan renovarse.
Del canal al teléfono móvil
El Canal del Zújar representa otra cara de esta modernización. Allí el salto es tecnológico.
Las obras de modernización del sistema de telecontrol han supuesto 9,27 millones de euros y afectan a 20.695 hectáreas y 7.240 regantes. Se han renovado sistemas de comunicación, sustituido miles de válvulas y mejorado el control de los hidrantes.

El regadío se acerca así al teléfono móvil. El agricultor puede controlar parte de la infraestructura a distancia. Detrás de ese gesto aparentemente sencillo hay una cuestión de fondo: eficiencia.
Porque el agua cuesta. También cuesta la energía necesaria para moverla.
La modernización busca reducir ambos gastos y adaptar unas redes diseñadas hace décadas a una agricultura que necesita producir más con menos recursos.
Y al otro lado del mapa, Tierra de Barros
Mientras las redes existentes se modernizan, Extremadura mantiene la mirada puesta en un proyecto de otra dimensión: Tierra de Barros.
La Junta prevé iniciar las primeras actuaciones a comienzos de 2027 y ha contemplado una dotación inicial de 20 millones de euros. El proyecto pretende transformar en regadío una amplia superficie agrícola de esta comarca.
Pero aquí el calendario camina acompañado de una incógnita: la financiación del conjunto de la actuación.
Los 20 millones previstos para esta primera fase no representan el coste total del proyecto. Suponen el dinero con el que se pretende poner en marcha una actuación que necesita todavía completar distintos trámites y concretar su desarrollo.
Tierra de Barros es, por eso, una pieza diferente del puzle. Orellana, Valdecañas y Zújar hablan de modernizar lo que ya existe. Tierra de Barros mira hacia la ampliación de la superficie regable.
Una década para cambiar el campo
El nuevo plan de modernización coloca todas estas actuaciones bajo una misma pregunta: qué regadío quiere tener Extremadura dentro de diez o quince años.
La respuesta pasa por renovar tuberías, automatizar redes, mejorar el consumo energético y aprovechar mejor el agua. Pero también por decidir dónde merece la pena invertir y cómo se financia una transformación que la propia Junta cifra en hasta 3.000 millones de euros.
El desafío es enorme. También lo es el territorio que hay detrás de esa cifra.
Extremadura tiene alrededor de 300.000 hectáreas de regadío. Muchas llevan décadas produciendo. Ahora necesitan una nueva puesta a punto.
El campo extremeño no parte de cero. Los canales siguen llevando agua, los agricultores siguen trabajando y las cosechas siguen creciendo allí donde las condiciones lo permiten. Pero el tiempo también riega las infraestructuras. Y las deja atrás.
La próxima década será, en buena medida, la de decidir cuánto se invierte para que ese agua siga llegando al campo, pero llegue con menos pérdidas, menos consumo energético y más tecnología.
Los primeros canales ya han comenzado a cambiar. La cuenta, sin embargo, acaba de empezar.
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