No han tenido nada a favor los tomateros esta campaña. Partieron en enero desde el alambre y han acabado perdiendo dinero. Cerraron unos precios muy ajustados con la industriaantes de plantar (107 euros la tonelada). A flote solo estarían, previeron entonces, si cortaban producciones voluminosas. Sus cálculos eran llegar a 95.000 o 100.000 kilos de tomate por hectárea de media.
Pero ese registro solo se alcanza con una climatología favorable a salvo de plagas y con químicos y el gasoil al mismo precio enenero que en junio. Todo se complicó al inicio del verano. El intenso calor limitó la polinización de la planta, se reprodujeron los ácaros que mataron las matas y no pasaron de los 83.000 kilos en el mejor de los casos. Y, por si fuera poco, fitosanitarios y combustible se encarecieron un 50%.
Por eso habla Juan Francisco Blanco, portavoz de todas las cooperativas de tomate de la región, de campaña pésima y de un desánimo generalizado entre los cooperativistas. Muchos no volverán a sembrar. Tienen varios frentes abiertos y muchas incógnitas. Primero su puja con la industria. Denuncian los productores que llevan dos campañas sin poder negociar con ellos. Cuando se sientan a principio de año no hay alternativa a los 107 euros.
Nada que ver, lamenta, con lo que ocurre en otras comunidades autónomas. En Navarra, por ejemplo, se mueven entre los 125 o 130 euros. En ese umbral quieren trabajar también en Extremadura. “Pero no hay manera de que acepten un acuerdo. Siempre son imposiciones”, lamenta. Quizás, explica, porque en Navarra tienen más alternativas. Pueden poner alcachofa o espárrago, por eso la industria se garantiza que sus agricultores cercanos tengan unos precios sin pérdidas.
Buscar alternativas
Desde la asociación de cooperativas adelantan que pedirán a los agricultores que busquen alternativas para otras campañas. “Quizás haya que apostar por el pistacho o por el olivar intensivo, pero no podemos estar otro año más perdiendo tanto dinero”. Recordó Blanco el componente social en algunos pueblos de regadío de la vega del Guadiana. “En muchos casos es la principal actividad, por eso hay que trasladar esta situación que atravesamos”.
La legislación ambiental es otro frente lleno de incógnitas. Con el calor y el pedrisco se multiplican los riesgos de plagas y ácaros en las parcelas durante el ciclo vegetal. El uso de los fitosanitarios más eficaces están prohibidos por la Unión Europea y solo de forma excepcional los ministerios de cada país pueden autorizar por unos días y en zonas muy concretas el uso para proteger cosechas. Eso se ha hecho, por ejemplo, en Grecia, Portugal o Italia. En España, en cambio, la insistencia de los tomateros no doblegó al Ministerio.
Mantuvo su negativa y critica Juan Francisco Blanco que les dejó sin herramientas para protegerse. “Evidentemente, ningún agricultor quiere aplicarlo porque son caros, pero, a veces, hay que hacerlo para combatir los ácaros, no queda más remedio”. Los tomateros creen que podrían haber llegado a más kilos por hectáreas este año si hubieran tenido más cobertura plaguicida a mano.
El seguro tampoco auxilia. Pedirán que se incluya también el calor persistente como siniestro, no solo la lluvia como hasta ahora. Piden desde las cooperativas una reunión con la administración para que la Junta conozca de cerca sus problemas, van a elaborar estudios detallados para que el Ministerio acceda a autorizar alternativas más eficaces y van a presionar para que la industria contemple precios razonables. “Sabemos que esto genera mucho negocio en otros sectores auxiliares como el transporte o los fitosanitarios, pero con esta situación estamos abocados al cierre”.
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